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Restaurantes

DuLiban

Ha sido uno de los descubrimientos gastronómicos del año. Cocina libanesa de calidad, a precios razonables y con una decoración muy cuidada.

El primer restaurante libanés de alta cocina de la capital se llama DuLiban. Su excelente oferta habla de por qué la cocina de aquel país es una de las más reconocidas de Oriente Medio. Además, una decoración cuidada y unos precios razonables hacen recomendable una visita. Sin duda uno de los descubrimientos gastronómicos del año.

La libanesa es una cocina que mezcla desde hace siglos tradición mediterránea con lo mejor de la cocina clásica árabe. Sus pocos guiños a la innovación les ha permitido afinar en lo importante: productos de primera y depuración de unas recetas seculares. Con este planteamiento, donde prima la calidad, abrió DuLuban en Madrid hace apenas tres meses. No somos partidarios de visitar un restaurante con tan pocos meses de vida, pero la fama de este nuevo espacio picó nuestra curiosidad y nos hizo saltarnos los principios. Y mereció la pena.

El proyecto de interiorismo lo han dirigido con acierto Alba Hurlé y Alicia Martín autoras, entre otros, del recién ampliado Tenconten. El resultado es un espacio limpio, funcional y con un aire muy internacional, a lo que ayuda que los toques árabes sean ligeros y muy actualizados. Destacan la barra de cócteles con mesitas bajas para un picoteo informal y una gran terraza interior con zona semi-acristalada con chimeneas y mantas ideal para cenar en invierno. En verano, la terraza al aire libre será la estrella.

En cuanto a la carta, pocas sorpresas en una propuesta clásica a base de platos con verduras, legumbres y carnes mediterráneas, sabiamente mezcladas con especias traídas de Líbano. La sorpresa llega en las excelentes elaboraciones que dan como resultado platos brillantes y medidos en su equilibrio de ingredientes.

De las entradas a los platos principales resulta complicado elegir; lo mejor es dejarse aconsejar. Pero si tengo que hablar de una sorpresa de las que dejan huella, citaré el Shawarna lahme: tiras de carne (ternera en este caso) marinada y asada, acompañada de Salsa tarator a base se sésamo y limón. Exquisito, inolvidable y motivo más que suficiente para repetir visita.

El restaurante tiene un horario non stop, que ofrece desde desayunos a picoteo mediante raciones, y una amplia variedad de menús degustación ideados para probar y descubrir una cocina que cautiva. La bodega contiene una buena selección de referencias nacionales y una corta pero interesante selección de vinos libaneses, procedentes del Valle de la Bekaa.

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