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A tan solo hora y cuarto del aeropuerto de BoloniaCá Ottolina, nuestra casa en el Véneto

Una villa véneta en pleno campo y a menos de una hora de Verona, Vicenza o Mantua. Para compartir con amigos.

“No me lo explico. Algunos huéspedes se pasan el día en la finca. No salen ni para visitar Verona.” Umberto Polazzo, propietario de Cá Ottolina, se muestra extrañado. Nosotros no tanto, la verdad. Aunque tengamos Verona, Vicenza, Mantua o el Lago de Garda a menos de una hora de distancia, en Cá Ottolina se está tan bien que uno llega, se instala, y se olvida del resto del mundo.

Cá Ottolina es una villa véneta del siglo XVII, de unas 100 hectáreas, situada en un entorno rural de la provincia de Verona, en la zona más llana entre los ríos Adige y Po. Se alquila en su totalidad y tiene 8 dormitorios dobles enormes distribuidos en dos plantas, cada uno con su baño en suite, cuatro amplias zonas de estar (uno de los salones, con chimenea), cocina, comedor y jardín inmenso con árboles y frutales. Cá Ottolina es perfecta para compartir con los amigos o con la familia, abuelos, primos y tíos incluidos. O para organizar estancias con cursos de yoga, de fotografía, de cocina… El espacio está abierto a la imaginación de sus ocupantes.

Desde sus orígenes, la finca Cá Ottolina perteneció a la familia de Umberto Polazzo, veronés de pura cepa, agricultor y artista. Él y su mujer Isabel, española, se han dedicado durante cuatro años a restaurar la villa con sumo cuidado, devolviéndola a su estado original y eliminando tabiques y falsos techos que colocaron ahí los últimos inquilinos, tres familias campesinas que vivieron en Cá Ottolina antes de que la villa pasase a manos de Umberto. Cuando heredó la finca en 1990, Umberto decidió convertirla en un alojamiento de turismo rural. “Disfrutar de una villa en pleno campo, pudiendo visitar un día Verona, otro día Vicenza o Mantua e incluso para los más animados hacer “Venecia en el día” fue lo que nos llevó  a reformar Cá Ottolina”.

Cá Ottolina se disfruta al máximo desde la primavera hasta bien entrado el otoño. En la finca se producen cereales y tabaco y hay muchos frutales (cerezos, perales). Por la zona encontramos también extensos campos de arroz, uno de los cultivos más emblemáticos de esta región atravesada por ríos, canales y acequias. El majestuoso rio Adige o Adigio llega desde Verona cargado de agua de los Alpes e invita a dar un paseo por sus orillas, a pie o en bicicleta, al amanecer o al atardecer.

En Cá Ottolina siguen funcionando los antiguos secaderos de tabaco. En ellos y en las distintas naves de la finca, Umberto organiza anualmente, cada último fin de semana de junio, la feria de arte ARTFARM. En esta feria internacional de arte contemporáneo exponen artistas austriacos, españoles, italianos…. que han dejado su huella por toda la casa: encontramos obras vanguardistas en cualquier rincón y diseminadas por el jardín!

Guía hedonista de la región
Es fácil sentirse un lugareño en Cá Ottolina. Umberto, Isabel y Michael, el guardés, nos introducen en la vida cotidiana desde el primer momento. Ya sabemos que para comprar el pan, ir al super o a tomar un helado, conviene acercarse a Minerbe, a 5 minutos de casa. En Cerea, a 15 minutos, suele haber mercado de frutas y verduras, excelentes, como no podía ser de otra manera en Italia.

1.- La ubicación perfecta para recorrer la región
En un radio de entre media hora y una hora en coche, podemos visitar ciudades encantadoras y ricas en historia y que encierran tesoros del arte romano, medieval y renacentista italiano, como Verona, Vicenza, Padua, Ferrara o Mantua (y Sabbioneta). O acercarnos, pasando por el encantador y minúsculo pueblo de Borghetto, hasta Sirmione, a orillas del Lago de Garda. Un plan muy especial es ir a pasar el día a Venecia: dejamos el coche en la estación de San Bonifacio, a veinte minutos de casa, y desde ahí vamos cómodamente en tren hasta el mismo centro de Venecia (una hora y cuarto de trayecto, aproximadamente).

2.- Una excursión recomendable por los alrededores
Hay infinidad. Al margen de las bellísimas ciudades que hemos mencionado y que son la quintaesencia de la cultura y el arte del buen vivir italianos, muy cerca de Cá Ottolina encontramos dos villas de Palladio. Desde Montagnana, un pequeño pueblo que es una joya amurallada, llegamos a Villa Pisani en Bagnolo di Lonigo. Esta villa es propiedad particular, pero se pueden visitar la planta baja y los jardines. No respondemos de la exposición que se exhiba en cada momento: el día de nuestra visita había “obras de arte” como para echar a correr. Y ya en la provincia de Vicenza seguimos hacia Poiana Maggiore para visitar la segunda villa palladiana, Villa Poiana. Suele estar cerrada y hay que llamar antes para reservar (0039 0444898554).

