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Viajes de autor: Tánger

Primera etapa de un recorrido por ciudades y destinos vividos, llenos de gentes y rincones que nos gustan, con sugerencias personales pensadas para compartir.

“Vosotros tenéis reloj. Nosotros, tiempo”, dicen los tangerinos. Y eso es precisamente lo que hemos venido a buscar aquí: tiempo para recuperar el tiempo. Para callejear entre paredes blancas, tomar un té a la menta en una terraza asomada al Atlántico, mirar, charlar y escuchar a Samira Said con Cheb Mami y a Khaled, que aunque no sean todos marroquíes, nos da igual. Todo queda en el Magreb.

Bautizada como “La ciudad de los extranjeros”, los mitos y leyendas que rodean a Tánger siguen atrayendo aún hoy a visitantes de paso y nuevos expatriados guiados por la nostalgia. Juan Goytisolo habla de “el sueño roto”. A nosotros, por mucho que nos fascinen las novelas de Paul Bowles, gurú de poetas desarraigados, o películas como El cielo protector, de Bertolucci; por mucho que nos hubiese gustado asomarnos al Tánger de los años 40 y 50, cuando la ciudad era zona internacional donde se daban cita agentes secretos y estafadores de todo tipo y se sucedían las fiestas fastuosas con estrellas de cine, escritores y artistas, lo que realmente nos atrae hoy de Tánger es su ritmo de vida sencillo y bullicioso, sin prisas ni complicaciones. Y su tolerancia y hospitalidad, heredadas de siglos de convivencia entre culturas.

DÍA 1.- Todavía es invierno en Europa. A mediodía, en Tánger está previsto que la temperatura alcance unos deliciosos 18 grados. El cielo es de un azul potente, que contrasta con el blanco de la medina y el verde islámico de las mezquitas. Pura luz en este punto de encuentro entre el Atlántico y el Mediterráneo. Un día perfecto para explorar y husmear. Un consejo: no nos obsesionemos con visitar museos y monumentos. Tánger es, ante todo, una ciudad de sensaciones.
Y la primera, riquísima, es el desayuno en la terraza de nuestro hotel, con vistas al puerto y a la bahía. Zumo de naranja, panes y crêpes hechos en casa, como el yogur y la mermelada de higos, insuperables. Con sus colinas y miradores, la ciudad gana si la recorremos a pie. Dejemos, pues, que la medina nos engulla, para deambular sin rumbo fijo.
Creemos orientarnos: hacia arriba están la kasbah y sus murallas. Obviamente, acabamos perdiéndonos y preguntando, y eso en Marruecos tiene un peaje. Alguien muy amable nos guía hacia el Pequeño Zoco, pero, ¿no querríamos parar antes en la tienda de su tío? El ritual forma parte de la visita.
El Pequeño Zoco está tal y como debieron dejarlo William Burroughs, Jack Kerouac, Allen Ginsberg y media generación beat. Se impone una parada para tomar un té y hacer lo que todos hacen por aquí: mirar. Mejor en el Tingis, con su solera, que en el Café Central, renovado. Este lugar está lleno de mitómanos leyendo a Bowles.
A mediodía, dos buenas opciones para picar algo: Le bistrot du Petit Socco, en la propia plaza, y el mítico Hotel Continental, superviviente del XIX. Asomado al puerto de Tánger, este hotel colorista y animado ofrece muy buen couscous y tagine.
Por la tarde pasamos por la Gran Mezquita y, si se tercia, por el Museo de la Antigua Legación Americana (no siendo estadounidenses, esta parte nos la podemos saltar tranquilamente).
Pero si hay algo obligado en Tánger es contemplar la puesta de sol desde uno de los miradores que dan al puerto. Partiendo de la Gran Mezquita, vamos a parar a Bab dar Dbagh. Y nos quedamos pasmados.
Nuestro lugar favorito para un aperitivo al atardecer es la terraza del hotel Nord-Pinus, quizá el más glamuroso de toda la kasbah, que ocupa la antigua casa de un alto dignatario del sultán. Su propietaria Anne Igou domina el estilo ecléctico a la perfección, mezclando antigüedades marroquíes con telas de la India y mueble modernista europeo. En el hotel hay dos zonas para almorzar o cenar que os encantarán, una en lo que era el antiguo salón del palacio y otra en un porche acristalado donde te da la sensación de estar flotando en el aire. Ambas están abiertas a no residentes y es necesario reservar. Merece la pena.
Recientemente, el barrio de la alcazaba se ha llenado de pequeños hoteles con encanto, que ocupan palacetes donde antes residían notables y comerciantes. Aún se conserva la casa de Barbara Hutton, que Matisse inmortalizó en su cuadro El Marabú, y el antiguo Palacio del Sultán. Aparte del Nord-Pinus, hay otras tres maisons d’hôtes  que nos han enamorado: La Tangerina, Dar Sultan y Dar Nour, tres maravillosas opciones algo más asequibles, cada una con varias terracitas, habitaciones chiquitas divinamente decoradas con alfombras bereber, farolillos y colchas de colores espectaculares. La Tangerina, de Farida y Jürgen, tiene además un pequeño hammam en su interior. Dar Sultan, más escondida en el interior de la kasbah, es íntima y misteriosa. Y Dar Nour ocupa varias casas en forma de torres interconectadas donde las habitaciones tienen un encanto infinito y donde ver amanecer desde la terraza-mirador es algo mágico. El trato familiar, el servicio, las vistas y el desayuno hacen que la elección nos resulte muy difícil. ¡Nos quedaríamos a vivir aquí para siempre!

