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Con Ian Gibson, autor de ‘Yo, Rubén Darío’

“España necesita muchísimas biografías” dice en esta entrevista el autor irlandés experto en escribirlas afincado en nuestro país .

Cuando era un adolescente comenzó a estudiar español para leer unos versos que le atraían. En 1978, cuando iba a cumplir 40, se trasladó a un país en cambio. Granada primero y luego Madrid han sido los territorios de andanza e investigación de Ian Gibson, irlandés que ya forma parte del paisaje madrileño. A los ochenta años de la muerte de Lorca, el hombre que más lo ha estudiado y escrito sobre él reedita este año cuatro libros sobre el poeta, y otros tres, entre ellos, la novela sobre Rubén Darío escrita en primera persona.

¿Es este el año Lorca o el año Gibson?

¡Es el año de muchas cosas, como cualquier año! El 80 aniversario del inicio de la Guerra Civil y del asesinato del poeta entre ellas. Es cierto que van a salir seis o siete libros míos en nuevas ediciones. Me complace porque significa, así lo espero, poder llegar a lectores nuevos.

‘Yo, Rubén Darío’. ¿Biografía, novela o crónica?

Una mezcla. Sobre todo es un homenaje muy personal al poeta que fue maestro de Lorca, sin quien éste no habría sido el mismo.   Al recurrir a la ficción, nada original por cierto, de unas memorias de ultratumba me he sentido muy libre para aunar datos biográficos auténticos con escenas inventadas.

Invierte gran cantidad de tiempo en investigar las vidas que nos cuenta. Lorca le llevó medio siglo, Machado siete años, ¿y Rubén?

¡Hay que ser un loco! No lo haces si no estás obsesionado con el personaje, hacer una biografía por encargo acerca de alguien que no me fascinara sería imposible. No ha mencionado mi biografía de Dalí, ¡me llevó diez años y no se habría podido hacer sin el apoyo de un editor neoyorquino, otro londinense y la BBC, que hizo un documental presentado por mí. Escribir una biografía puede costar una fortuna. ¿Y quién paga? En cuanto a Rubén Darío, escribí el libro en ocho meses pero había pasado décadas leyéndolo y estudiándolo.

Antonio Machado era, nos dijo, un hombre marcado por la soledad. ¿Cómo fue Rubén Darío?

A diferencia de su hermano Manuel, que le llevaba once años, Antonio llevaba dentro una gran soledad. Creo que como niño se sintió abandonado. Por algo tituló ‘Soledades’ su primer librito de versos. El temperamento de Darío es más explosivo, más volcánico (debido, decía, a ser Nicaragua territorio en extremo sísmico). Su vida amorosa fue desastrosa, su segundo matrimonio un desastre que le persiguió hasta la muerte.

¿Este libro es más sobre el hombre o sobre el poeta?

Es un libro muy pequeño en que ambos están inextricablemente mezclados. Mi esperanza es que alguien, después de leerlo, sienta la necesidad de internarse en la poesía rubeniana.

¿Qué ha descubierto sobre él, qué nos descubre?

He descubierto que es, en el fondo, un gran niño que nunca perdió el terror a la muerte ni abandonó la búsqueda de la princesa ideal hondamente deseada y nunca encontrada.

¿Esa imagen de hombre de la bohemia, con sus amigos modernistas y señoritos, cuánto tiene de verdadera?

Bueno, tuvo vocación de bohemio y su verdadera iniciación ocurre en el París de 1893, cuando Alejando Sawa y Enrique Gómez Carrillo le presentan a su gran héroe, Paul Verlaine, y conoce el mundo literario y lúdico de la capital francesa. Sentía “nostalgia” de París antes de conocerlo. Aquellos dos meses le marcaron para el resto de sus días.

¿Cómo le influyó su vida en España?

Mucho. Era muy consciente de haber fundado un movimiento literario renovador, necesario también en España. Valera le hizo una reseña estupenda de ‘Azul’ que le abrió todas las puertas. Aquí tuvo estupendos amigos, entre ellos los Machado y Valle-Inclán, aquí encontró a su pareja, Francisca Sánchez, aquí fue aceptado como el gran poeta que era…

Su mujer española nunca ha sido valorada. ¿Cómo fue la relación con ella?

