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Portugal en furgoneta (despacio por El Alentejo)

Esta parte de la Península, afortunadamente al resguardo de desmanes turísticos, invita a detenerse y a disfrutar de otra manera.

Hay medios rápidos. Trenes, aviones, e incluso, coches ultrarrápidos. Pero el placer es detenerse, recorrer apenas 15 kilómetros y decidir que por hoy es suficiente. Cada viaje tiene un ritmo del mismo modo que tiene su propia naturaleza. En furgoneta, recorrer Portugal y especialmente El Alentejo, es sencillamente inolvidable. Incluso en agosto; y qué decir de la nueva estación, el otoño. Él tiene otro ritmo.

Desde Madrid, la primera parada es Évora (http://es.wikipedia.org/wiki/Évora). Porque ya se recorrieron muchos kilómetros y porque al caer la noche invita a callejear sin prisa. Esta ciudad conserva restos celtas, romanos, árabes, judíos y cristianos. Fue residencia de los reyes de Portugal y en sus edificios se adivina la influencia arquitectónica de Brasil. No nos iremos sin volver, una vez más, al Templo de Diana.

En furgoneta, cualquier destino es sinónimo de libertad. En tus manos está elegir carreteras principales o secundarias; entrar o no en aquel municipio recomendado, claro, en la famosa guía (que con frecuencia peca de exceso de emoción) y decidir desde qué atalaya asistirás al mágico espectáculo de un nuevo atardecer.

Lisboa siempre reclama una visita. La saudade envuelve a esta ciudad los 365 días del año; caliente el sol con fuerza o caiga una fina lluvia. Ella siempre es adorable.

No es preciso alejarse del centro para aparcar. A partir de ahí, sin rumbo fijo porque no es el primer contacto con la capital, por el sumo placer de recordar lugares ya conocidos, contemplar escaparates (actuales y pretéritos) y sí, en el Barrio Alto, comer lenguado con arroz, tomate y mucho cilantro en una minúscula casa de comidas llamada O Cantinho do Bem Estar.

La furgoneta te permite huir de hoteles, pensiones y otros establecimientos poco recomendables. Te brinda la posibilidad, ante todo, de despedirte de la jornada bajo cielos estrellados que nunca imaginaste y amanecer en enclaves como Cabo da Roca. Sobrecogedor, es el punto más occidental de la Europa continental. La furgoneta permite, además, llegar e irte cuando los turistas en busca de la foto desaparecieron.

Como impresiona Cabo Espichel –al oeste de Sesimbra- y su santuario y el albergue, que se construyó cuando la devoción encaminaba hasta allí a miles de fieles. El silencio tan sólo lo rompe el viento. Y en la costa vicentina, Almograve, un saliente al mar donde antes hubo dos prósperos restaurantes. A sus pies, la bravura del mar confirma quién es el más fuerte.

El Atlántico siempre impone sus normas. Suele hacerlo también en verano, pero sería un craso error no acercarse hasta sus playas, caminar sobre la arena y concederse unos minutos de paz absoluta.

Lo merecen Praia das Fricas, Melides y Furnas, esta última frente a la amable localidad de Vila Nova de Milfontes. Lo merecen éstas y otras muchas, de las que es preciso no dar demasiadas noticias para que sigan siendo así, mágicas.

Ah, y un secreto. En cualquiera de ellas, quizá aparcó una churrería ambulante y el aceite ya está hirviendo.

Y a la hora del desayuno, el almuerzo y la cena, otro gran lujo es poner la mesa junto a la furgoneta. Compartirla, quizá, con compañeros de viaje que adoran el mismo ritmo (Martín y Mabel, lo saben) y compartir quesos, ensalada con cilantro (por supuesto), paté de anchoas y, sea el momento que sea, pasteles de nata.

Portugal, en furgoneta, siguiendo el ritmo que él marca. Y siempre con un cuaderno de viaje para luego, de vuelta, recuperar aquellas sensaciones vividas.

3 respuestas a Portugal en furgoneta (despacio por El Alentejo)

  1. Paloma dijo:

    Me encanta el Alentejo. Estuvimos hace 3 años… pero pienso volver… Y tomo nota de todas las propuestas. Gracias elhedonista!

  2. Teresa Compairé dijo:

    ¡Qué apetecible propuesta!, tengo casi todo lo que necesito: tiempo, ganas, este post y una amiga con furgoneta. Me falta el cilantro y encontrar el momento pero lo buscaré, lo buscaré.

  3. El Alentejo merece ser descubierto sin prisa y apetito por ver lugares mágicos. Buen viaje.

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