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L de Libros

Un libro es un regalo perfecto para cualquier día del año, pero hoy es su díaCon el pretexto del Día del Libro…

Hay que regalar un libro, pero no cualquiera. Aquí van tres propuestas con muchas posibilidades de acertar.

Ojalá que a lo largo del año surjan muchos días para comprar libros, pero hoy es inexcusable dar y esperar que alguien nos regale la oportunidad de disfrutar de la lectura. Estas son nuestras tres propuestas. Feliz Día del Libro.

LA DESFACHATEZ INTELECTUAL
Ignacio Sánchez-Cuenca no va a hacer amigos con este libro. La desfachatez intelectual denuncia esas «afirmaciones campanudas» que hacen tipos tan valorados en nuestra sociedad como Fernando Savater, Félix de Azúa, Jon Juaristi, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Arturo Pérez Reverte, Arcadi Espada, Javier Cercas… El autor, profesor universitario de Ciencia Política, critica la falta de rigor de muchos intelectuales archiconocidos que dicen sandeces sentando cátedra. Y lo mejor es que su libro no es un «y tú más», sino una sucesión de datos, razonamientos y rigor.

Se podrá argumentar que cada uno es libre de decir lo que le venga en gana, pero hablar por hablar o porque hay que llenar la columna del día resulta peligroso, porque la voz revestida de autoridad de los intelectuales contagia opiniones a menudo injustas y, sobre todo, infundadas. «Se puede ser un gran escritor y un pésimo opinador», escribe Sánchez-Cuenca.

En los grandes periódicos extranjeros, como The New York Times, The Guardian, The Washington Post… no abundan los escritores en los periódicos, como ocurre en España, y los que hay son más rigurosos y están al tanto de las publicaciones internacionales. La prensa española muere de amiguismo, por eso da por buena la opinión sobre cualquier tema trascendente, como ETA o el independentismo de Cataluña, cuando la firman sus habituales, aunque no se hayan documentado lo suficiente, carezcan de solidez en sus argumentaciones y no aporten más que lugares comunes.

Sánchez-Cuenca no está en contra de que cualquiera opine; es más, le parece que sería empobrecedor si solo los economistas pudieran hablar de economía o los políticos de política. El debate debe estar abierto a todo el mundo, pero los escritores tendrían que documentarse antes de opinar sin ton ni son tan solo porque llevan años vendiendo libros, y los medios deberían dejar participar también a gente «menos brillante, pero más rigurosa» y con más solidez intelectual.

La desfachatez intelectual se queja de ese intelectual holístico que lo mismo opina sobre educación, sobre política o sobre fútbol sin más criterio que el suyo propio. Así compara el tono de un artículo de Pérez Reverte con el de «un borracho que continúa su perorata cuando todos los parroquianos ya han regresado a sus casas y el bar está a punto de cerrar», lamenta el tono de macho discursivo que algunos emplean y exclama: «Yo no sé cuántos artículos malos tiene que escribir Félix de Azúa sobre política antes de que alguien reconsidere su talento como articulista».

Después de leer La desfachatez intelectual , hay que sacudirse la caspa y dejar de considerar como oráculos a algunos buenos escritores que deberían quedarse en la ficción.

¿Para cuándo un libro similar sobre periodistas y tertulianos? Muchos lo estamos esperando.

La desfachatez intelectual, Ignacio Sánchez-Cuenca. Los libros de la Catarata, 2016. 226 págs. 17,50 €

EL CINE SEGÚN HITCHCOCK

Hubo un tiempo en que España entera cerraba sus salas de cine durante la Semana Santa, la tele solo emitía películas de romanos y las emisoras de radio nos amargaban la vida con las saetas. En ese panorama de congoja por decreto se recibió con inmensa alegría la publicación de El cine según Hitchcock, en 1974, una envidiable convivencia que François Truffaut tuvo con Alfred Hitchcock durante 50 horas. Quienes estaban hambrientos de un cine que fuera más allá del landismo y el destape que estalló tras tantos años de continencia abrazaron el libro como los campesinos de Delacroix a la diosa Libertad.

