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Restaurantes

Es el único restaurante Bib Gourmand de BalearesSmoix, en casa de Miquel Sánchez

Excepcionalmente buena cocina a precio moderado en Ciudadela, Menorca.

Nuestro deseo de mudarnos a vivir a Menorca tiene bastante que ver con Smoix y con los platos que cocina cada día Miquel Sánchez. Sólo quien tenga una madre amorosa y excelente cocinera entenderá a qué nos referimos: Smoix es como comer en casa. No hay mayor piropo.

Ganador merecidísimo del sello Bib Gourmand de la guía Michelin por su “excepcionalmente buena cocina a precio moderado”, Smoix se trasladó esta primavera a un nuevo local muy céntrico de Ciudadela donde ofrece menú a mediodía y platos a la carta. En una semana hemos ido una vez, dos veces y hemos invitado a nuestros amigos porque es un placer compartir lo bueno de la vida. Hasta tenemos elegido el sitio donde nos gusta sentarnos: en la mesa alta junto al mostrador donde Miquel, entrañable y tímido -hasta el punto de que a su mujer Vianey, jefa de sala y sommelier, le costó convencerle para que “diese la cara” y saliese de su escondite entre pucheros y sartenes-, da el último toque a cada plato. Nos encanta este puesto de observación desde donde fisgamos lo que se cuece en la cocina, charlamos con Miquel y dominamos el local, diáfano, vanguardista y bañado por la luz que se cuela desde el patio de luces.

Menú diario y a la carta
En Smoix no cabe el aburrimiento: Miquel despliega imaginación y saber hacer en cada plato del menú diario, ese que nos arrastrará a mudarnos a Menorca. Tras un aperitivo (ay!…, esos mejillones con verdura picadita y tamari…) llegan dos, sí dos, primeros platos: un gazpacho de cerezas (estamos en plena temporada) con rúcola y una ensalada con judías verdes, rigatoni, bonito espectacular y pimientos asados. ¡Un diez! Otro día podemos encontrarnos por ejemplo con un arroz cremoso de calamar y calabacín. Como segundos, a escoger entre el suquet de rape con patatas (nos tiramos a él de cabeza, qué recuerdos nostálgicos del veraneo mediterráneo de nuestra infancia…) o el cochinillo al horno. Los postres son siempre sorpresa, deliciosos. Nos encantó la tartaleta de limón con merengue, insuperable.

La otra opción es comer o cenar a la carta. Quien visite Smoix no debería irse sin probar sus ravioli de escamarlans (cigalitas). ¡Que no desaparezcan nunca de la carta, por favor! Aparte de los deliciosos mejillones de aperitivo, siempre hay algún capricho para picar: unos filetes de sardinas en escabeche o “la croqueta” de Smoix. La carta incluye siete u ocho entrantes donde no faltan ensaladas deliciosas con esos productos de la huerta que en Madrid tanto echamos de menos. Miquel las suele acompañar de alguna legumbre, tan típica de Cataluña, de donde él procede, un producto que cada día gana más prestigio, y con razón. Nos muestra las variedades con las que trabaja: la lenteja “beluga” ecológica, las pequeñitas y suavísimas judías blancas “mongetes de la neu” de la zona de El Vallés; también utiliza quinoa roja, que no tiene gluten, como base para las ensaladas fresquísimas y crujientes. Entre los entrantes: los famosos ravioli de cigalas con un toquecito dulce de topinambo; un buenísimo tiradito de mero marinado durante 5 minutos, con láminas de albaricoque y aliño de cítricos y chile, que aunque no es jalapeño nos catapulta directamente a México (homenaje a Vianey); las lentejas “beluga” previamente cocidas en caldo rojo de gambas, he ahí el truco, con base de crema de puerros y acompañadas de gambas peladas y hebras crujientes de puerro. Otro plato que apetece repetir. A estas alturas, nuestra devoción por Miquel es tal que, sabiendo cómo le gusta cocinar guisos -para algo tiene una memoria gustativa de buena tradición catalana-, le pedimos que nos de a probar las manitas de cerdo glaseadas. Sí, ya sabemos que es un plato difícil que no se puede pedir en cualquier sitio, pero en Smoix los pies de cerdo glaseados sobre lámina de langosta, melosos, glutinosos, exquisitamente suaves, son un portento. Y para terminar, una pequeña carta de postres maravillosos (mérito de la joven pastelera del equipo): tiramisú, brownie, la tartita de limón, variaciones de helados, sorbetes y fruta licuada de temporada.

