El Hedonista El original y único desde 2011

“Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida.”. Woody Allen

Menu abrir sidebar

L de Libros

La novela de “amor verdadero” o es una ñoñería o es un medicamento para curar heridas El amor en los tiempos de Grindr

Bucear el amor verdadero en las páginas de una novela o probar amores improbables en una red social. Cuestión de gustos.

Doy por hecho que todo el mundo sabe ya qué es Grindr, esa aplicación de red social para hombres homosexuales que sirve para contactar con chicos o señores que andan cerca, y quedar lo antes posible con ellos para, digamos, lo básico: follar. A veces, se utiliza para charlar y socializar, y en ocasiones sirve para enamorarse. Yo conozco una pareja gay estable que se conoció en Grindr.

Una novela muy reciente del chileno Alberto Fuguet, Sudor (Random House), refleja, entre otras cosas muy estrepitosas y entretenidas, el trajín y el lenguaje de Grindr. Fuguet descubre y aprovecha las inesperadas posibilidades literarias de una fraseología directa pero con sorprendentes hallazgos expresivos y gran capacidad de estimulación erótica. Lo mismo ocurre con el lenguaje sincopado y lleno de altibajos del WhatsApp: está feo citarse a uno mismo, pero mi penúltima novela por ahora, Otra vida para vivirla contigo (Tusquets Editores), cuenta una historia de amor entre un hombre maduro y un muchacho, una historia de amor confiada en gran medida a los secretos lingüísticos y expresivos del WhatsApp. En realidad, el WhatsApp sirve ya para mantener y contar cualquier historia de amor.

Enamorarse al menos una vez

Enamorarse está muy bien y todo el mundo – incluidos, claro, los gays, las lesbianas, los bisexuales, los transexuales y los intergénero – debería enamorarse al menos una vez en la vida. Aunque yo creo que el amor verdadero está algo sobrevalorado, enamorarse puede ser hermoso. Por supuesto, enamorarse puede implicar también no ser correspondido, pasarlo fatal, sufrir humillaciones, perder la cabeza, hacer el ridículo. Durante muchos años, ser gay – o lesbiana, etc – y enamorarse era una catástrofe sin remedio,  no había manera de que aquello saliera bien. Ahora, en muchos países, ser gay – o lesbiana, etc. – y enamorarse puede ser sin problemas un bendición. O una catástrofe. Ahora, en bastantes países todos los amores pueden ser más o menos iguales, y se pueden contar de la misma manera, incluso los amores nacidos en Grindr. Por desgracia, aún hay demasiados países en los que ser homosexual es una condena social, familiar, amorosa, y quienes viven entre la euforia, el miedo y la desesperación esos amores no pueden contarlos. Hay, no obstante, un libro editado hace poco más de un año, Los deseos afines (Editorial Dos Bigotes), con dieciocho historias emocionantes y valientes escritas por escritores y escritoras africanos que dan cuenta del amor homosexual y de la homofobia en África.

Amores verdaderos

Los expertos en psicología afirmativa para miembros de colectivo LGTBI suelen trazar un itinerario ejemplar de la experiencia amorosa cuyas fases finales se corresponden punto por punto con las de los hombres y mujeres heterosexuales que se enamoran, se casan, son felices y comen perdices. La psicología afirmativa en materia amorosa para miembros del colectivo LGTBI no toma en consideración los amores efímeros, turbulentos, difíciles, vidriosos, agónicos, insalvables. Los despachan diciendo que, en realidad, no son “amor verdadero”. Con los “amores verdaderos” no hay manera, por lo general, de escribir una novela aceptable.

La novela de “amor verdadero” o es una ñoñería, salvo casos excepcionales, o es un medicamento para curar heridas que no se curan con cataplasmas. Durante siglos, en las novelas o no existían historias de amor homosexual, o eran irremediablemente turbias, pecaminosas, imposibles. Ahora, quizás se esté pasando un poco al extremo contrario: toda historia de amor homosexual debe ser finalmente radiante, bella, conmovedora, envidiable. Los amores entre hombres en los libros de Jean Genet eran oscuros y perturbadores, la obsesión amorosa de Gustav von Aschenbach por el jovencito Tadzio en La muerte en Venecia era enfermiza, la historia de amor entre dos chicos que cuenta E.M. Forster en Maurice es una preciosidad que termina bien. Maurice ha sido, y sigue siendo, un libro muy consolador para muchos hombres gays. Las novelas de Genet o La muerte en Venecia son infinitamente mejores que Maurice.

Cuando el calendario trae los días ociosos y brillantes del verano, los lectores y lectoras del colectivo LGTBI tienen un buen catálogo en una editorial como Egales. Y autores más que recomendables: Pablo Simonetti, Luigé Martín, Villena, Molina Foix… No sé si habrá muchos hombres gays que aprovechen para leer Maurice. En cambio, Grindr echará humo. Al final, como siempre, es cuestión de gustos: habrá quien prefiera bucear en las páginas de una novela para vivir un amor que ojalá encuentre, y habrá quien, mientras da con el “amor verdadero”, prefiera no perder ni un minuto y se dedique todo el rato a probar amores improbables gracias a Grindr.

*Eduardo Mendicutti es escritor. Entre otras novelas es autor de ‘Otra vida para vivirla contigo’ (Tusquets Editores)

_________________________________
Más información sobre libros:
L Librerías independientes
_
_____________________________

L de Libros

Todo esto
y mucho más
en L de Libros
+