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En la despensa

Son únicos y cada cosecha es más especial, si cabe.Aceites que merecen la pena

La oferta cada día es, afortunadamente, más amplia y rica. He aquí cinco referencias imprescindibles por su sabor, singularidad, e incluso, por su diseño.

Nos apasiona el buen aceite de oliva. Tanto como el buen vino, el queso y un pan que inspira recuerdos de infancia. Nos alegra, además, que sea un sector empresarial que goza de buena salud. Prueba de ello son estas etiquetas que no deben faltar en una despensa de calidad.

AUBOCASSA es un clásico en nuestras recomendaciones. La noticia de su primera añada, la del 2015/2016, elaborada en su nueva almazara, nos alegra porque aseguran, y lo hemos comprobado, que es el mejor aceite AUBOCASSA que nunca ha existido.

Es así porque la nueva tecnología, implantada en la finca del siglo XII de la localidad mallorquina de Manacor, permite extraer el aceite al mismo tiempo que se recogen las aceitunas.

El aroma es muy intenso, se aprecian las notas cítricas de piel de limón y hoja de limonero; y en nariz recuerda a hierbas verdes finas y a lentisco. La cata aromática devuelve, además, recuerdos a tomate, frutas como la manzana, el kiwi, la pera y el melocotón. No son los únicos, este nuevo y delicioso aceite huele a almendra verde. En boca, es delicado e intenso, dejando una ligera sensación picante. Es equilibrado y sencillamente perfecto.

L’AMO también es fruto del trabajo que se realiza en dicha finca y de la tecnología introducida recientemente. Su carácter singular es indiscutible; procede del ensamblaje de variedades y de la unión de varias fincas del entorno. Busca la complejidad, la intensidad el carácter y la fuerza del campo del Plá Mallorquín. Por todo ello, es un aceite pegado a la tierra que rinde homenaje a la figura de l’amo en la Mallorca rural. Es decir, la persona que no es el propietario, pero se ocupa del cultivo y está estrechamente ligado a la tierra.

Finca La Torre nos enamoró desde el primer momento. Ahora, y por tercer año consecutivo, ha sido reconocido con el Premio Mario Solinas 2016 al mejor AOVE del mundo en la categoría de frutado intenso.

Se trata del galardón más prestigioso del sector que otorga el Consejo Oleícola Internacional y reconoce el esfuerzo de la almazara malagueña por producir aceites de calidad apostando por una producción 100% autónoma, eco-sostenible y biodinámica.

Ofrece una gran complejidad y armonía tanto en nariz como en boca. Su aroma es frutado intenso y recuerda a hierba recién cortada, hoja de olivo y tomatera, mientras que en boca se percibe un ligero amargor a la entrada y un picor progresivo, persistente y equilibrado con toques de almendra verde, manzana y cáscara de plátano.

Abbae de Queiles es, sin duda, otro aceite que merece estar en nuestro ‘fondo de armario’ culinario. Al sur de Navarra se encuentra el pequeño Valle de Queiles, donde ya los romanos cultivaban maravillosos olivares, y donde ahora, muchas generaciones después, Alfredo Barral cultiva sus olivos para producir un aceite virgen extra ecológico de máxima calidad.

Se realiza una cuidada olivicultura, siguiendo un exhaustivo control para obtener un fruto prefecto, con características únicas en olivas arbequinas. Estas características vienen conferidas por sus suelos pedregosos y calizos y una climatología adversa, con temperaturas muy frías en invierno y bastante calurosas en verano.

El resultado es un exclusivo aceite de pago dulce, delicado, muy frutal y aromático, persistente en boca, con notas vegetales que recuerdan a los tomates verdes y a las hierbas frescas, con toques sutiles de almendra amarga que le dan su carácter muy equilibrado, fiel reflejo de la pasión por el olivo.

Por último, una idea para regalar. Porque un aceite de oliva siempre es un buen detalle, no lo dude, pero si se trata de una edición especial, mucho más. Sahita procede del corazón de Extremadura y presenta un estuche con cuatro botellas inspiradas en artistas vinculados a la ciudad de Barcelona y al Mediterráneo. La variedad arbequina es un homenaje a Picasso; la hojiblanca a Gaudí; la picual recuerda a Dalí y la morisca, a Miró.

Del primero al último son aceites que merecen la pena. Compruébelo.

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