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“Vamos a ser serios del modo más alegre.”. María Zambrano

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L de Libros

Lecturas para convencernos de que donde mejor se está es en casa5 libros de viaje para los que odian viajar

Propuestas de libros extraordinarios que narran viajes muy duros, para quienes no quieren o no pueden viajar en estas fechas.

Hay gente que detesta viajar. Para ellos se han escrito libros que les permiten reafirmarse en su creencia de que el viaje está lleno de peligros e incomodidades.

También hay personas que aman viajar y no pueden hacerlo en estas fechas: tienen que celebrar la Navidad en familia sí o sí. Para ellos también se han escrito estos libros de viajes terribles, un consuelo cuando preferiríamos estar en cualquier lugar del planeta mejor que en casa.

Masafuera, lejos de todo

Tras pasar unos meses de esos que no le gustan a nadie, Jonathan Franzen se propuso viajar a una pequeña isla inhóspita, eligió una llamada Alejandro Selkirk. El escritor norteamericano pensó que allí podría ponerse en contacto con la naturaleza y consigo mismo, reflexionar sobre el individualismo, practicar la soledad. Probablemente fuera el sitio más adecuado para aislarse. Allí naufragó, durante cuatro años y cuatro meses, Alexander Selkirk, un marino en el que se inspiró Daniel Defoe para contar otro viaje desafortunado donde los haya: Robinson Crusoe.

Para llegar a la isla es necesario partir de Santiago de Chile, luego tomar un vuelo hasta otra isla situada a 160 km de la costa y, una vez allí, esperar un barco que sale cuando puede y quiere para hacer una travesía de 12 horas. Es un sitio que pilla tan a trasmano de todo que los chilenos lo han rebautizado con el nombre de Masafuera.

A Franzen, un tipo raro, aficionado a observar aves y enemigo declarado de Facebook, le pareció un buen plan ir a esta isla y llevar bajo el brazo Robinson Crusoe, la novela que le había leído su padre de pequeño. Pero justo cuando va a partir, la viuda del escritor David Foster Wallace, su amigo íntimo y rival, que les había hecho la faena de suicidarse poco antes, le endosa las cenizas para que las esparza por la isla de Alejandro Selkirk o Masafuera o Más Afuera.

El relato de esta experiencia es, como todo lo que escribe el novelista norteamericano, fabuloso. Más afuera recopila varios textos, mezcla de narración y ensayo, cuenta los avatares de su viaje, el pánico cuando se queda sin batería en el GPS, la lluvia, el frío, la soledad, el miedo, el aburrimiento, la tristeza por la muerte de su amigo…

Muy buena para leer arropados con la mantita en el sofá.

«Más afuera»
Jonathan Franzen
Editorial Salamandra
352 páginas

Nunc Dimitis, el nunca te rindas de un jesuita

Javier Reverte es un viajero crónico y contagioso. Leer sus libros provoca un baile de piernas incluso en quienes odian viajar, quizá porque él siempre parece pasarlo bien y disfrutar incluso en la adversidad. Este cronista de cualquier mundo lejano relata en Dios, el diablo y la aventura las penalidades de un jesuita español, madrileño, de Olmeda de las Fuentes para más señas, que en el siglo XVII se fue a convertir infieles a Etiopía, un país que hoy sigue siendo profundamente cristiano y donde, gracias a él, se puede encontrar todavía una ciudad llamada Madrid, o algo parecido.

El jesuita Pedro Páez pasó su vida viajando, descubriendo nuevos lugares ignotos para Europa y, de paso, evangelizando a todo el que se dejaba. Debió de ser alguien realmente extraordinario, dueño de un impresionante don de gentes, o lo que ahora llamaríamos inteligencia emocional, que hablaba persa y árabe, un intelectual profundo. Pero no siempre le fue bien: heridas, enfermedades y siete años preso en una galera turca son como para no envidiarle.

Javier Reverte desmenuza su biografía y le imagina pensando «Nunc Dimitis», nunca te rindas, según el Evangelio de San Lucas. Este gran hombre es en España poco o nada conocido, por esa tendencia nuestra a olvidar injustamente a nuestros grandes viajeros.

«Dios, el diablo y la aventura»
Javier Reverte
Debolsillo
240 páginas

El último diario de un buen hombre

«Hasta el bastón es para mí una carga», anotó Livingstone en el final de sus días. El Último diario del doctor Livingstone narra el recorrido por África central realizado entre 1866 y 1873, un relato de inmensa belleza, humanidad e interés. Este médico, filántropo y teólogo se convirtió en el explorador más famoso de la historia, gracias a su fortaleza y determinación durante los 30 años de su vida que dedicó a viajar. Vivió una época en que los Gobiernos y las sociedades británicas financiaban los grandes viajes, pero eso no significaba que atravesar África sin guías ni caminos resultara sencillo.

