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25 Aniversario de L’Eau d’IsseyE Issey Miyake creó L’Eau

Hace 25 años el diseñador Issey Miyake revolucionó el mundo de la perfumería al conseguir ponerle olor al agua.

En 1992, Issey Miyake creó una sorpresa. En un mercado dominado por la opulencia y el lujo ostentoso, el diseñador imaginó la fragancia de la pureza: el aroma del agua en la piel de la mujer. Así nació L’Eau.

Para la creación de su primer perfume, el diseñador quería transformar el agua en una fragancia… Para unir estos dos universos, se deben amar las paradojas, tener el alma de un artista y la visión futurista de un diseñador.

L’Eau d’Issey muestra una arquitectura refinada, un estilo de escritura simple e innovador, con materiales nobles y sutiles facetas que evocan el espíritu de las telas de Issey.

Nace de una delicada escritura que describe la naturaleza en una sola palabra. Como una gota que se centra en el encuentro del agua con los elementos. Lo que puede obtener de la lluvia, del mar, del rocío, los lagos y manantiales.

Compuesta por el perfumista Jacques Cavallier, la fragancia nos cuenta una historia sobre la frescura, tanto acuática como vegetal, gracias al loto, con su humedad y aroma delicado, combinado con la fresia. Después desvela su corazón floral, lleno de peonia y lirio blanco. Para despertar la curiosidad, añade un toque de clavel picante. Finalmente, lleva a un camino suave y misterioso, infundido con madera y Osmanthus.

El agua es un elemento esencial para Issey Miyake, por lo que eligió llamar a su fragancia L’Eau d’Issey. Una palabra vital, cuyo significado es simbólico y que desborda energía. Una palabra universal, llena de imaginación. De ella fluyen la felicidad, la inocencia, la pureza, la frescura y la vitalidad.

Dando forma al agua

Una tarde en Paris, Issey Miyake vio la luna brillante sobre la Torre Eiffel. Con esta imagen, nació la idea de una perla cristalina sobre un frasco de vidrio. La leyenda es verdadera, incluso si alberga la poesía de las historias que uno puede disfrutar cuando ha caído la noche.

Para investigar la belleza esencial, Issey Miyake cree que es necesario simplificar. Para L’Eau d’Issey, el diseñador eligió un frasco que trasciende el tiempo y la moda. Nada artificial. Nada ornamental. Nada que engañase.

Para diseñar su frasco, Issey Miyake llamó a dos diseñadores con un talento ecléctico: Alain de Mourgues y Fabien Baron. Ambos crearon la escultura y arquitectura de L’Eau d’Issey: algo redondo, cónico, una silueta esbelta como una línea vertical.

Para evocar la poesía, el movimiento constante del agua que fluye, una cuenta de vidrio que parece estar suspendida, como un equilibrista balanceándose en la cuerda floja que une a la tierra y al cielo.

Esta agua está esculpida por líneas que fluyen, por la sobriedad del vidrio puro y un tono plata satinado. Una armonía simple, formas sutiles… una elección obvia.

La armonía entre la forma y los materiales, entre la elegancia y la poesía. Pureza, simpleza, técnica y casi magia. El refinamiento extremo del nuevo lujo.

“Con cordura y modestia, únicamente hago la mitad del trabajo. La mujer que lleva alguna de mis prendas o mi fragancia, hace la otra mitad del trabajo. Yo la diseñé, pero ella le da vida – una comunión indispensable.”

Issey Miyake

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