3.- El aperitivo
El domingo vamos a tomar el aperitivo a Minerbe, cerquita de casa, a sólo 3kms. Minerbe es un típico pueblo de arquitectura véneta. En la logia del Restaurante Dreams nos tomamos… lo típico: un “sprizzato con Aperol”. Los domingos, el pueblo está animado ya que hay mercado. Por supuesto, no podemos dejar de visitar Montagnana y probar su riquísimo jamón (aunque no tiene nada que ver con nuestro jabugo pata negra). En la plaza, Duomo es un lugar perfecto para ver pasar gente y admirar la original fachada de la catedral gótica. De regreso a casa, pasamos por la charcutería “Bottega Mantoan” para proveernos de los mejores productos de la región (cierra los miércoles por la tarde).

Otro día saldremos por la tarde a Soave, subiremos hasta el castillo y al atardecer pararemos a tomar un vino blanco DOC de Soave, delicioso, o un tinto Valpolicella Classico. Nos encanta l’Osteria di Via Roma en Soave, por sus vinos y por los pintxos cortesía de la casa. Cenar en plan informal en la terracita que da a la calle, en pleno verano, es una maravilla. Estos italianos ya van reconociendo que los españoles “también” tenemos excelentes productos, y aquí ofrecen hasta anchoas de Santoña. Ha costado, pero lo vamos consiguiendo! Otro local simpático para tomar un vino es el Casablanca, pegadito a L’Osteria di Via Roma. Y además está la bodega Cantine Pieropan, desde 1880.

4.- De compras
Otro día nos detendremos a hablar más de Verona, pero ya vamos anunciando que en el Corso Santa Anastasia-Porta Borsari-Corso Cavour están las tiendas más maravillosas y especiales, ajenas a cualquier tipo de franquicia. En Corso Anastasia está también uno de nuestros restaurantes informales favoritos: Parma a tavola, la mejor pasta al ragú del mundo, por no hablar de los tortelloni de espárragos….
Y como a Isabel, la mujer de Umberto, le encanta la ropa, nos acercamos con ella hasta Diffusione Tessile, el outlet que tiene algunas prendas de Max Mara. Está en Via Padana Inferiore 15, en la salida de Legnago hacia Cerea.

5.- Salir a comer
Para darnos un homenaje vamos a Roverchiara, a La Locanda le 4 Ciacole. Tiziano nos introduce en un mundo de sabores auténticos. Nos encantan los ravioli carbonara con espárragos y verduritas o el risotto con su guiso de temporada. Otras veces nos gusta ir a la Cascina del Conte en Albaredo d’Adige y atravesar su misterioso sendero arbolado para tomar unas pizzas finitas riquísimas junto al jardín. Este es un lugar muy familiar a precios razonables. En Montagnana vamos a Tomanin, un local antiguo con mucho sabor, donde tampoco falta el famoso jamón de Montagnana.

6.- Un buen plan
Un plan estupendo es ir a Verona, pasear por Piazza Erbe y Piazza Brá y luego descansar en los Giardini Giusti entre cipreses, divertirse en su laberinto y subir a lo más alto, al Belvedere del Castel San Pietro, donde el mascarón de piedra escupía fuego allá por el 1500.

7.- La puesta de sol
Si Zeffirelli escogió Montagnana para rodar Romeo y Julieta, por algo será. ¡Si, Montagnana es muy romántica! La puesta de sol desde las murallas es inolvidable.

8.- De copas
Las copas se pueden tomar en muchos sitios pero a nosotros nos encanta tomárnoslas en Cá Ottolina con los amigos. Es tan espaciosa y agradable en verano, en el campo y al aire libre…. que realmente no se nos ha perdido nada fuera. Mientras tanto Michael, el guardés, nos puede preparar una pizza en el horno de leña diseñado por Umberto como obra de arte para una de sus exposiciones.

9.- Una dirección muy secreta
Si un día nos apetece cenar en casa sin tener que cocinar, podemos avisar a un chef para que venga a prepararnos una cena típica veronesa a base de risotto de radicchio rosso, la especialidad del Véneto.

Contacto: Marco Polazzo marcopolazzo@hotmail.com
Más información en la página de Villa Cá Ottolina en airbnb

Air Nostrum vuela a Bolonia desde Madrid todos los días de la semana. La compañía enlaza el aeropuerto de Adolfo Suárez Barajas con el de Guglielmo Marconi con tres frecuencias diarias. Dispone de un vuelo matinal (9.45 horas), un segundo a primera hora de la tarde (16 horas) y un último al anochecer (20.40 horas). La ruta está atendida por reactores CRJ de Bombardier de 90 y 100 plazas que hacen el trayecto en algo menos de dos horas y media. El aeropuerto de Bolonia está a solo 1 hora y cuarto de Cá Ottolina.

Nota: para moverse por la región es imprescindible el GPS. Hay cientos de caminitos que llevan todos al mismo sitio, dando uno o varios rodeos.

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