Nunca se pudo casar con ella porque su segunda mujer, Rosario Murillo, se negó hasta el final a facilitarle un divorcio. Francisca  le ayudó mucho, todo lo que pudo, pero era una campesina analfabeta, no le podía acompañar intelectualmente y hubo siempre graves problemas económicos, con el agravante del alcoholismo de Rubén, que daba lugar a veces a escenas atroces. En el fondo él soñaba con una maravillosa artista aristocrática -¡probablemente rica!- con quien ir por la vida. No la encontró. Su novela incompleta, ‘La isla del oro’, gira en torno al tema.

¿Y cómo influyó el poeta en la literatura?

Casi todos los poetas de la Generación del 27 reconocieron su influencia. Dámaso Alonso, Pedro Salinas, Bergamín, Cernuda, Aleixandre y, sobre todo, García Lorca, que no habría sido el mismo si no conoce, justo cuando la necesitaba, la obra de Darío.   Hay un libro de éste, ‘Los raros’ –viñetas de poetas y artistas bohemios franceses- que leyó fascinado. ¡También lo leí fascinado yo!

¿Está maltratada la figura de Rubén, como poeta fácil y sentimental?

Sospecho que sí. Es mucho más que un poeta fácil y sentimental, desde luego. Ahí está ‘Cantos de vida y esperanza’, donde revela la profundidad de su alma’.

¿Quién lee hoy su obra?

Creo que, fuera de su nativa Nicaragua, está bastante olvidado, demasiado olvidado, aunque tampoco puedo asegurarlo. Lo que sí me consta es que en el mundo anglosajón apenas se le conoce. Como tampoco conocen a Machado o a los poetas de la llamada Generación del 27, con la excepción, claro, de García Lorca. Es una pena.

Hay ahora un impulso de la poesía entre los jóvenes. ¿Tienen influencia de Lorca, Machado y Darío?

No soy yo para contestar satisfactoriamente, pues apenas les conozco, para que voy a aparentar. Todos los poetas están en deuda con otros poetas. Darío con Víctor Hugo, Lorca con Darío, Verlaine con Baudelaire. Intuyo que Machado está más presente entre los jóvenes que Rubén.

¿Es cierto que la primera obra que leyó en español fue ‘Azul’?

Sí, gracias a un maravilloso hispanista, Donald Shaw, que ahora está en Estados Unidos, apasionado estudioso y “fan” del modernismo. Fue uno de mis profesores. Leí la obrita fascinado, con la ayuda de un diccionario (no sabía casi nada todavía del idioma español, aunque sí francés). Me abrió los ojos a un mundo para mí -pequeño irlandés cohibido- muy incitante, muy sensual, muy desconocido.

Nos dijo hace un tiempo que no volvería a escribir biografías. ¿Sigue vigente aquella frase?

Sí, sigue vigente. ¡Ya tengo 76 años, casi 77!  Si calculamos que una biografía necesita cinco años o así, como mínimo, comprenderá que no tengo muchas ganas de embarcarme en otra. Además, con los tiempos que corren, nadie me da a financiar un proyecto así. Cada biografía mía ha costado una fortuna, entre anticipos, subvenciones, becas y lo que he puesto de lo mío. Ya no sirvo para más trotes así. No pude terminar la de Buñuel (solo llega hasta 1939) por falta de medios y apoyos. Una pena. Repito que España necesita muchas, muchísimas biografías, pero que sin la ayuda del poderoso caballero no son posibles.

Entre sus libros sobre Lorca está ‘Poeta en Granada. Paseos con Federico García Lorca’. ¿Sigue siendo el poeta su amor?

Sí, sigue siendo para mí el más grande. He hecho este libro para que quienes le admiran puedan conocer mejor los lugares granadinos que le inspiraron y que frecuentó. Especialmente la Vega. Hay que tener en cuenta que todo lo que escribió lo hizo en solo veinte años y que la Vega, donde pasó los primeros once, es raíz más honda. Luego vino la ciudad y todo lo que conllevaba de historia y de arte y, también, de angustia. Lorca está con la Granada que se perdió para siempre en 1492, que yo diría es casi, casi la protagonista de su obra aunque no de manera explícita, claro.

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