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Escapadas

48 horas en Soria

Derribamos mitos. Soria es más que la ciudad en la que poetas como Antonio Machado, Gustavo Adolfo Bécquer o Gerardo Diego encontraron inspiración. Conocemos varias razones para no posponer la próxima visita. Desde el viernes 25 al domingo hay buena música... y es gratis.

En las ciudades pequeñas suele suceder eso. Que más de uno llega cargado de ideas preconcebidas y regresa con opiniones nuevas. Soria es una ciudad en la que el invierno es duro, sí, y el verano tan agradable que, caída la noche, es preciso coger una chaqueta. Soria, además, presume de rica gastronomía, monumentos de incalculable valor artístico y carácter único, y por supuesto, joyas naturales.

Esas cosas ricas
Son caprichos para el paladar que, una vez descubiertos, se adquieren en cada visita. La mantequilla: natural, salada o dulce. Esta última con dos características pinceladas de color rosa. Las paciencias o galletas duras (durísimas) que, con leche fría, saben a gloria. Ambas especialidades a la venta, por ejemplo, en Mantequerías York.

El hojaldre con nata o crema, con el punto justo de dulzura, llamado ‘costrada’. El mejor lugar donde encontrarla, porque huele a otra época, posiblemente a la de la infancia, es la Confitería Juan José Lagunas.

Y, por supuesto, ese monumento de la cocina tradicional: los torreznos. Ni más ni menos. No importa en qué barra pedirlo, en todas están buenísimos.

La compra gourmet
Para quienes se acercan a los mercados de abastos y a esas tiendas llenitas de buenos productos, indispensable llegar hasta el número 34 de la calle El Collado (la principal) y pasar un delicioso tiempo en Muñoz. Desde 1925 deleita con vinos, fiambres, patés, setas y otras referencias gourmet de la tierra y de cerca.

La hora del aperitivo
O de las copas nocturnas. Elegimos, entre todas las posibilidades, una. Ese pequeño bar llamado Queru (Plaza Mariano Granados, 5), en el que las banderillas de boquerón y aceituna, conocidas como ‘populares’, saben a gloria y los gin tonics te llevan al séptimo cielo.

Junto al Duero
Es el paseo obligado para sorianos y turistas. A lo largo de él y tras cruzar un pequeño puente, se llega a la ermita de San Saturio, que desde el monte se asoma al río. En ella, existe una virgen con un manto que, bajo él, esconde varios alfileres. Al osado u osada que introduce la mano y se pincha, le promete un amor. No lejos, se encuentran los restos del monasterio de San Juan de Duero, célebre por los arcos de su claustro. No existen otros. Ni iguales ni parecidos.

Un festival inusual
Precisamente el río inspira el festival Enclave de agua, la mayor cita de música afroamericana de España. Desde el viernes 25 de julio y hasta el domingo 28, de forma gratuita y en la zona conocida como el lavadero de lanas del Paseo de San Saturio, soul, funk, afrobeat y reggae, entre otros ritmos, de la mano de artistas como Alice Russell, The Dynamites, Chip Wickham y The California Honeydrops. Y además, mercadillo, proyecciones, actividades infantiles…

Y también
La iglesia de Santo Domingo, mejor verla que describirla en estas líneas. A tan sólo unos kilómetros, la zona que antaño fue recreo de la aristocracia y en la que hoy los sorianos pasan las tardes de sábado y domingo. Su nombre es Valonsadero y es escenario de las conocidas fiestas de San Juan porque de allí parten los toros que luego son, eso, toreados. Y un poquito más lejos, paisajes que traen calma y lagunas como la Negra que, para tantos, es un enclave cargado de energía. De la buena, de la que nos gusta en El Hedonista.

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