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Un verano diferente en el Báltico. Insel Rügen.

A poco más de tres horas de Berlín se llega al mar Báltico. En la isla de Rügen hacemos parada y fonda. Días para desconectar totalmente. Y nos gusta,

Ahora que todo el mundo parece que le ha cogido tirria a los alemanes, por ser ellos quienes nos marcan el paso, he pensado que no les vendría mal un buen relaciones públicas, que algunas cosas buenas ya tienen, y no me refiero sólo a Goethe, Beethoven y Kraftwerk.

Así que, aprovechando el anticiclón y que medio Berlín está en Mallorca en agosto, me voy para allá a visitar a mis amigos, con la intención de contaros la cantidad de planes interesantes, divertidos y diferentes que se pueden hacer en el verano berlinés.

Nada más llegar, la canícula nos pide un cambio de planes. ¡Pero si hace más calor aquí que en la Meseta! De modo que cogemos el coche y salimos rumbo a la isla de Rügen, en pleno Báltico, a poco más de tres horas de la capital.

Rügen está situada en el land de “Meckpomm” (Mecklemburgo-Antepomerania). Tiene de todo: playas salvajes kilométricas de arena finísima, a las que accedes por el bosque y donde los alemanes de todas las edades practican lo que ellos llaman FKK (Freie Körper Kultur-Free Body Culture), o sea, nudismo; playas-balneario como Binz o Sellin, con mucha solera y el típico Strandkorb para resguardarte del viento.

La isla es ideal para hacer vela, windsurf o kite, con cantidad de bahías y lagunas interiores, y es perfecta también para el senderismo y las excursiones en bici. Hay un bus, el Radzfatz, que te lleva a ti , y a tu bici en un remolque, hasta el punto donde comienza el recorrido que hayas elegido, de entre los 6 sugeridos por toda la isla. Y luego te recogen cuando lo has terminado. Con eso te ahorras pasar por zonas con tráfico y hacer recorridos largos menos interesantes, y te permite ir a tiro fijo a la zona que más te guste. Y, además, Rügen cuenta con una costa espectacular, con acantilados deslumbrantes de tiza blanca por donde se despeñan los árboles (a más de un despistado le ha caído uno encima: ¡hay que andarse con cuidado!) y tiene bosques centenarios maravillosos en dos parques nacionales y una zona reserva de la Biosfera. Con buen tiempo, es perfecto. Claro que esto no está asegurado, y los alemanes, el pueblo que más dinero gasta en seguros de todo tipo, prefieren irse a veranear a Mallorca, por si acaso.

Como ellos tienen por costumbre hacer sus reservas con un año de antelación y estos calores no estaban previstos (y lo de improvisar se les da más bien mal), resulta que la isla no está a reventar y encontramos hospedaje sin dificultad. Podemos elegir entre un apartamento, como el Seaside Rügen, con salón y cocina en una casa restaurada en la parte vieja de Sassnitz, donde la familia Loth nos prepara un desayuno pantagruélico y delicioso en el balconcito con vistas al mar, o un Bauernhof, casa de campo tradicional donde los granjeros vecinos te suministran la leche, los huevos, la mantequilla, los panecillos, todo muy “frisch” y de producción propia, en el idílico pueblecito de Nardevitz . Por aquí veréis la terminación “vitz” por todas partes: cómo se nota el vaivén de fronteras, hoy Polonia la coloco aquí, mañana allá. Tanto Sassnitz, con su puerto desde donde zarpan los barquitos para recorrer la costa, su bonita arquitectura de madera blanca tallada como encajes, sus restaurantes de pescado y sus tiendas de artistas locales, como Nardevitz, junto al cabo Arkona, las playas salvajes de Glowe y el parque natural de Jasmund, son sitios perfectos para pasar unos días.

Una visita obligada, aunque es un espanto, es Prora, complejo arquitectónico colosal de la época nazi donde se suponía que debían pasar sus vacaciones miles y miles de trabajadores, siguiendo el lema Macht Urlaub! (¡coged vacaciones, es una orden!) y Kraft durch Freude (fortaleza a través de la alegría). Kilómetros de edificios de cemento, para que luego digan de Benidorm……

Así, entre tranquilos paseos, relajantes playas, atardeceres que se alargan durante horas, agradables cenas rodeados de alemanes educados que hablan bajito y están felices porque todo está en orden….. transcurre nuestro idílico verano prusiano. Y mientras tanto, el resto, como sardinas en lata, en Mallorca.

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