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Restaurantes

Atrio

Soñaron con un restaurante que acaparara la atención de los gourmands. Luego, imaginaron un hotel. Hoy, José Polo y Toño Pérez regentan un singular oasis en el centro de Cáceres. Atrio lo tiene todo.

Existen hoteles que son destino gastronómico. Y cuando se reserva en ellos, uno no sabe qué influyó más: si el diseño y apariencia confortable de las habitaciones y espacios comunes o la posibilidad de tomar un almuerzo, compartir una cena y desayunar como nunca. No importa la razón que sea, pero concédase el lujo de descubrir Atrio.

Es el sueño que José Polo y Toño Pérez acariciaron durante largo tiempo. Hubo momentos en los que, dada la controversia creada en torno al proyecto, creyeron que lo más oportuno era tirar la toalla; el desánimo daba paso a la certeza de que su ciudad, Cáceres, merecía un establecimiento de estas características. Tras años de obras, convirtieron un palacete con vistas a la plaza de San Mateo en esa pista por la que suspiran viajeros de medio mundo. Quienes estuvimos, queremos regresar. Una y mil veces.

Apenas añadiremos más sobre el hotel porque, de momento, nos quedamos en una de las mesas de su restaurante, que ostenta dos estrellas Michelin. En breve, nuestras líneas recordarán la suavidad de las sábanas, aquel baño. Aquel silencio y la luz que iluminaba la habitación que una noche –por fortuna- ocupamos.

Precisamente, la luz es una de las protagonistas que los arquitectos Emilio Tuñón y Luis Mansilla quisieron potenciar al máximo. Construyeron un edificio y multitud de volúmenes; no pasaron por alto, además, el patio ajardinado ni tampoco la azotea.

Prestaron sumo cuidado a la bodega; y unos escalones más abajo, construyeron ese rincón circular en el que se conservan, con la luz, humedad y temperatura idóneas, las más de 30.000 botellas que, José, en su afán de coleccionista, tanto mima. Son 3.000 referencias procedentes de 20 países. Capítulo aparte merece el champagne: reunidas 44 bodegas, de las cuales 28 son de pequeños productores.

Tuñón y Mansilla sabían, además, que las paredes del restaurante (así como diferentes rincones del hotel), sin ser una galería, debían lucir grandes joyas. Es decir, los cuadros de grandes artistas –otra pasión que une a José y Toño-: Antonio Saura, Georg Baselitz, Thomas Demand, tan sólo por citar algunos.

Y en el plato, más arte. Aunque muchos opinen que la gastronomía no lo es, no debe encontrarse muy lejos cuando es capaz de emocionar, conmover y sacudir el paladar y sí, otros sentidos como el olfato y la vista. A veces, incluso el tacto y el oído. Pero no encenderemos el debate.

Rememoramos esa Zamburiña con perla de cítricos, los Guisantes falsos, cochino crujiente y crema de verdaderos guisantes así como el Bogavante con remolacha, pepino y manzana, todo en rojo.

Pescados tan exquisitos como el Mero acompañado de brócoli, habas y puré de coliflor y almendras; carnes como la Pluma ibérica con melocotones salteados y puré de berros. Y claro, no podía faltar entre nuestros sabrosos recuerdos uno de los quesos de la tierra: Binomio de Torta del Casar en contraste con membrillo y aceite especiado. Hubo más: cerezas que no lo eran, golosinas inolvidables y tocinillos sobre tierra de cacao…

El Hedonista no profundiza en técnicas, no emite severos juicios porque no somos chefs ni como tal nos hemos formado. Prefiere lo cercano, lo verdadero, lo que mueve el ánimo y emociona, aquello que abre la caja de los recuerdos. Y la alta gastronomía suele conseguirlo.

Atrio es un gran restaurante. Iluminación adecuada –tan difícil de encontrar-, mesas con la distancia oportuna, mantelería impoluta, vajillas y cuberterías de ensueño y, aquello que a nosotros tanto nos gusta, un equipo humano que se muestra con naturalidad. Personas que comparten su pasión por un buen vino, que confirman que este establecimiento abre los 365 días del año y que ellos, sin duda, se sienten felices.

Porque trabajar rodeados de magia y arte, qué duda cabe, debe ser realmente enriquecedor. Volveremos a Atrio.

Aviso: permítase el placer de descansar una noche (o varias) en Atrio ya que perderse su desayuno, sería un gravísimo delito.

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