Livingstone quería establecer rutas comerciales y misioneras en el continente africano, y en su camino descubrió las fuentes del Nilo, bautizó las cataratas Victoria, recorrió el salvaje río Zambeze, entre otras muchas hazañas de película. Pero sus viajes fueron casi siempre penosos, sorteando enfermedades, comprando esclavos para liberarlos, soportando traiciones y recorriendo un continente que tampoco ahora es fácil cruzar.

En estos días de comer por encima de nuestras posibilidades, no viene mal leer lo que Livingstone escribía en su diario: «Tengo siempre hambre, y, en vez de dormir, sueño con alimentos. El recuerdo de la carne sabrosa me viene incluso de día».

«El último diario del doctor Livingstone»
David Livingstone
Editorial Miraguano
454 páginas

Magallanes, un tipo al que todo le salía mal

Stefan Zweig fue experto en la disección de sentimientos, especialmente de los más rastreros. La biografía de Magallanes no es una mera narración de los penosos sucesos de su vida, sino también de sus miedos, sus engaños, estrategias y ambiciones.

Fernando de Magallanes, navegante portugués del siglo XV, participó de esa fiebre mundial de la época por la apropiación de nuevos territorios y riquezas. Los viajeros de entonces estaban patrocinados, generalmente, por las coronas de España o Portugal, los más grandes en el sector, y cuando descubrían nuevos mundos conseguían sustanciosos beneficios: podían quedarse con el monopolio de la explotación de una ruta, con un alto porcentaje de lo expoliado, eran nombrados gobernadores, se apropiaban riquezas, islas, territorios y hasta habitantes, además de inventar nombres para todo lo que estaba sin nombrar.

Magallanes ansiaba todo eso, pero las cosas no se le dieron bien. Empeñado en descubrir un paso entre el océano Atlántico y el Índico, sufrió tremendas calamidades, tempestades, frío, falta de alimentos, enfermedades y, lógicamente, el mosqueo de su tripulación que se amotinó contra él después de una temporada comiendo serrín y bebiendo orines.

Stefan Zweig cuenta magistralmente el infortunio de Magallanes. Descubrió un estrecho, al que puso su nombre, sí, pero que nadie utiliza. Partió con 234 hombres y tres años después regresaron solo 18, entre los que no estaba él, pero sí Juan Sebastián Elcano, que pasó a la historia con mayor gloria.

«Magallanes»
Stefan Zweig
Debate
240 páginas

El peor viaje del mundo

«La exploración polar es la forma más radical y al mismo tiempo más solitaria de pasarlo mal que se ha concebido», escribió Apsley Cherry-Garrard, superviviente de la expedición Terra Nova a la Antártida, donde murió Scott. Ese recorrido está contado en El peor viaje del mundo, un tomazo de más de 900 páginas que se disfruta y se sufre por igual.

Cherry-Garrard acababa de cumplir 24 años cuando se enroló en esta aventura. Había estudiado historia moderna y clásica, y nadie le quería en el equipo rumbo al Polo Sur, hasta el punto de que tuvo que pagar por ello. Su crónica de esta expedición angustiosa resulta fascinante. «Dante estaba en lo cierto cuando situó los círculos del hielo por debajo de los círculos de fuego», anota. Durante el viaje «más horrendo de toda la historia de la exploración» cuenta qué se siente a -50º C, describe «uno de los inviernos más horribles que Dios haya inventado» y recuerda como el día más memorable cuando cazaron una foca y al abrirla encontraron en su estómago 36 peces a medio digerir «por lo que todavía se podían comer».

Son libros de viajes tan duros que nos harán creer que donde mejor se está es en casa, aunque tengamos que escuchar, ¡otra vez!, los chistes de nuestro cuñado.

Pero, cuidado, también son libros que despiertan la pasión por la aventura. «Vaya y explore –concluye Cherry-Garrard—. Si es usted un hombre valiente, no hará nada; si es un hombre miedoso, es posible que haga mucho, pues solo los cobardes tienen necesidad de demostrar su valor».

Hala, a disfrutar de la Navidad en casa.

«El peor viaje del mundo»
Apsley Cherry-Garrard
Ediciones B
912 páginas

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