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Tartan Roof

Ha sido la sensación culinaria de la primera-verano madrileños. Antes de que mute en otros decorados, damos las claves de su éxito.

Arriba todo cambia. Tartan Roof , en la Azotea del Círculo, o el privilegio de tener Madrid bajo los pies.

Hubo un tiempo en el que surgieron buenas terrazas. De ese boom, muchas permanecen, por fortuna. Pero Madrid, que siempre espera novedades, ansiaba una nueva torre vigía desde la que sentir el pulso vibrante de la ciudad y, sí, también degustar buenos platos y relajadas copas. Nació la pasada primavera y se llama Tartan Roof.

Su impulsor, el farero que vigila desde las alturas, es Javier Muñoz-Calero. Este joven chef ya ha acostumbrado a la clientela y a la crítica a sus múltiples sorpresas. Suyo fue Un Restaurante Llamado Tartan, que durante algunos años deleitó desde su ubicación en el Barrio de Salamanca, pero llegó el día del cierre o, digamos, transición. Ahora se encuentra en la última planta del edificio que alberga esa entidad cultural llamada Círculo de Bellas Artes con un acceso, hasta la fecha, reservado a ocasiones puntuales: véase el ciclo Jazz Círculo y el festival de músicas callejeras Las Noches Bárbaras. Clausuró el restaurante para, además, trasladar la fórmula a Miami. Pronto tendremos noticias… Y Javier también fue capaz de poner en marcha varios restaurantes casi al mismo tiempo: Muñoca y Perrito Faldero, este último con sucursal en Polonia.

Hiperactivo, quizás sí, y perfeccionista, por supuesto. El chef madrileño no se conforma con repetir platos y copiar a otros. Él es lo que es, y siempre se muestra con naturalidad, en su cocina y en persona. Así, en Tartan Roof ha presumido, más que nunca, de su curiosidad y buen apetito internacionales. Hummus y azafrán; Labna con eneldo y granada; Pimientos de Guernica rellenos de Torta del Casar, y mucho más… Son especialidades servidas en forma de brochetas, cucuruchos, pequeños platillos…

En definitiva, una cocina divertida, callejera y sin complicaciones para el paladar, perfecta para compartir, con reminiscencias de diversos rincones del mundo, apetecible y realmente fresca para los días de calor. Días que, cuando decidan hacerlo, pero lo harán, darán paso a los de frío. Para entonces, con toda seguridad, Tartan Roof seguirá siendo la pista diez. Y es que dejará de ser un chiringuito de playa para convertirse, por estética y oferta gastronómica, en un lodge de montaña. Y Madrid, como acostumbra, a sus pies, y feliz de asistir a novedades que llegan para quedarse.

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