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Restaurantes

Nikkei 225

Exótica, sutil y abrumadora por múltiples razones. La revolución gastronómica de los últimos tiempos es la cocina nikkei. Y el restaurante Nikkei 225, su mejor bandera. Un gran hallazgo.

Es uno de los restaurantes diez de Madrid, sin duda. Lo avalan multitud de premios y el beneplácito de la clientela; hoy, cuando tantas mesas están vacías. Y es que Luis Arévalo ha impreso personalidad a su propuesta gastronómica y visitar su casa, Nikkei 225, siempre es una delicia.

Practica la fusión peruano-japonesa, esa suerte de milagro culinario conocido como nikkei. Lo hace con clase, elegancia y sutileza. Sí, sutileza, una característica que a nosotros, en El Hedonista, tanto nos gusta. Porque cuando la materia prima habla por sí sola, hay que dejar que se exprese.

Entonces, basta con acompañarla de técnica. Y en este punto Arévalo, domina la japonesa, que aprendió y perfeccionó en diferentes restaurantes de Perú, Chile y España. La técnica es nipona, sí, pero los sabores son peruanos. El resultado: inclasificable. Sobre su trabajo, dice, “Me gusta llamar a la cocina que hago ‘evocativa’. La memoria tiene un peso fundamental a la hora de crear”, y añade, “la técnica japonesa es el idioma con el que yo me expreso, en el que doy rienda suelta a mi imaginación”.

De esta mezcla políglota, de este cruce de tradiciones que él verbaliza surgen platos tan excepcionales como el niguiri de pez mantequilla con salsa de anticucho o una larga lista de uzusukuris, que hacen guiños a los populares tiraditos peruanos. Sin pasar por alto, el chupe de gambas, que reinventa una tradicional receta peruana añadiéndole toques orientales; o el sashimi de hamachi en costra de migas de ají panca, rico homenaje al recetario mediterráneo.

Estos y otros muchos bocados son muestras de perfección y equilibrio. Como lo son las maneras en la sala. Porque junto a Arévalo se encuentra un equipo silencioso, que está pero parece no estar. Que anuncia los platos y presenta con delicadeza y respeto, y que pronto desaparece para que el comensal goce de la experiencia de una comida, sencillamente, inolvidable. Como siempre, lo mejor es visitarlo y disfrutar de la experiencia en primera persona. Sentarse a la mesa y dejarse envolver por esta cocina ‘evocativa’.

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