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En el casco histórico de PalmaHotel Convent de la Missió y Simply Fosh

Un hotel monacal y un restaurante con estrella Michelin, la excusa perfecta para volar a Palma sin esperar al verano.

Cuesta un poco encontrar el Convent de la Missió en el casco viejo de Palma, y se agradece. Está escondido en una tranquila y estrecha callejuela, de las muchas que serpentean por este barrio. La entrada es también angosta y discreta. Una vez en su interior, el espacio se abre, se eleva y se ilumina: hacia la inmaculada recepción, al antiguo refectorio de techos abovedados, hacia el patio interior que asciende hasta el cielo. En este espacio monacal todo discurre de puertas adentro y la paz y el silencio perduran en él desde finales del XVII. Hasta hoy.

Si al llegar nos topamos además con Antoni Esteva, propietario, arquitecto y artífice de esta obra, estaremos de suerte. Antoni Esteva nos habla del edificio, donde formaban a los padres paulinos antes de partir a las misiones, de cómo durante la posguerra el convento fue escuela y más tarde acabó siendo una ruina. Así fue como lo encontró este arquitecto y emprendedor. Decidió restaurarlo y convertirlo en el Convent de la Missió,  un hotel que es además punto de encuentro para el arte y la cultura, cultura gastronómica incluida.

Los encuentros se celebran en la capilla, hoy lugar de reunión. También y sobre todo en el Art Bar, el antiguo refectorio, un espacio constantemente en movimiento con exposiciones que van y vienen de diversos artistas, principalmente mallorquines. El restaurante Simply Fosh, de Marc Fosh, estrella Michelin, ejerce también de imán tanto para los foráneos como para los ciudadanos de Palma, que se acercan a mediodía para reunirse en torno al menú diario.

La arquitectura
La rehabilitación del edificio llevó casi 2 años de trabajos y ha respetado los principales espacios monacales. Se mantienen las bóvedas de marés, tan típicas en la arquitectura mallorquina; las sillerías provienen de las canteras de la isla. El spa ocupa la antigua cripta, con el pilar central. En la puerta de entrada observamos tres agujeritos en forma de rombo: ahí estaba el torno del convento. El Convent ha sido sometido recientemente a una ampliación: se han añadido habitaciones en el edificio anexo, la terraza en el piso superior es ahora más amplia y se ha construido una pequeña piscina.

El arte
Antoni Esteva es además un mecenas. Las obras de arte están presentes en cada pared y cada rincón del Convent de la Missió y en todas las habitaciones cuelga obra original. El vidrio soplado de Pere Ignasi forma una lámpara sobre la barra del bar, las obras de Guillem Nadal y Amparo Sard añaden poesía al espacio; las esculturas de Maria Lluïsa Aguiló y la fotografía de Teresa Pou nos permiten acercarnos un poco más a los artistas mallorquines.

Las habitaciones
Cada una es diferente y todas conjugan sutiles variedades de blancos, crudos y tonos arena. ¿Nuestras favoritas? La suite nº III, por su espacio diáfano, y la suite en la buhardilla, ideal para aislarse frente a una micro-terraza que es un homenaje al jardín zen.

Simply Fosh
Marc Fosh es el propietario y chef del restaurante Simply Fosh, que ocupa parte del refectorio y una amplia terraza dentro del Convent. Fue él quien abrió la veda de las estrellas Michelin en Mallorca. Este británico se instaló en España en 1991 y desde entonces desarrolla una cocina basada en el producto, de hechura moderna pero sin aspavientos, y de sabores limpios y nítidos, rotundos. Muy mediterránea.

Marc Fosh es un hombre polifacético e incansable: lo mismo dirige otros locales en Mallorca y crea los menús de Lufthansa para sus clases business y first, que ejerce de embajador mundial para la marca Braun, donde ofrece su experiencia para la creación de recetas. Por si fuera poco y le sobrase el tiempo, viaja a menudo a Moscú, donde asesora a uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Tanto ajetreo le obliga a delegar en su mano derecha, en este caso en Toni Martorell, quien empezó con Marc Fosh en 2007 y hoy ha sustituido a Marcel Ress como jefe de cocina.

Simply Fosh es un lugar distendido, dinámico. Cada noche ofrece tres menús degustación diferentes, que suelen empezar con el aceite Fosh de Alcudia y la Flor de Sal de Es Trenc y con un aperitivo: una corvina marinada en ajoblanco, por ejemplo. Y continuar con tres entrantes suculentos que combinan diferentes técnicas: un foie con mango-naranja y flor de azahar servido con una copa de Sauternes y acompañado de un pan de chocolate con sal que es un sutil encaje crujiente; una sopa ligerísima y delicada a base de patata, trufa negra, cigalas y berros, un plato portentoso al que hemos adjudicado tres corazoncitos; y una vieira a la plancha con caldo de setas salvajes, panceta, remolacha y estragón. Como platos principales, el taco perfecto de bacalao, un skrei noruego confitado en leche durante toda la noche y pochado, acompañado de un contraste genial de naranja sanguina, hinojo marino y aspic de vodka con apionabo, ahí es nada, y un lomo de cordero con toquecito de anchoa, azafrán, clorofila de pimiento rojo y verduras en versión micro. Otro de nuestros coup de coeur, sin duda. Que no nos falte de nada: hay postre y pre-postre: un cremoso de piel de naranja (que ha permanecido tres meses en salmuera), dukkah de avellana, sésamo y bergamota, la simbiosis perfecta de las dos orillas del Mediterráneo, y un bombón de mango con fruta de la pasión, kumquat y yogur al aceite de oliva.

Todas estas maravillas culinarias, con productos diez y desplegando un alarde de técnicas complejas (hasta 15 diferentes en cada plato!) y que combinan sabores manteniendo la nitidez de cada uno, a precios nada desorbitados. Es de agradecer, lo mismo que el menú que preparan a mediodía y que cambia cada semana y en torno al cual se reúne la gente de aquí.

Nuestra sugerencia hedonista: ir ahora, no esperar a que Mallorca se llene en verano.

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