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“Todo lo que de vos quisiera es tan poco en el fondo porque en el fondo es todo.”. Julio Cortázar

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Experiencias

Combate la hiperactividad o los trastornos de déficit de atención, mejora la concentración, la depresión y los dolores de cabezaAbrazar árboles mejora la salud

El contacto con la Naturaleza mejora ansiedad, hiperactividad, fatiga y estrés, asma y otras enfermedades respiratorias.

¿Has oído hablar del “Trastorno por Déficit de Naturaleza”?  El TDN es un síndrome que engloba síntomas tan habituales hoy en día en nuestras ciudades como ansiedad, hiperactividad, fatiga y estrés, asma y otras enfermedades respiratorias, o falta de vitamina D, cuya deficiencia puede causar raquitismo o retraso en el crecimiento, deformación ósea, dolor de huesos y debilidad muscular.

Los orígenes del término TDN los encontramos en el libro “El último niño de los bosques”, del periodista y escritor Richard Louv, publicado en 2005, que en principio iba a ser un simple manual sobre la naturaleza, pero que se ha sido el origen de todo un movimiento seguido por padres y educadores que buscan restablecer el vínculo entre niños y naturaleza, porque si el presente de los niños de nuestras ciudades consiste en pasar ocho horas sentados en un aula, jugar media hora en el asfalto del patio del colegio, acudir a otro edificio para sus actividades extraescolares y dedicar su tiempo de ocio a conectarse a una tablet, jugando sentados solos en su habitación, junto al wifi y a un enchufe para no quedarse sin batería, ¿como será su futuro, y su salud?

Pero el TDN no afecta sólo a los niños.  Los países nórdicos recomiendan a sus pensionistas desde hace años que pasen varios períodos al año en entornos naturales para contrarrestar los efectos del TDN.  En España aún no es considerado como trastorno médico y no hay estudios que indiquen cuántos urbanitas sufren este déficit, pero seguro que todos hemos notado la nostalgia del mar o de la montaña, o la necesidad de más calor y más horas de luz solar, ahora, cuando en el hemisferio norte es invierno y los días son más cortos; y sufrimos de ansiedad al desear lo que extrañamos y no logramos tener.  El cuerpo y la mente nos piden más naturaleza, más descanso, más calor, más sol, más vitamina D. Quizá sea el momento de advertir que la colestiramina de los medicamentos contra el colesterol, inhibe la absorción de esta vitamina.

¿Y qué podemos hacer para combatir este trastorno? Bastaría con apagar el móvil y todos nuestros aparatos electrónicos, y simplemente salir a pasear –o a hacer deporte- durante 30 minutos diarios, como mínimo, por un bosque, o en su defecto, por un parque.  Apagando el móvil y paseando por el parque estaríamos apagando también una parte de nuestro cerebro, el lóbulo frontal, que es algo así como el director ejecutivo que se ocupa de funciones ejecutivas como elegir, planificar y tomar decisiones, y de los procesos cognitivos complejos. El mejor antídoto para este trastorno y para eliminar así ansiedades y al mismo tiempo escapar de la contaminación, del ruido y de las prisas, es conectar con la naturaleza, dejar a un lado las preocupaciones, abrir los cinco sentidos, percibir, disfrutar, contactar y conectar con la tierra, las plantas y los animales, y mirar al cielo y respirar hondo.  No olvidemos que la naturaleza es una fuerza terapéutica que nos ayuda a recuperarnos del cansancio y del estrés, y a recobrar el equilibrio psíquico, mental y emocional.   Si no tienes cerca un bosque, acude al parque de tu ciudad, y dedica el fin de semana a descubrir una ruta de senderismo por tu provincia o por otra.  Y aprovecha para abrazar árboles y beneficiarte de la terapia del bosque.

Abrazar, o simplemente mantenerte cerca de un árbol, es un hábito terapéutico que altera nuestra frecuencia vibratoria, combate nuestra hiperactividad o trastornos de déficit de atención, mejora la concentración, la depresión  y los dolores de cabeza.  Busca un gran roble, o un pino, o acércate al árbol de debajo de tu casa.  Te ayudará a tener un sueño reparador y a alcanzar tu paz interior.

Caminar dos horas por el bosque una vez a la semana, como mínimo, simplemente paseando y respirando conscientemente es una terapia conocida como “Forrest Therapy” -terapia del bosque-, o shinrin-yoku, instaurada por la Agencia Forestal de Japón en 1982, para la población urbana sometida a altos niveles de competencia  y estrés, aunque en las tradiciones sintoístas y budistas lo practican desde hace siglos, comunicándose con la naturaleza con los cinco sentidos.  Está comprobado que disminuye el cortisol, aumenta nuestros glóbulos blancos que nos ayudan a luchar contra infecciones y cáncer, y relaja y calma la actividad del lóbulo prefrontal del que hemos hablado antes, desplazándose esa actividad a otras partes del cerebro relacionadas con la emoción, el placer y la empatía.
La próxima vez que vayas a un bosque, practica esta preventiva terapia, pausada y relajadamente, con los cinco sentidos puestos en el bosque, observando colores y formas de las copas de los árboles, escuchando el rumor del viento en las hojas o el canto de un pájaro, aspirando el aroma del pino o del ciprés, palpando la suavidad y textura de un tronco o deslizando la mano por el musgo sobre una roca, y saboreando para terminar una deliciosa infusión de plantas o frutas del bosque.  Conecta con la naturaleza con los cinco sentidos.  Y no te preocupes por efectos secundarios ni  posibles sobredosis: no existe ningún trastorno por exceso de naturaleza.

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* Mónica Domingo es diplomada en Naturopatía,
Nutrición y Dietética, y Terapias Manuales.
Más información en: Arriluze Terapias Naturales
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