DÍA 2.- Hemos decidido ir de excursión hasta el Cabo Espartel y la playa de Sidi Kacem, de modo que nos lanzamos a la carretera con Omán, un buen taxista que se va a hacer cargo de nosotros durante unos días y con el que nos escaparemos también a Asilah o a Chefchaouen. Comodísimo: ya no tenemos que discutir con nadie más.
La excursión al Faro del Cabo Espartel, a una media hora de Tánger, no puede ser más bonita. Las playas a este lado del Estrecho son tan fantásticas como las de Bolonia o El Palmar en Cádiz.
Volveremos a comienzos de verano, seguro, para visitar la zona en pleno apogeo y quizá darnos el lujazo de alojarnos en el fabuloso hotel Le Mirage, que estos días está cerrado. Aunque ahora todo está casi desierto, éste es “el” sitio de veraneo. Nos comentan que hasta el rey Mohamed VI tiene aquí una de sus residencias.
El restaurante L’Ocèan sí está abierto. Es un sitio idílico, los calamares están riquísimos, también la cerveza local (Casablanca, what else?) y además no es caro y sus dueños, Philippe y Rèmi son muy simpáticos. Si váis en verano, disfrutaréis del Club de Plage que han montado frente a su restaurante.
Como dato curioso, resulta que al lado hay unas casas que están en el chasis, puro hormigón. Parece ser que Felipe González compró un terreno para construir, le dijeron que lo iban a recalificar, y la cosa quedó en agua de borrajas.
Antes de regresar a Tánger, pasamos a conocer el hotel Villa Joséphine. Nos habían hablado maravillas de sus jardines y terrazas y no exageraban: esto un auténtico paraíso. Villa Joséphine está en la Vieille Montagne, una zona residencial con fincas y villas para quitar el hipo, con 100 años de solera. Sin duda, la dirección más sibarita, privada, bella y tranquila de todo el norte de África.

DÍA 3.- Hoy toca ir de compras. Aquí se vende de todo y a cualquier hora del día o de la noche. Con regateo incluido, preveo que nos darán las uvas.
Os vamos a facilitar las cosas:
– Bazar Tindouf, en la rue de la Liberté, frente al Minzah. Una auténtica cueva de Alí Babá. Dos puertas más allá, la Galería Tindouf, una tienda de antigüedades donde todavía se pueden encontrar objetos únicos.
Perfumería Madini. Visita obligada. Replican todos los perfumes de todas las marcas conocidas.
Moroccan Natural Secrets, y sus famosas cremas de argan.
Las chicas de Tánger. Tienda-café simpática con un poco de todo. Las chicas, tres socias, han heredado la casa de la abuela y le han dado un aire europeo. Se ha convertido en lugar de encuentro.
– La ecléctica y divina tienda de Laure Welfling en la plaza de la Kasbah. Entre telas y muebles maravillosos, encontraréis los originales cuencos y platos de cerámica que fabrica el marido de Laure.
A mediodía paramos donde mejor nos pille: en el Gran Zoco, la Plaza del 9 de abril, lleno de restaurantes locales y cafés, como el del Cinema Rif, otra institución, renovado con aportaciones desinteresadas de tangerinos y expatriados y punto de encuentro de la gente “cool”. En el Rif está la filmoteca de Tánger. O en Le coeur de Tanger, justo encima del Café de Paris (otra parada obligada).
Mención especial merece, por supuesto, El Minzah, hotel emblemático donde los haya. Algunos decidirán montar aquí su base de operaciones. Es “el” hotel de Tánger, con una ubicación perfecta, a dos pasos de la plaza de Francia y sus famosos cafés, y a otros dos de la Medina. Aunque El Minzah ha perdido parte de su esplendor, nos encantan su piscina rodeada de palmeras y plantas tropicales y el couscous a mediodía, uno de los mejores que hemos probado nunca. Nos cuentan que Ava Gardner, Ian Fleming y Francis Bacon, entre muchos otros, pisaron en su día el piano-bar del Minzah.
Si de pronto os apetece buena cocina italiana, dos direcciones recomendables: Anna e Paolo y Pasta Cosí.
Entre tiendas, edificios de la época del Protectorado, art-deco y estilo mozárabe, pasamos la tarde.
Ha llegado el momento pastelería. Si los cafés son mayoritariamente de hombres, aquí entra todo el mundo. La Española es todo un clásico y la favorita de Juanita Narboni, heroína del escritor Angel Vázquez. L’Italienne es algo más lujosa. Entre sus pastelillos marroquíes, nos quedamos con el khaab al ghazal o cuerno de gacela, con forma de media luna y relleno de pasta de almendra. Por cierto, si algún chico se dirige a tí llamándote “gazelle”, que sepas que te está piropeando.
Al atardecer, nuevamente otro de nuestros grandes favoritos: el también legendario Café Hafa, en el barrio de Marshan junto a las ruinas fenicias. Parece un anfiteatro con sus múltiples terrazas con vistas al mar. Un lugar muy especial donde solía instalarse Bowles. Si te gusta fumar, aprovecha: éste es el sitio.
Después de este día agotador, nos merecemos un hammam. Si estáis alojados en La Tangerina, lo tenéis fácil. Sino, dejaros aconsejar en vuestro hotel.
Y para cenar, nada como hacerlo en casa. Marruecos tiene una de las mejores cocinas del mundo, y si tenéis la suerte de que vuestros amigos marroquíes os inviten a cenar o que os preparen algo en vuestro hotelito, con productos recién traídos del mercado esa misma mañana, seréis plenamente felices.

