El Hedonista El original y único desde 2011

“Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida.”. Woody Allen

Menu abrir sidebar

Estreno

Dirigida por James Gray.‘Z. La ciudad perdida’ en la imaginación

Una bella y templada fantasía selvática en forma de película de aventuras, firmada por el norteamericano James Gray.

Tras sus atinadas aproximaciones al cine policíaco —La noche es nuestra (2007)—, el drama romántico —Two Lovers (2008)— y el melodrama social —El sueño de Ellis (2013)—, el norteamericano James Gray vuelve a las pantallas con su versión particular del cine de aventuras, Z. La ciudad perdida (2017). Basada en las hazañas reales del sargento británico Percy Fawcett, que exploró a principios del siglo XX la selva del Amazonas en busca de los restos de una posible ciudad perdida, Gray propone una película bella, curiosamente templada a pesar de su temática aventurera, pero innegablemente cautivadora, merced a una fotografía brillante que hace vibrar las aguas, las hojas y las emociones, y una narración férrea con la que controla el pulso del espectador de principio a fin.

Basada en un libro David Grann, la película sigue de cerca las tres expediciones que el militar Percy Fawcett (Charlie Hunnam) emprendió a principios del siglo XX al corazón mismo del Amazonas. Presentado como un oficial brillante que anhela colgarse por fin una medalla y limpiar el nombre de su familia, Fawcett acepta en 1906 una misión diplomática que le lleva a adentrarse en la jungla boliviana para cartografiar la frontera de dicho país con Brasil, en un intento de evitar un conflicto territorial entre ambos países. Acompañado de un eficaz aide-de-camp, Henry Costin (Robert Pattinson), y un fiel soldado, Arthur Manley (Edward Ashley), consiguen llegar hasta el nacimiento mismo del río, donde encuentran restos de lo que podría ser una civilización perdida. Civilización cuya búsqueda marcará en adelante la vida de Fawcett, que sorteará las burlas de sus colegas geógrafos y sacrificará las comodidades de una vida familiar junto a su esposa Nina (Sienna Miller) para emprender dos expediciones más, la última acompañado de su hijo Jack (Tom Holland), con el que terminó perdiéndose en la oscura inmensidad de la Amazonia.

Tres viajes al corazón de la selva y uno al infierno de las trincheras, porque la Primera Guerra Mundial también se entrometió en la agenda del explorador británico, granjeándole alguna medalla y demasiadas cicatrices. Y a pesar de todos los peligros que corre en la guerra y la selva, las flechas y los dardos más peligrosos que sobrevuelan su cabeza se los lanzan en su tierra natal, a manos de algunos mal llamados hombres civilizados, que de tan honrosos y ególatras resultan salvajes. Precisamente la escena más enérgica del filme tiene lugar en la presentación de sus descubrimientos frente a una Sociedad Real de Geógrafos burlona y desdeñosa, en la que, entre gritos, improperios y sarcasmos, terminará ganándose a un peligroso benefactor, el “glorioso” James Murray (Angus Macfadyen).

A pesar de articularse como una película de exploradores, Gray mantiene siempre firme el pulso de su narración y protagonista, sin ofrecernos picos épicos ni abismos psíquicos. Si algo imprime la obra es una sensación de bella constancia, en fondo y forma. Cuando sus acompañantes están tumbados a punto de desfallecer, entre el vómito y el delirio, Percy se mantiene erguido, sólido, constante. Cuando sus acólitos alzan sus cuerpos en gesto entusiasta al alcanzar su destino, tras darlo por imposible, Percy se mantiene anclado al suelo, templado, constante. Sin exaltaciones ni arrebatos, sin titubeos ni pánicos, sin necesidad de disparos ni sablazos, lo único heroico puesto en escena por Percy es su determinación, su voluntad inquebrantable, su compromiso con una idea que dota de sentido, densidad y equilibrio su existencia, y de una innegable proporción y armonía a la narración.

Como esas obras selváticas de Henri Rousseau, prístinas, espesas y sugestivas pero tan perfectamente delineadas que resultan impermeables para el observador, Gray ofrece una película de aventuras que nunca llega a embarrar a su espectador, a pesar de arrastrar a sus protagonistas por infinidad de fangos, pero demanda sin contemplaciones que se adentre tras sus frondosas hojas, en una promesa de ilusión.

Estreno

Estreno

Colossal, de Nacho Vigalondo: de lo grande y lo pequeño

Gabriel Domenech

Parece que Nacho Vigalondo ha conseguido hacerse un hueco en el panorama USA con su primer largometraje enteramente producido en Estados Unidos. “Colossal” propone una nueva formulación del universo del director cántabro, aunque los resultados se antojan más desiguales que nunca. leer

Todo esto
y mucho más
en Estreno
+