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El siguiente workshop de Alain Laboile es del 25 al 28 de junio en ParísLa infancia universal de Alain Laboile

Alain Laboile (Burdeos, 1968) ha sabido captar el mundo cándido y salvaje de la infancia a través de los retratos de su propia familia.

“La magia de mis fotos está basada en la creatividad de mis hijos, en su capacidad de inventar un mundo maravilloso” Alain Laboile.

Quién no se acuerda de la primera vez… de las burbujas de espuma en el agua tibia de un barreño; de las cosquillas de una diminuta hormiga trepando por la piel; del olor intenso de la hierba o la tierra recién mojada; el vértigo al mirar abajo tras trepar por un árbol. Las vacaciones cogiendo saltamontes o renacuajos en un riachuelo; los pies pisando las rocas resbaladizas y babosas de la playa mientras buscabas cangrejos o intentabas despegar alguna lapa. Las tardes eternas en el pueblo, en el campo, en casa de los abuelos, jugando al aire libre con palos, acariciando a un gato, buscando flores o persiguiendo escarabajos.  Descalzos, desnudos, despeinados, libres, inocentes, salvajes. Bienvenidos a la infancia universal de Alain Laboile.

Alain Laboile (Burdeos, 1968) ha sabido captar el mundo cándido y salvaje de la infancia a través de los retratos de su propia familia: un mundo bucólico, natural, tierno y despreocupado. Comenzó como escultor hasta que en 2004 se inició en la macrofotografía para plasmar su pasión por la entomología. No tardó mucho en centrar su trabajo en su propia familia. Seis hijos, y sobre todo los más pequeños, protagonizan series llenas de magia, ternura, sensibilidad y extraordinaria belleza.

Pasaste de fotografiar insectos a tus hijos… ¿Cómo fue? ¿Hubo una foto que despertó algo?

Cuando era pequeño soñaba que una hormiga gigante atacaba un poste de electricidad en la esquina de mi casa, provocando chispas mientras mascaba los hilos. No sé si esa pesadilla fue el origen de mi pasión por los insectos pero pienso en ella a menudo. Después de esculpir insectos en metal durante muchos años, comencé a fotografiarlos. Así fue como la macrofotografía me permitió aprender la técnica. Luego dirigí el objetivo hacia mi familia y comencé a documentar nuestra vida cotidiana. Fue el principio de un álbum que testifica todos estos años gravitando alrededor de la infancia.

Todos tenemos recuerdos de la infancia con insectos pero con la edad perdemos el interés por ellos… ¿por qué crees que de niños nos atraen tanto?

Los niños son por naturaleza curiosos, ingeniosos, despreocupados. Lo desconocido no les asusta. Un niño pequeño no tiene miedo a perder el tiempo contemplando cosas pequeñas. La experimentación es natural en él. Al crecer perdemos espontaneidad, acabamos condicionados por una vida que se vuelve complicada, llena de problemas. A menudo a los adultos les repugna tocar insectos, sienten miedo o asco.

¿Es difícil lograr tanta espontaneidad? Insectos o niños, supongo que para ambas actividades se necesita paciencia…

Trabajo en casa, así que siempre estoy con mis hijos. No provoco nada, pero cuando ocurre una situación interesante sé aprovecharla. Voy a por mi cámara y capto el instante. Todo suele ocurrir muy rápido, no son fotos posadas.

La desnudez de los pequeños y el agua son referentes constantes en tu fotografía… ¿una forma de expresión de la naturaleza?

Vivimos en una zona aislada en pleno campo, junto a un bosque y un arroyo, por lo que el contacto con la naturaleza es muy estrecho. Los niños van desnudos cuando son pequeños, les gusta pues el clima es suave, hasta que el pudor llega y ya no se sienten tan cómodos. Sin embargo, permanecen cercanos a la naturaleza. Nuestra finca es para ellos un gran terreno de juego. No tenemos televisión, por lo que pasan mucho tiempo fuera. No hay por tanto ninguna ideología escondida detrás de mis imágenes. Cultivamos simplemente una cierta forma de libertad basada en la idea de vivir juntos sin obstáculos.

Algunas escenas parecen un sueño, casi surrealistas, mágicas ¿llevan mucha preparación?

Mis fotografías más sobrenaturales pertenecen a la serie “Reflexiones alrededor del estanque”. Parecen surrealistas pero se trata de los reflejos naturales de nuestro estanque. No necesitan más preparación que las otras fotos. Mis hijos juegan alrededor de la charca, toman prestadas mis esculturas, se hacen disfraces con la vegetación… no tengo más que observarles mientras juegan y disparar. La magia de mis fotos está basada en la creatividad de mis hijos, en su capacidad de inventar un mundo maravilloso.

¿Vivir y criarles en el campo es parte de tu filosofía de la vida?

Tanto mi mujer como yo hemos pasado nuestra infancia en el campo, así que no imaginamos para ellos una vida en la urbe estresada y con presión. Sin embargo, gracias a mi trabajo como fotógrafo viajamos mucho en familia, visitando grandes ciudades de todo el mundo. Apreciamos estas inmersiones urbanas, el acceso a la oferta cultural de la que carece el campo, pero apreciamos volver a la serenidad de nuestro universo un poco salvaje.

¿Seis hijos ha sido también un proyecto?

A mi mujer le gusta estar embarazada, yo amo a mi mujer… ¡y ya está! No me arrepiento nada de la tribu que hemos creado. Mis hijos se llevan bien entre ellos y vivimos esta bella aventura fotográfica todos juntos.

¿Qué opinión tienes sobre la educación en los colegios?

Mis hijos mayores han tenido una escolaridad tradicional, éramos padres jóvenes y nos reconfortaba saber que su educación estaba en manos de profesionales. Ahora son jóvenes adultos satisfechos e integrados socialmente. Con todo, decidimos no escolarizar a los cuatro más pequeños, no por rechazo al colegio como institución sino porque nuestros viajes hacían imposible una escolarización sedentaria. Para unos el colegio es un lugar de realización y para otros una camisa de fuerza. El sistema de notas y competición puede convertir al colegio en un calvario. Hemos optado por la educación en casa porque nos da más libertad dentro de nuestro modo de vida, lo que no es aplicable a todas las familias. Estoy convencido de que el colegio tradicional puede ser de una gran riqueza si está llevado por personas creativas, motivadas y bondadosas. Conozco a muchos profesores estupendos, pero también a muchos otros nada convincentes. Es esta diversidad de competencias profesionales lo que desequilibra y hace más frágil el sistema escolar.

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