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Las islas Azores son un paraíso, y en los paraísos abundan las tentaciones.5 tentaciones de las Azores

Un destino turístico que lo tiene todo para seducir a los visitantes: naturaleza, gastronomía, vinos, aventura, patrimonio cultural y buenas playas.

Sorprende que las Azores, en el océano Atlántico, a 1.500 kilómetros del continente europeo y a casi 4.000 de América, en medio de la nada y lejos de todo, resulten tan cercanas.

Las Azores están llenas de postales. El turista siente la necesidad de parar a cada curva y disparar la cámara que, con sus limitaciones, no saca más que una foto de toda la belleza que podría entrar por el objetivo.

Hay muchas razones para amar estas islas. Nos han pedido solo cinco, y nos duele limitarnos, pero seguro que el visitante va a encontrar miles de pretextos para ir y repetir.

1. Naturaleza impresionante

Hasta el viajero con más mundo sentirá por momentos que contempla el paisaje más bello de cuantos haya conocido en toda su vida. No hay adjetivos justos para describir las Azores. El origen volcánico de estas islas ha creado parajes insólitos, se han formado impresionantes cuevas de lava, por todas partes hay rocas de aristas enigmáticas y su litoral inmenso es como para reírse del Cabo de Gata. Pero aquí no hay desiertos, sino una vegetación exuberante alimentada todo el año por un clima más lluvioso que el de Asturias y de temperaturas más suaves.

Las Azores surgieron del mar, blup, hace ocho millones de años pero cuando los portugueses las encontraron, hacia 1420, no habían sido nunca habitadas. Esto implica que la devastadora acción humana lleva tan solo cinco siglos de empeño en estas islas, y eso se nota. Bosques de laurisilva, dragos, helechos gigantes, multitud de especies endémicas y millones de flores de esas que tanto nos cuesta sacar adelante aquí y que allí salen porque sí: camelias, hortensias, calas…

La UNESCO ha otorgado el título de reservas de la biosfera a tres de las nueve islas del archipiélago de las Azores: Corvo, Flores y Graciosa. Pero también en el resto hay una biodiversidad espectacular.

Los aficionados al buceo dicen que en esta zona se practica el más emocionante del mundo. No solo por las 300 especies endémicas, y las 582 censadas de vertebrados marinos, sino porque existe una visibilidad de hasta 60 metros y el agua está templadita. Las Azores son amigas de la Corriente del Golfo, y eso hace que la temperatura del mar no baje de los 16º C en todo el año.

Los azorianos han pasado de capturar cetáceos con arpones a hacerlo con cámaras de fotos. Desde la prohibición en 1989 han montado prósperos negocios de avistamiento de ballenas, delfines, orcas, cachalotes y otros grandes animales marinos, gracias a que de las 80 especies existentes en el mundo, 24 se pasean por aquí cada año.

2. Su gente

Es un tópico que se dice de todos los destinos, pero los azorianos son majetes de un modo muy especial. No abruman, porque el aislamiento geográfico siempre deja posos en el carácter de todo isleño, pero su amabilidad llega hasta el punto de que si uno va caminando demasiado al borde de al acera los coches se detendrán e irán a su paso por si acaso se le ocurre cruzar en algún momento. Es más, si el peatón pretende atravesar la calle por donde le venga en gana, sin esperar un paso de cebra, los coches se pararán para cederle el paso en el punto donde él quiera. Y cada vez que aborde una plaza con una interrogación en la cara, casi seguro que un coche frenará para decirle: «How can I help you?».

Los portugueses suelen entender mucho mejor el español que los españoles el portugués. En las Azores, aunque el acento es mucho más cerrado, ocurre lo mismo. No solo nos entienden, sino que se desviven por atendernos.

3. Comer y beber

El aislamiento, claro, es la característica fundamental de toda isla. Esto suele hacer que su gastronomía, nacida en tiempos en los que las comunicaciones no eran tan fáciles como desde que existe Ryanair, resulte muy imaginativa. Los pescados grelhados, a la parrilla, con salsas especiadas, son exquisitos, y frescos a más no poder. A los azorianos les gustan las lapas y las sirven en todas partes haciendo un esfuerzo por mejorar su difícil textura con salsas y aderezos. Hay buen atún, pez espada y otros pescados grandotes, y también peces peculiares y diferentes, como el boca-negra. En todas las cartas abundan las lulas (chipirones) y el polvo (pulpo).