Alianza, la editorial de referencia de la época, nos ha dado una alegría al volver a publicar ahora esta entrevista entre maestros con motivo de su 50 aniversario. Así constatamos que la pasión con la que la leímos estaba justificada.

Este libro es sobre la cocina del cine. Hitchcock tenía 63 años y Truffaut 30. La entrevista tuvo lugar en 1962, pero se publicó cuatro años más tarde. Conversaron sobre el trabajo del consagrado director en el final de su carrera, sobre Psicosis, Los pájaros, Vértigo…, esas películas que todos hemos visto y que nunca nos importa volver a ver. La entrevista contiene las legendarias respuestas de Hitchcock, como cuando declara «La verosimilitud no me interesa. Es lo más fácil de hacer» o que el problema de los Óscar es que «van siempre a parar a las películas realizadas entre septiembre y el 31 de diciembre».

Una segunda lectura revela que el cine de Hitchcock es la puesta en escena de sus miedos y su tremendo sentido de la culpa. Al comienzo del libro narra que, con cuatro o cinco años, su padre le mandó a la comisaría con una carta. El policía la leyó y acto seguido le encerró en una celda durante unos minutos. Hitchcock no recuerda qué delito había cometido, sobre todo cuando se recuerda un niño bueno a quien su papá llamaba «ovejita sin mancha», pero quizá ahí esté el origen de sus terrores. Un padre estricto y un pequeño atemorizado. Como diría Truffaut, contó las historias más terroríficas porque fue «un miedoso obsesivo que se casó virgen a los 25 años y no conoció a otra mujer más que a la suya». Por eso «ha podido representar el homicidio y el adulterio como escándalos, solo él sabía hacerlo y únicamente él tenía el derecho de hacerlo».

El cine según Hitchcock se disfrutará más aún si se acompaña de la magnífica película Hitchcock/Truffaut, dirigida por Ken Jones, un documental franco-norteamericano estrenado este mes en España, con opiniones de Martin Scorsese, David Fincher, Kiyoshi Kurosawa, Wes Anderson…

El cine según Hitchcock, François Truffaut. Alianza Editorial, 2016. 464 págs. 12 €

MIGUEL DE CERVANTES. LA CONQUISTA DE LA IRONÍA

Ni siquiera sabemos cómo era físicamente el escritor más famoso de la historia, con perdón de Shakespeare. No existe un retrato real de Cervantes, solo copias de copias inspiradas en quien irónicamente así se describía: «Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y esos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros…».

Ignoramos mucho de Cervantes, pero en este Día del Libro, en que se conmemoran los 400 años de su muerte, Jordi Gracia ha contribuido a que sepamos algo más sobre el hombre y el escritor con una nueva biografía: Miguel de Cervantes. La conquista de la ironía.

El libro recorre toda la vida de Cervantes, sus penalidades como preso, sus problemas para publicar, la familia y las relaciones, los éxitos como escritor… y sobre todo la ironía que le salva, esa misma que nos enamora.

Jordi Gracia se ha contagiado del estilo cervantino, y lo que cuenta no está reñido con las muchas citas y extractos de sus escritos que van trufando la biografía. Se agradece la cohesión textual Cervantes-Gracia.

Aunque en muchas ocasiones se avise al lector de que no hay más certeza de lo ocurrido que la esperanza de que Cervantes contara su realidad en la escritura de ficción, se non è vero, è ben trovato y resulta verosímil. Con este libro se pasa bien, que es mucho decir de una biografía de esta erudición, y los amantes de la ironía lo van a disfrutar mucho más. El autor, además, contagia la admiración por ese hombre tan excepcional como su escritura.

Merece la pena abundar en este cuarto centenario de Cervantes con una visita a la exposición de la Biblioteca Nacional. Vayan con tiempo.

Miguel de Cervantes. La conquista de la ironía. Jordi Gracia. Taurus, 2016. 466 págs. 23,90 €

Un libro es un regalo perfecto para cualquier día del año. Hoy, además, tenemos un pretexto.

Una respuesta a Con el pretexto del Día del Libro…

  1. gabriela dijo:

    Genia, Ana Cañizal.

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