Por si queréis alargar vuestra estancia , os dejamos un par de sugerencias más:
– la terraza des Paresseux (Perezosos), por sus vistas al atardecer y ser lugar de encuentro,
– el Museo de la Kasbah y el Museo Dar el Mandoub,
– bab el Assa, una de las puertas inmortalizadas por Henri Matisse,
– el parque de la Mendoubia,
– Fondouk Chejra, con sus telares y ruecas de madera,
– las boutiques Majid, Volubilis, Marrakech la Rouge, Coin de l’Art Berbère…., porque estamos hartos de tanta franquicia y apostamos por lo hecho a mano, y porque regatear es un arte y una forma de conocer gente en torno a un té,
– si os gusta el trajín, el puerto pesquero, en reconstrucción, es muy pintoresco, sobre todo cuando desembarcan el pescado,
– y Asilah, Larache, Tetuán y Chefchaouen…., pero eso lo dejamos ya para otro día.

Lectura recomendada: Paul Bowles, El Cielo Protector. La vida perra de Juanita Narboni, de Angel Vázquez. Me quedé en Tánger, de Luis Molinos.

7 respuestas a Viajes de autor: Tánger

  1. Bárbara dijo:

    Esto duele, Gabriela. Aunque haya nacido en París, mi corazón, lo sabes, se perdió hace tiempo en alguno de estos atardeceres.

  2. Precisamente estos días recuerdo mi viaje a Marruecos en furgoneta… los colores, olores.. y cómo me impresionó dicho país. No conocí Tanger… bonita razón para regresar.

  3. Losy dijo:

    Que recuerdos!, ganas ve volver!, que cierto lo del tiempo… lento, lento…., y cada vez más sensaciones…

  4. adela dijo:

    maravillosa invitación a visitar Tanger. Es un buena propuesta para este año

  5. Isabel Trillo dijo:

    Ante todo decirte que soy tangerina. Tengo previsto un viaje a finales de abril. Voy a casa de una amiga francesa que conserva su casa. Para nosotras es revivir la niñez, adolescencia….Tu artículo refleja lo que es Tánger. No has dejado nada en el tintero. Todos esos sitios de siempre, tan emblemáticos para los tangerinos. Bueno, si, el teatro Cervantes! Pero por otro lado das una cantidad tremenda de nuevos sitios que pienso descubrir en cuanto vaya. Un artículo precioso, interesante y atractivo. ¡Gracias y enhorabuena!

    • Miguel de Santos dijo:

      Como me gusta que, siendo tangerina, te hayamos hecho descubrir sitios nuevos.
      Muchas gracias y que disfrutes de tu viaje.
      Gabriela

  6. Chiqui dijo:

    El principal encanto de Tánger está en perderte en su Medina, y escudriñar cada rincón y cada patio. Gente encantadora a la que le agrada el interés que muestras por su ciudad y su cultura y se vuelca en compartirla.

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