Como buenos portugueses son amantes de las sopas, sabrosas y tonificantes, y muy baratas; a menudo, por un euro o euro y medio se puede tomar un buen tazón de sopa del día en cualquier restaurante.

Pero la estrella en la mesa de las Azores es la carne de ternera, el bife, las costillas, los estofados… Hay carne para aburrir. Por algo sus campos están llenos de vacas plácidas de todos los colores y estampados, y algunas islas, como Terceira, parecen consagradas a ellas. Son vacas que llevan una vida feliz, al aire libre, alimentándose en los verdes prados de las Azores. A los que les guste la carne no la van a encontrar mejor.

Ventaja añadida de las vacas son los quesos, alguno con denominación de origen protegida, como el de São Jorge. En cada isla elaboran los suyos, todos ricos, incluso los de menor tiempo de curación.

En las Azores es raro encontrar ensaladas en los menús, pero suelen servir el plato principal con acompañamiento vegetal. Las hortalizas que no se cultivan en la isla son muy caras. Aparte de la patata, batatas, remolacha, coles, zanahorias y el inhame aficano, que son locales, los precios de las lechugas, tomates, puerros… que se ven en los mercados y supemercados suelen ser como de delicatessen. Para contrarrestar, se encuentran los más exquisitos plátanos, maracuyás, dulces piñas y jugosas naranjas regionales tirados de precio.

El sistema de cultivo del vino en la isla de Pico está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Las viñas se plantan en parcelas de basalto y el esfuerzo de siglos por arrancar de este suelo de rocas negras tan buenas uvas se premia con un vino magnífico. El 80 por ciento del que se produce en las Azores es de la isla de Pico. Pero también se cultiva en las islas de São Miguel, Terceira y Graciosa. Hay que probar el vino de cheiro, afrutado, de pocos grados. En general, son mejores los blancos, pero también hay muy buenos tintos; siempre a buen precio.

Para terminar, el té. Las Azores son el único lugar de Europa donde se cultiva, aún por métodos tradicionales, sin herbicidas, plaguicidas ni pesticidas; un producto excelente.

4. El agua

Las Azores no solo están rodeadas de agua por todas partes, como corresponde, también están salpicadas por un montón de lagos y pequeñas lagunas. En ocasiones hay masas de agua en inmensos cráteres de volcanes, aguas termales que bullen aquí y allá, manantiales, cascadas, lagos y lagoas para bañarse o para refrescar la mirada. Los turistas de playa también tienen muchas oportunidades aquí: las hay de fina arena negra y de color dorado, sobre todo en las islas de Faial y Santa María.

Abundan también las piscinas naturales, esos sitios que, como en Tenerife, permiten un baño templado y protegido donde las rocas de lava formaron grandes bañeras separadas del mar bravío. Casi todas las localidades costeras tienen su zona de baño, natural o apañada por alcaldes amables.

5. Su patrimonio cultural

Tener tan solo cinco siglos de historia humana no ha privado a estas islas de contar con un buen patrimonio. Angra do Heroísmo, en Terceira, es Patrimonio Mundial para la UNESCO, con sus casas repintadas que recuerdan mucho al sur de Portugal.

Hay muchas iglesias, siempre abiertas y gratuitas, algunas del siglo XV. Y es que en las Azores no es que sean religiosos, es que lo son muchísimo; sobre todo, fans declarados del Espíritu Santo. A él le dedican lo que aquí llaman impérios, que son unas capillitas inaccesibles que solo abren en sus fiestas, que consisten, primero, por supuesto, en los actos propios de la devoción, y luego ya en ponerse hasta arriba de comer, beber y pasarlo en grande.

Las Azores lo ofrecen todo para el turismo de cualquier preferencia: aventura, sostenible, rural, cultural, gastronómico, de dolce far niente… Se nos ocurren muchas más excusas para ir, pero nos han pedido cinco.

5 respuestas a 5 tentaciones de las Azores

  1. Gabriela Domingo dijo:

    Excelente reportaje y fotos.

  2. gabriela dijo:

    ¡Maravilloso! Gracias por este post.

  3. Isabel dijo:

    ¡Muchas gracias por mostrarme estos lugares desconocidos para mí hasta ahora, con tan bellas fotos y en cinco precisas pinceladas!

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