El Hedonista El original y único desde 2011

“ Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué.”. Jean Cocteau

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El Hedonista se la juega

Un gato negro en Las Vegas

Nuestro jugador toma tierra en Las Vegas y tras un día normal, las cosas se tuercen.

Nuestro jugador toma tierra en Las Vegas y tras un día normal, las cosas se tuercen. La presencia de su malvada ex flotando en el ambiente precipita el desastre.

(*)RAFAEL DE ROJAS es periodista y escritor. twitter.com/rafaviajar. El autor de las ilustraciones es JAIME COMPAIRÉ, pintor, escritor, compositor y guionista.

Esto no había empezado tan mal, cómo es posible que se haya complicado tanto. Un día que arranca a las 3 de la tarde con un brunch tardío en el hotel Aria, con vistas al marciano skyline de Las Vegas, tiene que ser un buen día a la fuerza. Si hasta la esfinge del Luxor me había guiñado el ojo al pasar. Y sin embargo, aquí estábamos, mi menguada torre de fichas, mi imparable mala fortuna mano tras mano y mi malvada ex mirándome desde la barra. Sentí su presencia mucho antes de verla, un picor, un tic, algo turbio que flotaba en el ambiente y que no terminaba de cuadrar mientras perdía las fichas a chorros. Hice una última apuesta sin convencimiento, me lo jugué todo poco antes de que las siguientes ciegas me arrastraran a las cloacas sin remedio y cuando lo perdí, como era de esperar, decidí acercarme. Qué remedio.

¿Recuerdas la última vez que estuvimos aquí?– le pregunté con un beso que me supo a azufre.

Claro que sí, Álex– me contestó con una sonrisa-, fue en nuestra luna de miel americana. Tan romántica ¿Dónde fue donde no te emborrachaste? ¿En Kansas?

Supuse que me la volvería a encontrar en este mundo en el mismo momento en que el papa Benedicto XVI salió por televisión anunciando que daba por clausurado el infierno. Me desanudé la corbata y me di por vencido allí mismo. Es algo que aprendí de nuestra vida juntos: su victoria es conseguir que te metas en la pelea. Toda ella es un dado trucado y tú vas a perder siempre.

Veo que llevas un anillo nuevo. ¿Quién es esta vez? ¿Un invidente? ¿Alguien que no habla nuestro idioma?

Querido, me mondo contigo. Veo que no has perdido ni ese humor de hiena ni el buen gusto para las corbatas.

Creo recordar que justo ésas fueron las dos cosas que no se llevaron tus abogados.

Qué despiste imperdonable, el lunes los despido.- repuso dedicándome otra sonrisa retorcida-. Toma querido, sécate.- añadió alcanzándome unas servilletas.

¿Secarme? Pero si no estoy moj… -y antes de que termine la frase me lanza su bloddy mary a la cara, se da media vuelta y se aleja taconeando.

“Siempre ha sabido cómo hacer una salida de escenario dramática, eso no se le puede negar”, pienso mientras chorreo.
Salgo a la calle y me parece sentir frescor y aire en la cara, pero sólo es el abrasador sol del desierto en el que se construyó esta bendita ciudad, un bebedero de mulas en un cruce de caminos que medró milagrosamente. No puedo evitar sonreír mientras me desanudo la corbata y meneo la cabeza como un perro colgado de un retrovisor. Nunca volveré a conocer un súcubo tan encantador como ella, no hicieron más. Mejor doy por perdida la tarde de juego. Aunque no seas supersticioso, si se te cruza un gato negro termina maullándote en cada carta.
Me espera una noche que aquí siempre es una incógnita, pero cuya ruta se dibuja en la cabeza: unos tacos coreanos en el Komex, ese agujero mestizo coreano y mexicano y una copa en el bar del Mandarin, donde siempre te puedes consolar en sus ventanales pensando que, qué demonios, la ciudad está de verdad a tus pies. Pero antes pasaré por las galerías del Bellagio a por una corbata nueva. Y luego me esperan las calles llenas de buscavidas, el complemento perfecto a la marea de turistas de pantalón corto y tomavistas. Son unos para los otros. Esta noche no quiero otra cosa que ser espectador, un figurante, otro bulto entre las luces de la ciudad del pecado. Un punto de luz que brilla tanto porque alrededor tiene todo un oscuro desierto con el que contrastar. Justo, justo como ella.

LAS VEGAS POR DENTRO

El hotel Aria Sky Suites es un oasis de sobriedad en el corazón de la excesiva Las Vegas a 380 euros la noche. Diseño en los espacios comunes, con referencias a Warhol. En su casino, alérgico al lujo rancio, es donde Álex tiene una mala noche. Nada que ver con las juguetonas tematizaciones de hoteles como el algo envejecido Luxor, donde duermes en una pirámide y la decoración te remite a lo que pensaría de Egipto un parque temático. Y se duerme por tan solo 40 euros la noche. El restaurante preferido de Álex es el Kormex Fusion Express (633 North, Decatur) un comedor nada lujoso donde se materializa una fusión poco probable entre las comidas mexicana y coreana. El guacamole coreano con salsa caliente o los tacos bulgogi son la prueba de que posible. El Mandarin Bar está en el piso 23 del Hotel Mandarin, junto al Aria. Es el único gran hotel de Las Vegas sin casino. Eso, unido al grupo de jazz y los cócteles para disfrutar despacio, te saca del barullo de la ciudad. Eso sí, la vista panorámica de 360 grados te recuerda todo el rato que estás en la ciudad de la luz, con permiso de París. La relativamente pequeña galería comercial del hotel Bellagio –a cuyo casino los jugadores llaman “la oficina”- reúne las marcas más exclusivas de alta costura y joyería, de Chanel a Tiffany.

LA FRAGANCIA

Davidoff. The Game. Una fragancia que entra en juego con todas sus armas de seducción, La principal, un acorde único de gin fizz a base de bayas de enebro, que evoluciona a una nota de corazón en la que destaca el lirio y las maderas preciosas, y termina con un fondo de intenso de ébano. Sensual, refinada y vibrante.

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