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Estreno

Terence Davies esboza con su singular rúbrica un bello biopic sobre la vida de Emily Dickinson‘Historia de una pasión’ contenida

Un interesante retrato sobre la ínfima vida personal de una figura literaria de fama mundial, firmado por Terence Davies, sin duda uno de los más grandes cineastas británicos contemporáneos.

Historia de una pasión (2016) se presenta como un largo, bello, soporífero, cautivador, inteligente, pretencioso, delicado e incluso por momentos estridente biopic sobre la nada esplendorosa vida de la espléndida poeta estadounidense Emily Dickinson (1830-1886), encarnada con brío durante los primeros minutos por una estupenda Emma Bell, y con gran intensidad durante el resto del metraje por Cynthia Nixon, que se entrega en cuerpo y alma al personaje.

Un interesante retrato sobre la ínfima vida personal de una figura literaria de fama mundial, firmado por Terence Davies, sin duda uno de los más grandes cineastas británicos contemporáneos, autor de un cine evocativo, poético, dado al deslizamiento memorístico y la dilatación temporal, consiguiendo tanto en sus obras más autobiográficas –The Terence Davies Trilogy (1976-1983), Voces distantes (1988), El largo día acaba (1992)– como en sus adaptaciones más literarias –La biblia de neón (1995), La casa de la alegría (2000), The Deep Blue Sea (2011), Sunset Song (2015)– que sus quebradas historias resulten resplandecientes, de modo que el presente que cuenta, a pesar de plegarse sobre el pasado, siempre parece construirse hacia la eternidad.

Por todos es sabido que Miss Emily Dickinson vivió una existencia poco notable, a pesar de su excelencia poética. Más amante de las palabras que de las personas, provenía de una familia prestigiosa en su comunidad, pero vivió prácticamente toda su vida recluida en el hogar familiar, en su Amherst (Massachusetts) natal, donde recibió en su tierna juventud una completa educación humanística, y a la que volvió en su temprana adolescencia tras un rebatido intento de instrucción seminarista, punto en el que se inicia la historia por Davies contada. Historia de una pasión contenida, volcada sobre el papel con fervor y vertida sobre sus allegados con vehemencia, con gran sensibilidad hacia lo estético y aun mayor desdén hacia lo social, especialmente hacia los convencionalismos y las moralinas que por la época encorsetaban la vida femenina.

Y así se pasa los días, escribiendo de madrugada y hablando al alba con su risueña hermana (Jennifer Ehle), su contestado hermano (Duncan Duff), su enferma madre (Joanna Bacon), su venerable padre (Keith Carradine), su amiga en ingenio (Catherine Bailey) y el reverendo de sus amores (Eric Loren), amante de su poesía pero esposo de otra mujer (Simone Milsdochter), cuya extrema severidad beata, junto a la descarada lengua de la protagonista y su compañera del alma, introducen unas notas de humor en una película por lo demás tendente a la gravedad.

Si bien una gravedad de imagen centelleante, preciosamente esculpida en luz por Florian Hoffmeister, cuyas pictóricas composiciones enclaustran a la protagonista en un espacio donde solo los visillos de las ventanas parecen poder moverse, mecidas por la leve brisa que las traspasa. No así las facciones y los cuerpos de los personajes, siempre sumidos en una quejosa contención social que, como la métrica poética, constriñe unas experiencias siempre al borde del estallido. Inteligente administrador estilístico, Davies recurre a los movimientos de cámara en contadas ocasiones, para así hacerlos contar con sobrada eficacia: largas filigranas que acentúan el eterno presente, cortas aproximaciones que nos abalanzan hacia el futuro. Y en cambio recurre a los fundidos con premeditación y alevosía, aprovechando esos instantes de oscuridad entre escena y escena para que su relato avance de forma fluida, a pesar de sus incesantes piruetas hacia delante.

Un biopic en las antípodas de las hagiografías tan del gusto hollywoodiense, más interesado en causar una impresión del personaje que por impresionar poniendo en escena los grandes acontecimientos de su vida, en este caso parcos en acción pero sobrados de sentimiento. A pesar de unas interpretaciones por momentos demasiado teatrales, con una retórica tan rebuscadamente lenguaraz que puede llegar a saturar, y un metraje quizás demasiado largo, que en su tramo final puede llegar a cansar, la narración se desliza con soltura y delicadeza, encadenando episodios biográficos y pasajes poéticos para intentar esbozar una imagen honesta de una figura por otro lado insondable, que pasó de puntillas por la vida para dejar una profunda huella en la Historia.

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