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L de Libros

Una cuidada edición de Editorial Páginas de EspumaEl cofre del tesoro de Stevenson

La editorial Páginas de Espuma ha publicado un estuche con tres libros de ensayos (Escribir, Viajar y Vivir), que enriquecen el conocimiento del creador de ‘La isla del tesoro’

Cuando iniciamos la aventura de publicar a Robert Louis Stevenson no sabíamos aún que el viaje duraría algo más de tres años ni que acabaríamos encontrando el “cofre del tesoro” que es este estuche con tres libros que ahora cualquier lector puede hallar en librerías.

En Editorial Páginas de Espuma ya éramos apasionados lectores de los cuentos de Stevenson –la leyenda dice que alguno de nosotros es capaz de recitar de memoria el comienzo de ‘El diablo en la botella’–, también de sus novelas y, en general, del personaje. Así que era un paso normal, por tanto, que quisiéramos incorporar uno de nuestros autores preferidos a la colección de ensayo, una lujosa ventana que se ocupa, especialmente, de publicar los textos de no ficción centrado en el “yo” más biográfico, literario y memorialístico, algo así como una cara B de los grandes autores.

Movidos por la pasión quisimos conocer todos los “trucos” que Stevenson había utilizado y localizamos unos primeros textos en los que el escocés nos desvelaba (como una suerte de taller literario a través del tiempo) los “Aspectos técnicos del estilo en la literatura”, unos “Apuntes sobre el realismo” o, abiertamente, hablarnos de “Cómo aprendió Stevenson a escribir, de modo autodidacta”.

Arramplamos con biblioteca, abrimos todos los arcones, desempolvamos los mapas y continuamos descubriendo textos maravillosos que pronto hicieron evidente que no sería este un viaje breve. Se unió a la tripulación la traductora Amelia Pérez de Villar, que ya no se bajaría del barco y se convertiría pronto en la traductora “oficial” de nuestro personaje. Muy pronto tendríamos entre las manos el tomo amarillo, reluciente como un doblón, titulado ‘Escribir. Ensayos sobre literatura’, que superaba con creces nuestra ilusión inicial, porque además de sus propios recursos de escritura, Stevenson, generosamente, nos hablaría también sobre “Los libros que me han influido”, sobre las novelas de Dumas, de Victor Hugo, las historias de Julio Verne o la obra de Edgar Allan Poe, además de confesarnos “Cómo se gestó El Señor de Ballantrae” o su primer libro ‘La isla del tesoro’.

Habíamos dado con la primera parte del botín, una maravillosa visión del escritor que era capaz de hablar de poesía de forma didáctica o de autores como Thoreau, Villon o Whitman de forma apasionada.

Pero no pudimos, aunque habíamos regresado a puerto, permanecer mucho tiempo en tierra y rápidamente nos pusimos en faena para desvelar esa otra faceta que también nos apasionaba: la del Stevenson viajero, aquel que acabaría sus días en los mares del Sur, el de las expediciones fabulosas y los viajes en burro.

Con ‘Viajar. Ensayos sobre viajes’, el segundo tomo que llevaría el color del océano, trazamos un bello mapa con el que acompañaríamos a Stevenson por mar y tierra. Desde “Edimburgo” a “Un pueblo de montaña en Francia”, desde “Davos en invierno” a “Los Alpes como estímulo”, pasando por Cockemouth y Keswick, Carrick y Galloway, conocimos una parte de Europa tan cercana a Stevenson, tan necesaria comprender algunos paisajes en las ficciones de Stevenson.

También llegamos hasta América con él, cruzamos “La antigua capital del Pacífico”, hicimos de “Emigrante amateur” hasta “Nueva York” y seguimos avanzando “A través de las llanuras”. Pero de este viaje no aprendimos solo lo que nos describía, las tierras que pisábamos gracias a estos ensayos, sino, más importante, cómo son los “Caminos”, los “Viajes a pie”, la “Salud y las montañas” y también “Sobre el disfrute de los lugares menos agradables”.

Porque los ensayos viajeros de Stevenson no son una mera descripción de los trayectos, ni una guía, sino maravillosas narraciones donde el escocés hace gala de una observación fascinante de las personas, en general, al tiempo que mezcla lo que ve con sus recuerdos y vivencias, viaje y vida.

Y tal vez fue por eso (por eso y porque una vez que el marinero conoce el mar lo considerará ya su hogar) que no supimos detenernos, volvimos a reclutar a Amelia, desenrollar nuestros viejos mapas, coger fuerzas y lanzarnos a por la isla más misteriosa de todo el archipiélago: el propio Robert Louis Stevenson. Quisimos saber quién fue, pero a través de sus propios escritos, quién consideraba él que era, y pronto arribamos a tomo tercero, sonrosado como la piel, que llamamos ‘Vivir. Ensayos personales y biográficos’, para averiguar todo lo que pudiéramos del autor de ‘La isla del tesoro’. Desde sus “Recuerdos de un islote”, “Recuerdos de la facultad” y sus “Escritos sobre la universidad” a sus “Anales familiares”, la historia de su padre “Thomas Stevenson, ingeniero de Obras Públicas”, la fascinante historia de “El apellido Stevenson” o como eran sus antepasados, aquellos de la “Compañía de Servicio de los Faros del Norte”.

Un trayecto maravilloso en el que para hablarnos de él mismo, de cómo fue su vida, su formación, se crecimiento, el propio Stevenson necesitaba hablar de otros, cercanos, aquellos con los que vivió, pero también aquellos a los que observó y, además sin dejar de hablar nunca tampoco de viajes y literatura, nos fue describiendo como era la edad de “los juegos de niños”, cómo el “Virginibus puerisque”, “La edad provecta y la juventud”, y cómo incluso la muerte, “Aes triple”.

Toda una aventura. Un verdadero descubrimiento que nos ha permitido conocer mucho, muchísimo más a nuestro adorado escritor, que nos ha demostrado la vitalidad, el humanismo, la cercanía, y también la perfección formal, en todo aquello que escribiese.

A lo largo de tres años habíamos descubierto un tesoro que contenía literatura, aventura y vida. Escribir. Viajar. Vivir. Lo teníamos entre las manos, delante de nuestros ojos, en tres tomos, y estábamos satisfechos. En algún momento nos planteamos esconderlo de nuevo para que nadie lo descubriera, para disfrutarlo solo nosotros, pero creímos conveniente hacer lo que hemos hecho ahora: meter los tres libros en un “cofre”, estuchados, todos juntos y, sin enterrarlo, dejarlo abierto para que cualquiera pueda emprender de nuevo el viaje apasionante que comenzamos nosotros hace tres años.

(*) Juan Casamayor es editor de la Editorial Páginas de Espuma

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