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Finca de Los Arandinos-Tierra

Los periodistas gastronómicos descubrieron y pusieron de moda otro término más: ‘proximidad’. Visitamos un lugar en el que lo entienden a la perfección.

A los periodistas, seamos sinceros, nos encanta etiquetar. Copiamos, leemos en otros lugares, rara vez inventamos y, siempre, adoptamos, por largo tiempo –a veces demasiado-, conceptos y palabras. La última en llegar es ‘proximidad’. Y si no nos equivocamos, que a veces de tanto recurrir a ellas podemos caer en el error, se refiere al uso de la despensa más cercana. En el Hotel Finca de Los arandinos van más allá. Los alimentos proceden de apenas unos kilómetros de distancia y el personal que trabaja en el hotel y en su excepcional restaurante, Tierra, también. Como en casa. De casa.

De hecho, la ubicación de este hotel, que llama poderosamente la atención por su minimalista arquitectura, fue elegida por una cuestión de cercanía. Situado a las afueras del municipio riojano de Entrena y con vistas a la sierra de Moncalvillo, su lugar no podía ser otro. Y es que sus propietarios decidieron invertir en su propio pueblo, quizá a modo de pequeña deuda sentimental.

El chef, Diego Rodríguez creció también en Entrena. Y la carne procede de la carnicería del pueblo, la de Luismi, así como el pan, que roza la perfección (ABSOLUTA), es elaborado en su horno.

Digamos que Finca de Los Arandinos y su restaurante Tierra son dos raras perlas. Por filosofía, esto es, contenido, y claro, por continente. En este hotel, que además cuenta con bodega y vinos tan reseñables como el blanco Viero y los tintos Malacapa y El Conjuro, se saborean recetas tradicionales. ‘Bacalao ajoarriero’, ‘Merluza albardada con pimientos de Tricio’, ‘Pochas con verduritas’, ‘Chuletitas de cordero’, ‘Pluma de cerdo ecológico de Ocón con pastel de patata, tocineta y crema de piquillo’, etc.

Entre los postres, por ejemplo, Infusión de frutos rojos con helado de queso camerano, ‘Melocotón asado con helado de vino y su granizado’, y’ Brazo de Entrena’ (de dónde sino) con helado de vainilla. Y sí, los helados, todos, son de la tierra, del maestro Fernando Sáenz de Duarte, de Obrador Grate.

Sorprende la apuesta gastronómica, tradicional, pero más contemporánea que nunca, y sorprende, muchísimo, la estética. Firmado por el diseñador de moda David Delfín, el interiorismo es único. Sencillo, natural, perfecta mezcla de madera, hormigón… y siempre flores naturales de la finca. Y esa terraza, junto a las viñas y los olivos, desde la que se ve el paso de las estaciones en la sierra de Moncalvillo. Hotel Finca de Los Arandinos, muy a tener en cuenta.

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