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“Para ser realmente grande, hay que estar con la gente, no por encima de ella.”. Montesquieu

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Cala Grande

No es preciso esperar a la llegada del verano para re-enamorase de Cabo de Gata. En Las Negras, este hotel no cierra. Y si el viento se empeña en demostrar su bravura, nos quedaremos dentro.

Fuera de temporada, los lugares mágicos son más especiales. Vivir y viajar a contracorriente temporal es un lujo al alcance de algunos. El resto atiende a los ciclos, periodos y momentos establecidos. Cabo de Gata es bello siempre, pero cuando las posibilidades de cruzarse con alguien en una playa se reducen, lo es más. Sí, somos egoístas. Lo sabemos.

No importa que la temperatura del agua no invite al baño. El aire, la luz, la sal que impregna el ambiente siguen siendo especiales. Así debe serlo cuando hay tantas personas que han abandonado su otra vida para trasladarse a este rincón de aspecto lunar, desértico. Ingleses, alemanes y también españoles han decidido que su retiro vital no tiene razón de ser si no es aquí. Nosotros les envidiamos. Seamos sinceros.

Cabo de Gata es salvaje, sereno y espectacular. En el pequeño pueblo de Las Negras existe un refugio llamado Cala Grande, desde el que se observa la playa, el ritmo sosegado o intranquilo del mar, según decida.

A partir de octubre, la mayoría de los restaurantes están cerrados, los bares otrora llenos de alegría bajaron la persiana, pero merece la pena ir. Cala Grande cuenta con habitaciones funcionales, cero pretenciosas, pero con todo lo preciso para sentirse feliz. Tiene, además, restaurante –Mandrágora-, gimnasio y un spa en el que abandonarse.

Y, desde este campamento base, volver o pisar por vez primera la arena de El Playazo, Mónsul, Los Genoveses… Antes, una parada en El Campillo de Rodalquilar, en La Despensa, esa suerte de tiendita de Antonio y Javier (que también lo dejaron todo para llegar hasta ese lugar). Hay buenos vinos, fruta, pan, galletas que derrochan mantequilla, magdalenas horneadas hace un ratito, quesos… Multitud de bocados para un picnic de esos que quedan en el recuerdo. Como Cabo de Gata, destino al que siempre deseamos volver.

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