El Hedonista El original y único desde 2011

“Si te encuentras solo cuando estas solo, estas en mala compañía.”. Jean Paul Sartre

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El Hedonista se la juega

Una noche en Eurovegas

El escenario de un futurible Eurovegas le viene a Alex al pelo. Inventarse o morir.

A nuestro jugador no se le resiste nada. Y si de ganar se trata, el escenario de un futurible Eurovegas le viene al pelo. Inventarse o morir. Y en este caso no hay elección.

(*)RAFAEL DE ROJAS es periodista y escritor. twitter.com/rafaviajar.
El autor de las ilustraciones es JAIME COMPAIRÉ, pintor, escritor, compositor y guionista.

Mi compañero de barra es un payaso. La cara pintada con una gran sonrisa y el traje rojo en forma de corazón, un diseño de la conocida Agatha Ruiz de la Prada.

¿Ustedes pueden beber estando de servicio?

Acabo de dimitir -semivocaliza el comediante con copas y copas de más-. Le estaba haciendo competencia desleal al payaso triste. ¿A usted nunca le ha roto el corazón una funambulista?

Todas las veces.

Recojo mi ginfizz y le deseo una caída mullida mientras vuelvo a la mesa de juego. La partida se había puesto interesante justo cuando se sentó frente a mí aquel príncipe napolitano. Traía muchas más canas en la barba que la última vez y una selección de complementos tan estridente como siempre; no dejaba de acariciar un bastón rematado en una enorme bola de ámbar chiapaneco. Nos recordábamos muy bien. Desde aquella primera noche en Montecarlo no habíamos dejado de cruzarnos. En Singapur estuve sutilmente bravucón durante toda la partida porque sabía que le sacaba de quicio. En un par de horas empezó a despeñarse en errores de novato. Cuando volvimos a encontrarnos en Baden-Baden fingió con astucia que le volvía a afectar mi juego agresivo sólo para hacerme creer que en la mano clave apostaba sin cartas. Me desplumó. Para cuando coincidimos en la misma mesa del Atlantis Paradise de las Bahamas nuestro encono era del tamaño de una Guerra Fría y acabó con el exterminio mutuo que aprovechó un camboyano listillo para hacerse con todas nuestras fichas.

Hacía años que no nos veíamos cuando me lo topé esta mañana en el alienígena jardín botánico de Eurovegas. Ya de noche, nos habíamos buscado por las mesas, compartiendo una única idea, la de una revancha definitiva. Los otros jugadores -la pareja de impasibles turistas americanos, el concienzudo jugador alemán y los dos tahúres centroeuropeos vestidos como diplomáticos- apenas existían para nosotros. Los fuimos desactivando uno por uno. Ahora me tenía contra las cuerdas. Cada vez que yo conseguía buenas cartas él se retiraba o me golpeaba con una jugada mejor, en cada uno de mis faroles entró de lleno. Algo me estaba traicionando, algún pequeño tic. O que se sabía todos mis trucos. No me daba un respiro. Me dedicó una jesuítica sonrisa de pavoneo.

¿Es una bola de cristal?– señalé a la empuñadura de su bastón.

Sólo tenía una oportunidad, una única mano en la que doblarme o perecer. Y tenía que decidir rápido cuál iba a ser. Me llegaron un 6 y un 7 de corazones, una jugada modesta, pero apetecible como una patinadora veraniega. Uno de los espejos planetarios que multiplicaban el salón, el mayor de todos los del casino del M, le sacó un brillo al ámbar de mi oponente. Me lo tomé como una señal, por qué no, y fui con todo. Nos miramos largamente, él buscaba en el fondo de mis ojos, quería leer mi jugada. Los endurecí, bajé mis constantes vitales, dejé de respirar.

Esto no es una biblioteca pública –le señalé con una voz sin modulaciones.

Era la mano definitiva de la partida definitiva y ya no le importó bajar la guardia. Me dedicó su catálogo completo de gestos, arrugó la frente, se mordió el labio, tamborileó sobre las cartas: no tenía una buena jugada, pero pensaba que yo tampoco. Tenía razón. Cuando levantó las cartas, su rey y su dos me llevaban alguna ventaja. Las tres primeras cartas descubiertas en la mesa le daban la razón: una pareja de apestosos monarcas me dejaba casi fuera. Pero yo tampoco estaba tan lejos de un color. La última carta confirmó mi jugada y conseguí doblarme. Pero sobre todo conseguí doblegarle. Esta es siempre es una carrera para corredores de maratón, una expedición polar en la que hay que saber administrar los cadáveres y procurar que no se te congelen las manos. Su voluntad hizo crack y la partida se dio la vuelta y me sacó la lengua. Ahora era yo quien le leía como si me hubiera prestado el manual. En sólo tres encontronazos como tres tiroteos todas sus fichas fueron mías. Recogí mis ganancias y le quise consolar:

¿Sabes lo mejor de todo? Que si hubieras ganado tú quizás éste hubiera sido el final. Pero has perdido, y eres demasiado cabezota para dejarlo así. Sé que volveremos a encontrarnos.

Caro amico, el mundo no tiene suficientes casinos para separarnos –gritó desde la puerta.

UN POSIBLE EUROVEGAS DESDE DENTRO.

La partida transcurre en el año 2026, con los seis casinos de Eurovegas ya en pleno funcionamiento a las afueras de Alcorcón. Se juega en las salas de The M, el rascacielos de 72 pisos que constituirá el emblema del complejo, al estilo del Venetian de Macao o el Marina Bay de Singapur, ambos propiedad de Las Vegas Sands, los promotores del proyecto madrileño. Antes de su desengaño amoroso, el payaso fugado y beodo trabajaba en Circo, el resort tematizado que incluirá un edificio multicolor de 50 plantas a cuyos pies se instalará un circo estable de inmensas carpas. Se ha insinuado que el Circo del Sol podría instalar una sede permanente allí. El ginffiz que Álex se lleva a la mesa es un cóctel en el que se envuelve el hielo picado con ginebra, zumo de limón y sirope. En pocos lugares del mundo lo preparan como en el madrileño Del Diego. El jardín botánico en el que se reencuentran los duelistas será un espacio verde de inspiración asiática cubierto por inmensas lámparas que simulen ser árboles, con la hiedra escalando por su tronco y tiaras de luces haciendo de hojas.

LA FRAGANCIA

Davidoff. The Game. Una fragancia que entra en juego con todas sus armas de seducción, La principal, un acorde único de gin fizz a base de bayas de enebro, que evoluciona a una nota de corazón en la que destaca el lirio y las maderas preciosas, y termina con un fondo de intenso de ébano. Sensual, refinada y vibrante.

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