Los vinos
Aquí nos ponemos en manos de Vianey. Siempre que visitamos una tierra deseamos conocer sus vinos. Esta vez hemos conocido incluso al bodeguero. Andreu Casasnovas y su familia elaboran sólo dos vinos, por el momento, en pequeña producción en su finca Sa Marjaleta. Son “Vi de la Terra” de la Illa de Menorca. El Iamontanum tinto, 100% Syrah, es un crianza fermentado en cuba de acero inoxidable, con 12 meses en barrica de roble y reposado en botella. El Iamontanum Viognier es un blanco de gran complejidad aromática. Comprobamos que existe una gran sintonía entre Smoix y Sa Marjaleta. No nos extraña: comparten la misma filosofía de hacer las cosas bien y poco a poco.

El nuevo Smoix
El nuevo espacio de Smoix merecería un artículo aparte. Vianey se ha empleado a fondo y para la rehabilitación y decoración ha contado con el taller de Getse-Zaid, arquitectos de Ciudadela formados en la Politécnica de Catalunya, que han sabido ver las posibilidades de esta antigua nave y sintonizar perfectamente con la visión de Smoix. Visitamos a Sandra Díaz Moll y Miquel Àngel Apesteguía i Nadal en su estudio.

El local, una planta baja de un edificio histórico del centro de Ciudadela, fue hace tiempo una fábrica-taller de bisutería, convertido después en restaurante chino. Tuvimos que hacer un trabajo de auténtica arqueología para devolver al espacio su esencia original: al comienzo de las obras ni siquiera se adivinaba la estructura. Eliminamos todo tipo de paredes y falsos techos y dejamos el techo alto con las vigas de madera vistas. A medida que avanzaban las obras íbamos descubriendo las aberturas originales al patio de luces, que había permanecido cegado durante años. Como el local es un largo rectángulo ideamos la manera de crear diferentes zonas y ambientes sin necesidad de introducir separaciones: la entrada, con mesas redondas, es más clásica , muy confortable; junto a la barra tenemos la zona de mesas cuadradas, más informal; y al fondo hemos creado un espacio más experimental junto al mostrador que comunica con la cocina: un ambiente ideado para compartir, donde fluye la comunicación. Cada zona se presta a diferentes experiencias gastronómicas. Y esa diferenciación se traslada también a las paredes, que juegan con revestimientos más o menos convencionales, más o menos contemporáneos, como el antiguo papel pintado y rasgado que sugiere un mural vanguardista. Al fondo de la sala el ambiente tiene un punto industrial, con un gran portón recuperado del propio edificio convertido en un collage de carpintería que hace las veces de “telón de fondo” para el artista-chef. Hemos trabajado muy a gusto con un gran equipo de artesanos: albañil, carpinteros, herreros… La sintonía y la complicidad con Miquel y Vianey ha sido buenísima, hasta el punto que nos hemos involucrado incluso en la iluminación, inventando y creando sistemas de lámparas ad hoc.”

Smoix es una historia de viejos y nuevos amigos. Nos guió hasta allí Araceli Bosch, de Chefsin, nuestra gurú gastronómica en Baleares que defiende a capa y espada la gastronomía y los productos de calidad de las islas, representados por sus chefs.

El plus hedonista: ahora, cuando el verano toca a su fin, Menorca vive su mejor momento. El agua del mar está templada, las jornadas de senderismo por el Camí de Cavalls y los barrancos son perfectas, las calas vuelven a ser el paraíso tranquilo que han sido siempre y Mahón y Ciudadela recuperan su ritmo y su oferta cultural.

Air Nostrum nos lleva a Menorca todo el año desde Madrid.

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