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En la despensa

La tentación belga

Desde 1886, las galletas Jules Destrooper se hacen con la misma receta y provocan idéntica dulzura. ¿Por qué variar cuando cada bocado sabe a absoluta perfección?

Su sabor es delicado. Su forma, imperfecta. Son dulces en la medida justa; ni mucho ni poco. Desde 1886, Jules Destrooper es uno de los buques insignia en la elaboración de biscuits. Y son belgas, claro.

Como en otras fórmulas que han revolucionado el mundo, solo la comparten los miembros de esta familia que puede presumir de que las suyas son, desde hace más de un siglo, las galletas oficiales de la Casa Real Belga. Nos gusta, ante todo, que presuman de haber superado los cien años, pero no importa que la realeza pierda el sentido con ellas, porque lo bueno, si llega a la mayoría, mucho mejor.

Hay ingredientes exóticos y buscados en el otro lado del mundo. Sí, se trata de esa mezcla de especias dulces conocida únicamente por la familia, que se añade justo antes de hornear las galletas y que es herencia del fundador Jules, que a finales del siglo XIX fue comerciante colonial. Antes, se mezcló la sencillez de la mantequilla cremosa, de la que hace olvidar todas las calorías que supone, sí, así es, pero es tan rica…, con huevos frescos, flor de harina y azúcar. Esto es, sin conservantes ni aditivos o colorantes.

Si todavía no se probaron ni cayó en nuestras manos una de las conocidas cajas blancas y azules de Destrooper, las de mantequilla suponen un gran ‘viaje iniciático’. Después, su recuerdo y el nombre de la firma nos acompañará eternamente. Crujientes, doradas y redondas pero sutilmente imperfectas. Son tan buenas que sumergirlas en leche fría se antoja un pecado. O no… Solas –una detrás de otra- o con un buen helado.

Las de almendras secadas al sol resultan más finas y las de azúcar candi recubiertas de chocolate negro, con leche y blanco, son definitivamente un pecado. Porque abrir la caja y comer tan sólo una es una cuestión de imposibilidad. Y así desde 1886. Por favor, que la próxima generación Destrooper no olvide ni varíe un ápice la receta.

En tiendas gourmet. Precio de venta recomendado: 2,90 euros

Una respuesta a La tentación belga

  1. marina dijo:

    yo tambien las e probado y simplemente deliciosas yo tambien las recomiendo

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