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Desde la 108 del Mercer Hotel

En Barcelona, rodeado de turistas, pero en una calle que es una isla, se sitúa este estupendo cinco estrellas que recupera los valores de la hospitalidad de lo pequeño. Por muchas cosas, nos gusta, y mucho.

La habitación en la que el azar te sitúa en un hotel tiene mucho que ver con la huella que el establecimiento deja en ti. Tras casi un año de vida, no estamos aquí para descubrir seguramente uno de los mejores hoteles que actualmente hay en Barcelona, cuya rehabilitación la ha llevado a cabo Rafael Moneo. Estamos para contaros nuestra experiencia y los 6 motivos por los que el Mercer Hotel nos ha cautivado .

1. Emplazamiento. En pleno corazón del barrio Gótico de Barcelona, el hotel ocupa una casa medieval que linda con la muralla romana de Barcino, datada del siglo I (d.C). Esta muralla de hecho puede apreciarse en el patio de los naranjos donde se sirven los desayunos.

2. Decoración. De la decoración se ha ocupado la propiedad con el equipo de Gastón y Daniela. No es fácil intervenir en un espacio con tanta arquitectura singular (techos de madera datados en el s.XVIII, muros de piedra secular… ), pero sus 28 habitaciones, diferentes entre ellas con una distribución marcada por la singularidad del edificio, están unificadas por una propuesta eficaz y contemporánea que respeta la arquitectura.

3. Confortabilidad. A un hotel le pedimos 3 cosas: que esté bien mantenido, que la cama sea confortable (muy confortable) y que la ducha funcione sin demasiada complicación. En Mercer Hotel Barcelona nos complacen en todo, y mucho. Todavía recordamos su amplia cama y su sábanas de algodón (¿popelín, quizá?) suaves.

4. Servicio. Si a un hotel le pedimos que sea confortable, ya nada queremos decir si el servicio de bueno. Impecable. Jóvenes, profesionales y siempre con la información que uno desea. Y en todos los idiomas.

5. La piscina. En pleno centro de Barcelona y con piscina, pequeña pero perfecta para un aperitivo o un zuno a remojo. Indiscutible.

6. Y muy recomendable.  Todas las habitaciones están bien, muy bien diríamos. Pero recomendamos la que vivimos: la 108, porque tiene un patio de uso exclusivo que la convierte en una suite con todo el encanto; el patio tiene un perímetro de aromáticas y trepadoras que hacen muy agradable su disfrute, bien durante la noche, la hora de la siesta o la lectura. También nos gusta el desayuno que sirven espléndidamente en el Patio de los Naranjos.

Otro día hablaremos de su bar, el Vermut Mercerino; y de su estupendo restaurante, a cargo del chef Rubén Barrios. Los placeres mejor contarlos poco a poco; que las sobredosis no sientan bien.

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