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Experiencias

El cuerpo es el nuevo fetichismoCulto al cuerpo: o cómo sobrevivir al mito de la eterna juventud

El cuerpo se ha convertido en objeto de deseo, un objeto sagrado al que se le colma de atenciones y se le dan todos los caprichos.

Vivimos una sociedad donde el cuerpo ha pasado a ser el nuevo dios a venerar. Belleza, salud, paz interior, deporte… muchas de nuestras actividades diarias e incluso nuestras preocupaciones tienen que ver con el bienestar corporal. En esta nueva actitud individualista, cualquier esfuerzo es poco para conseguir el objetivo: más disfrute y eterna juventud. Sobre estos y otros conceptos hemos hablado con un sociólogo, una psicóloga y un psicoanalista. También sobre el complicado papel de la vejez en una sociedad que busca insistentemente el mito de la eterna juventud.

El cuerpo se ha convertido en objeto de deseo, un objeto sagrado al que se le colma de atenciones y se le dan todos los caprichos. Es como si se hubiese abandonado el monoteísmo y estuviéramos recuperando lo valores de la Antigüedad griega o romana. “Este culto acompaña la descristianización de nuestro mundo: el cristianismo ha considerado siempre al cuerpo como ‘lugar del mal, del pecado’ y le ha convertido en objeto de sanciones y mortificaciones. Era necesario despreciarlo o ignorarlo para conseguir una vida auténticamente piadosa” comenta el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipoversky, teórico de lo que se ha dado en llamar ‘la segunda revolución individualista’.

Actualmente, la sociedad ha dado la espalda a ese modelo ascético de negación del cuerpo, y quiere rehabilitar el disfrute terrenal, dignificando y reivindicando sus placeres. Y si antes era algo de lo que había que avergonzarse, hoy todo (medicina, publicidad, productos  de consumo, medios de comunicación…) nos invita a amarlo y a disfrutarlo. “No es que estemos recuperando un mundo de religiones paganas; lo que estamos viviendo es un nuevo universo de individualización y de tecnicizacion infinitos” concluye el filósofo francés.

Corta aquí, estira allá

Esta nueva corriente lleva asociada una nueva actitud: la del ‘miedo a envejecer’. La vejez como algo de lo que huir, algo rechazable y, en ocasiones, hasta de mal gusto. Este nuevo narcisismo social, cuyos cantos de sirena alaban la belleza efímera, obliga a pasar por las clínicas de cirugía a estética, a veces de manera ansiosa, a millones de mujeres y hombres de todo el mundo.
“La mayoría de los pacientes que demandan cirugía estética, -comenta el Dr. de la Fuente, jefe de la unidad de cirugía plástica del hospital Ruber Internacional de Madrid-, suelen tener unas expectativas realistas y no desean más allá, afortunadamente, de lo que se puede conseguir actualmente, lo cual es bastante en muchos casos. En cualquier caso, si las expectativas no son realistas es mejor que los pacientes no se sometan a estas intervenciones”.

En su clínica, entre las técnicas de rejuvenecimiento, las más solicitadas son la blefaroplastia, el lifting frontal, que se asocia a rejuvenecer el entorno de ‘la mirada”; también el lifting facial y cervical para corregir la flaccidez de estas zonas y restablecer el óvalo facial. Asociadas a estas técnicas o independientemente, el lipofilling, término usado para denominar al hecho de rellenar con grasa aquellas zonas faciales en las que se ha perdido volumen como consecuencia del envejecimiento.

A la cuestión de la hasta dónde debe intervenir la cirugía para mantener la naturalidad en un rostro, el doctor de la Fuente es claro: “En un rostro maduro hay signos que no tienen por qué desmerecer el atractivo de una persona, por ejemplo determinadas arrugas de expresión, unos surcos no muy marcados… Sin embargo, unas bolsas muy marcadas en el entorno de los ojos, un cuello con excesiva flaccidez, una expresión de tristeza por unas cejas muy caídas, etc, pueden contrastar con un aspecto de jovialidad y mentalidad del paciente”.

