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Experiencias

Un détox de 2, 3 ó 5 días sirve si después de ese semi-ayuno desintoxicante cambiamos nuestros hábitos diarios de alimentación ¿Cómo saber si necesitas una dieta detox?

Estos breves periodos détox sólo son realmente útiles si nos ayudan a cambiar hábitos de vida y a ser más conscientes de lo que comemos.

Todos los médicos y nutricionistas, -tanto los detractores como los defensores de estos breves periodos de desintoxicación, coinciden en tres cosas: una, no vale con un “finde détox”; dos, siempre con asesoramiento profesional; y tres, la regla número uno, tras el détox,  no volver a intoxicar, o al menos, tratar de no volver a hacerlo más de lo estrictamente necesario. Un détox de 2, 3 ó 5 días sirve si después de ese semi-ayuno desintoxicante, cambiamos nuestros hábitos diarios de alimentación  y de ejercicio, y  si seguimos revitalizando el organismo a base de una alimentación limpia y lo más libre de toxinas posible.

Antes de nada nos deberíamos preguntar “¿cómo saber si necesito un détox, o cómo saber si estoy intoxicado”?  Si nuestra alimentación es sana y libre de toxinas, si no fumamos ni bebemos alcohol, si nuestras relaciones son perfectas, si hacemos ejercicio regularmente, si vivimos completamente felices y en estado zen, seguramente no nos hará ninguna falta.  Pero, ¿quién vive así?  Lo más habitual en nuestra sociedad actual es que suframos de estrés y de ciertos síntomas que pueden estar indicándonos que estamos intoxicados.  Si nos sentimos cansados sin razón aparente, irritables, nerviosos y con cambios de humor, si lloramos sin motivo, si notamos cierta pérdida de memoria temporal, dificultad para concentrarnos, migrañas, insomnio, problemas cutáneos, desórdenes en el apetito, ansiedad por determinados alimentos, o si, por ejemplo, cada mañana necesitamos café para sentirnos personas.  En este último caso, podríamos intentar desintoxicarnos del café, o también podemos ser conscientes de que necesitamos esa dosis de café y seguir tomándola.

La siguiente pregunta es “¿queremos desintoxicarnos?” Y, ¿de qué? ¿De adicciones como el café, tabaco, alcohol y otras drogas o medicamentos; sedentarismo, ansiedad por la comida, pensamientos negativos, relaciones conflictivas, problemas emocionales, dependencia y enganches a dispositivos electrónicos, de telecomunicación o redes sociales?  Los pensamientos negativos también intoxican; puede que incluso más que el aire o los alimentos.  Y no hablaremos de personas tóxicas, pero “haberlas, haylas”.

Conviene saber qué órgano u órganos limpian el cuerpo, y en concreto esas adicciones que hemos nombrado.  El sistema linfático recoge todas las sustancias de desecho; la piel elimina toxinas a través del sudor y es el órgano que tiene que ver con nuestras relaciones –de pareja, de familia, de trabajo o de amistad-; los pulmones exhalan residuos, gases e incluso tensiones emocionales y tristezas; los riñones, relacionados con el miedo, filtran toxinas y las eliminan por la orina; y el hígado, encargado de más de 500 funciones, es el órgano principal en la tarea de limpieza del organismo: limpia la sangre, elimina el colesterol y los triglicéridos y neutraliza toxinas.  También es el encargado de canalizar la ira y la rabia, pero si hablamos de adicciones emocionales o mentales, el détox se complica aún más y suele ser necesaria una terapia más prolongada y profunda que un simple détox de 2 días a base de zumos y batidos.  Cada órgano necesita un tiempo concreto para desintoxicarse, y depende del grado de intoxicación de cada persona.  Sería necesario un tratamiento personalizado y un seguimiento por parte de un profesional, para poner al organismo en las condiciones adecuadas para que se desintoxique, y dándole el tiempo necesario para ello.

Los objetivos de un breve descanso alimenticio, que nos proporcione un tiempo para limpiarnos por dentro, varían según cada persona. Hay quien lo hace para adelgazar, para perder líquidos y reducir inflamación abdominal e intestinal, para eliminar toxinas y aumentar antioxidantes, para sentirse más ágil y ligero, para mejorar las vías de desintoxicación, para alcalinizar y rejuvenecer el organismo evitando la acidificación, o  para recuperar fuerza digestiva, mental y física.

Para todo ello bastaría una dieta a base de zumos, licuados y batidos e infusiones, en los que no puede faltar limón, apio, pepino, clorofila, semillas de lino, cúrcuma y té verde –entre otros muchos alimentos-, durante un par de  días, seguida de una semana durante la que iremos introduciendo ensaladas, verduras y crucíferas como el brócoli, para después continuar con una alimentación lo más alcalina posible.

En estos días de “détox”, además de la dieta, es fundamental combinar descanso con algún tipo de actividad física no intensa, como paseos, senderismo, natación o yoga que incluya “pranayamas” –ejercicios de respiración-, relajación y meditación.  Tanto el descanso como estas actividades físicas nos permitirán un tiempo de silencio interior y de reflexión y auto-conocimiento. También son muy recomendables las saunas y los baños turcos,  y los masajes de drenaje linfático.

Pero quizá lo más importante del détox sea la alimentación “post-détox”que seguimos al terminar ese periodo de desintoxicación. Las comidas tras el détox deben ser hidratantes y ligeras.  Nuestro tracto digestivo ha estado descansando, y no conviene hacer un cambio brusco, sino ir adaptando nuestro aparato digestivo con batidos, sopas, cremas y ensaladas, y lentamente añadir más proteínas y grasas.  Será importante que tras el détox, continuemos con una alimentación sana y variada, rica en frutas y verduras de temporada, de materias primas ecológicas, integrales y de calidad, aumentando el consumo de alimentos crudos, evitando ollas exprés y hornos microondas, y evitando el consumo excesivo de proteína animal.

En definitiva, estos breves periodos détox sólo son realmente útiles si nos ayudan a cambiar hábitos de vida, a bajar el ritmo frenético de nuestro día a día, a ser más consciente de lo que comemos y por qué lo comemos, de lo que nutre y de lo que no nutre, a prestar más atención a todos los posibles tóxicos que entran en nuestro cuerpo y en nuestra mente; en definitiva, a ser más conscientes –y responsables- de nuestra propia vida y de nuestra propia salud.
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* Mónica Domingo es diplomada en Naturopatía,
Nutrición y Dietética, y Terapias Manuales.
Más información en: Arriluze Terapias Naturales
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