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MEAting

En esta casa de cambia de emplazamiento prima el producto, el único elemento que altera los ritmos. Recomendable y mucho más.

Lechugas del monte Igueldo, puerros y acelgas de Goiherri, guisantes y habitas de Guetaria, carnes de Imanol Jaca y pescados que llegan desde Luarca. Todo en un mismo espacio y sin salir de Madrid. Se trata de la propuesta del restaurante MEATing, que cambia de emplazamiento, gana en local y brinda ahora nuevas opciones de barra y coctelería.

Un plan improvisado, una cena no programada y un encuentro, el que aquella noche tuvimos con el producto. Un producto que hablaba solo, que no necesitaba artificios ni disfraces. Verduras que de la huerta llegan a cocina y de cocina a la mesa. Buen aceite, sal y el punto justo de sartén para que no se pierda el mimo y el cariño con el que fueron seleccionadas. Y lo mismo con las carnes; lo mismo con los pescados. Eso es MEATing.

Tuvimos ocasión de visitar recientemente su nuevo emplazamiento, a escasos 400 pasos del anterior local, y comprobamos que su esencia permanece. Es más, nos llevamos la grata sorpresa de ver que la oferta se amplía con una carta de tapas y raciones, además de una interesante apuesta por coctelería clásica.

Novedades (las justas) que vienen de la mano de un local más amplio, donde han ganado en capacidad y ambientes diferenciados. Entramos. Nos recibe una gran barra central acompañada de mesas altas y bajas. A continuación, un espacio capaz de trasladarnos al local original de Villalar, con su misma estética, una atmósfera blanca y la pared salpicada de la colección privada de obras gráficas del restaurante. Al fondo, un nuevo escenario, cálido y acogedor, que puede hacer las veces de reservado. Y todo articulado en torno a un patio, que seguro en unos meses traerá sorpresas.

Después de aquella cena coincidimos en un par de cosas: que MEATing sigue siendo MEATing, y que sigue siendo igual de recomendable. Probamos algunas de las novedades que han incluido en barra, como Longaniza a la pimienta payesa de Vic o Sardina de Santoña con pan de coca con tomate. Nos rendimos ante una selección de verduras de temporada que instalaron el silencio en la mesa por unos segundos. Huerta de Guipúzcoa y Navarra en un plato, pureza de sabores y naturalidad en su máxima expresión. Sobraban las palabras.

Y, claro está, hubo tiempo para la carne. Steak tartare en dos versiones -tradicional en crudo cortado a cuchillo y otro marcado que ciertamente sorprendía en matices- y un Lomo bajo de vaca que se deshacía, acompañado de esas patatas fritas caseras que trabajan en esta casa como en pocas.

De postre, Tarta de queso con coulis de frambuesa, Mousse de chocolate con cacao 90% Valrhona con naranja amarga casera y Torrija cremosa con pan de brioche y caramelizada, esa torrija que todo el que se siente en las mesas de MEATing debería pedir sin excepción.

Dimos por concluida la cena con un whisky sour y disfrutamos de la cercanía de Vicente Lorente, propietario del restaurante. Cerramos y confirmamos. Priman las personas y prima el producto, el único elemento que altera los ritmos de MEATing, ya que la carta rota fiel atendiendo a los tiempos que marca la huerta y su temporada. Qué bueno saber que aquí se toma lo mejor en su mejor momento. Qué bueno comprobar que todo sigue como siempre.

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