Maduross discriminados

Esta nueva manera de comportamiento social donde el cuerpo es el nuevo tirano, trae consigo un miedo angustioso a envejecer, motivado fundamentalmente por la discriminación que sufren las personas mayores y que parten de los estamentos políticos y comerciales, porque si unos los ven como seres improductivos y que producen un gran gasto social, los otros no apuntan menos alto y los desprecian porque yo no sirven como consumidores. “Se trata de una discriminación como la que puede hacerse a personas de otra raza o de otra cultura, o personas con un nivel social más bajo. Se genera una sociedad egoísta, individualista y egocéntrica, con unos valores que miran más por la forma que por el fondo”, comenta Raquel López-Vergara, psicóloga, directora de Grupo Crece. “Los valores de nuestra cultura cada vez más global, – continúa López-Vergara-, son la belleza, la juventud, la competitividad valorada en términos de cantidad y de rapidez, con lo que las personas mayores han pasado a un segundo plano”. Y en ese ‘vales por lo que consumes, por lo que produces y por la imagen que tienes’, no pueden competir las personas mayores que no consumen más, no ya por tener un menor nivel adquisitivo, sino porque gastar si no es necesario o despilfarrar no forma parte de sus valores. Ante este triste panorama la directora de Grupo Crece insiste en la educación como única salida. “La educación es muy importante para difundir valores pro-sociales entre los más jóvenes en torno a un consumo sostenible y racional, la aceptación y valoración de la propia imagen, el valor del esfuerzo y la perseverancia, el desarrollo del sentido crítico para no dejarse manipular por los que promueven esa sobre-valoración de la juventud y del cuerpo”.

Envejece tú, que yo estoy viviendo

“Los mayores llevan consumiendo años y si ellos fueron capaces de pensar en ese capital simbólico producido les reportará una vejez digna” comenta el psiquiatra Carlos Fernández del Ganso, que ofrece una visión diferente de ese rechazo social a las persona mayores. Para él, todo depende de la percepción que tengamos de nosotros mismos. “Si espero a que ‘otros’ vengan a solventar la madurez me estoy equivocando. El mercado del consumo y de la producción debe pensar en la vejez como futuros clientes porque el sexo no cae y sus bocas desean manjares, su piel desea caricias…”, comenta el psicoanalista. “No hay que tener miedo a envejecer, hay que producir la salud y la cultura de cada edad. Ningún Estado, Universidad, Ayuntamiento, Institución se ocupa de eso. Cada sujeto debe construirse las relaciones sociales que le permitan crecer entre humanos”.
Para terminar, el psiquiatra apunta una receta como actitud ante la vida madura: “Hablar, leer y escribir nos permiten un amor social. Trabajar con otros, entre otros o leer poesía, que anticipa las realidades más civilizadas, nos puede servir de guía. Hacer el amor con palabras, incluirse en proyectos sociales, psicoanalizar los sentimientos hostiles frente a nuestra propia vejez, analizar los prejuicios colabora en gozar cada edad. Y para concluir unos versos del poeta Miguel Óscar Menassa que dicen:

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Qué leer:
– “La era del vacío”,  de Gilles Lipovetsky
Editorial Anagrama.

– “Después de Ganímedes”, de Juan Carlos Uriszar
Egales Editorial.

– “El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde
Editorial Errepar

Contactos:
Dr Antonio de la Fuente-

Jefe de la unidad de cirugía plástica del hospital Ruber Internacional.
Calle Pinar 15, 1º
28006. Madrid
Tel.: 91 563 84 64
delafuente@cirugia-plastica.net

Raquel López-Vergara.
Psicóloga Directora de Grupo Crece

Bravo Murillo 60 1º Izquierda 28003 Madrid

rlopezvergara@grupocrece.es

Tels: 91 128 84 60 / 695263894

– Carlos Fernández del Ganso
Médico Psicoanalista. Director de Clínica
Tel. 676 24 28 44
carlos@carlosfernandezdelganso.com

www.carlosfernandezdelganso.com

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