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En la despensa

Clunia, un vino a la altura del mito

Bodegas Príncipe de Viana apuesta por los viñedos de Clunia en la provincia Burgos. Un ambicioso proyecto que empieza recoger sus (equilibrados) frutos.

El vino tiene mucho de filosofía. Por eso, para conocer bien nuestras verdaderas posibilidades, para aprender a explotarlas al máximo, en ocasiones conviene ponernos al límite. Eso mismo pensaron desde Bodegas Príncipe de Viana cuando se fijaron, inesperadamente, en unos terrenos al sur de la provincia de Burgos.

Territorio tan hostil como agradecido, tan extremo como virtuoso. Terruño cargado de contrastes, testigo de la historia y fiel reflejo de los cambios e inclemencias que invitan a la lucha de los elementos. Aquí encontraron cobijo y prosperidad los habitantes de la colonia romana Clunia Sulpicio, en honor al emperador Servio Sulpicio Galba. Sus vestigios en forma de ruinas pueden visitarse hoy desde las alturas entre los municipios de Peñalba de Castro y Coruña del Conde (Burgos). Y es precisamente en homenaje a ese legado que importó el trabajo de la vid, por lo que el grupo bodeguero navarro puso en marcha este proyecto en suelo burgalés hace ya algunos años.

Un suelo de una composición orgánica pobre, con una estructura calcárea, arcillosa y arenosa, sólo apta para gladiadores de la viña y optimistas natos. Y es que aquí el año discurre entre las cuchillas afiladas del frío invierno, que confieren extrema y profunda dureza al ‘terroir’, y unos veranos cuyos radicales cambios de temperatura entre el día y la noche obligan a la uva a luchar en busca de la supervivencia. Puede que por eso, su personalidad y tipicidad sean tan especiales.

Clunia es la culminación de una idea con ínfulas de otros tiempos en la que el trabajo de viñedo se realiza a casi 1.000 metros de altitud. Una forma perspicaz de eludir el calentamiento global y conceder así a la uva el billete de acceso a una nueva dimensión. El chileno Pablo Pávez, enólogo de Príncipe de Viana, es el alma de este proyecto. El cariño de su mirada al posar los ojos sobre el horizonte en suelo burgalés le delatan.

El resultado de todo este esfuerzo se proyecta en tres parcelas: El Gerbal, La Encina y El Rincón de Clunia. En la primera, se planta exclusivamente Tempranillo y es la responsable de dar vida al bautizado –sencillamente– Clunia Tempranillo, un vino con 12 de meses de crianza; especial y especiado, cargado de equilibrio y armonía. En la parcela La Encina, la Syrah es la protagonista. El Clunia Syrah es una las debilidades de un humilde servidor por tratarse de un tinto sorprendente, complejo, floral, goloso, glorioso… Redondo.

Pero su verdadera (y última) joya se llama Finca El Rincón de Clunia, con un contenido a la altura del espectacular continente. Fruto de su parcela de Tempranillo homónima, abarca dos hectáreas de vid plantada a 970 metros de altitud, la selección de cada uva ha sido exhaustiva, con 18 meses de crianza. Dominio absoluto de la fruta aderezado por la barrica de roble francés (la duda ofende). Porque en el vino, la madera ha de ser como el engaste que sostiene un diamante. Porque la filosofía tiene mucho de vino. 

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