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L de Libros

"Se puede encontrar en lo cotidiano el misterio de lo desconocido”Ismael Serrano publica ‘Ahora que la vida’

El cantautor madrileño publica en libro de poemas con el amor como telón de fondo.

Ismael Serrano (Madrid, 1974) es conocido por su voz y por sus letras, estrofas de cantautor con causa política y social, causas dormidas y permanentes, en un denuncia de quienes, en palabras de Camus, padecen la historia.

Ahora el cantautor madrileño vuelve a la poesía pero cambia de formato y, en vez de un disco, pone letra a un libro, Ahora que la vida (Frida) en el que canta, siguiendo a Miguel Hernández, a esas guerras que tienen sentido cuando es amor la empresa.

¿Qué se siente cantando en el Estadio Nacional de Chile, ante cientos de miles de personas al Che Guevara? Era 1997?
Fue en mi primera visita a Chile. Apenas había salido mi primer disco, Atrapados en azul, y Ángel Parra me invitaba a un homenaje al Che. Compartí escenario con cantantes chilenos y unos cuantos trovadores cubanos que venían a participar, entre los que estaba Silvio Rodríguez. Era difícil atemperar los nervios en una circunstancia así, ante miles de personas y compartiendo escenario con músicos que eran referentes con los que había crecido. Recuerdo bajar llorando del escenario después de cantar. Era un sueño cumplido.

Hiciste soñar hablando de “esa historia tan bonita de gendarmes y fascistas y estudiantes con flequillo”, donde repasabas los iconos revolucionarios de la segunda mitad del siglo pasado. ¿Esa canción te ha marcado siempre?
Esa canción abría mi primer disco y supuso mi carta de presentación. Recuerdo el debate con la discográfica a la hora de elegir el sencillo. Yo quería que fuese esa canción y no una de amor porque quería que se me identificara con la canción de autor tradicional, esa que más allá de lo sentimental y lo amoroso era capaz de tener una mirada crítica hacia la realidad social, una conciencia política.

Es curioso porque no todo el mundo supo entender la ironía de aquel “papá, cuéntame otra vez…”. La interpretaban como un ejercicio de nostalgia cuando precisamente lo que reprochaba era eso, la posición acomodaticia y nostálgica de quienes habían construido un relato complaciente de un tiempo terrible y maravilloso, omitiendo la parte de renuncia que tuvo todo aquello: muchos sueños se olvidaron en un rincón haciendo que el mundo que otorgaban a sus hijos, nosotros, fuera muy diferente a aquel por el cual habían luchado.

En ese mismo disco hablabas de algo fundamental en tus letras: el vértigo, la carrera de la vida, ¿un cierto pesimismo?
¡Pesimismo nunca! Más bien al contrario, siempre hay un empeño por abrir ventanas a la esperanza. Aun cuando retrato una realidad desigual e injusta. Sí es cierto que se componen canciones para combatir los miedos. Y que veces esos miedos llenan de solemnidad y tristeza algunas canciones. El cantautor tiende a ponerse tremendo y a veces se instala en el lamento. La edad me ha enseñado que a veces eso nos aleja del resto de la gente y de que vuelve el mensaje algo hermético y cansino. No está de más defender la alegría en las canciones a la manera de Mario Benedetti: como una trinchera, como un derecho.

Tuviste que ir al norte para buscar “una canción y una cruz” y lo que encuentras es una fantástica historia, ¿quizás de amor?
La historia de amor es casi una excusa para hacer repaso de las referencias compartidas a uno y otro lado del océano. La mayor parte de mis referencias están allí: literarias (descubrí la poesía de la mano de escritores americanos como Mario Benedetti, Jaime Sabines, Pablo Neruda, César Vallejo), musicales (Silvio, Victor Jara, Caetano), ideológicas (los movimientos indigenistas, el Che, las madres de la Plaza de Mayo…).

Las madres de mayo, ese desgarrador “quién pudo arrojar miles de ángeles desde el cielo” continua tú denuncia. Pero cada vez te centras más en América. ¿España y Europa aburren?
No me aburre. Y menos ahora. Hasta ahora Europa parecía un gran museo donde el debate de las ideas se había abandonado. Se había construido un espejismo complaciente que no respondía a la realidad: Europa avanzaba hacia la crisis y los ajustes de manera implacable. La crisis era predecible, las desigualdades crecían, el estado del bienestar era permanentemente cuestionado como viable sin que hubiera causas para hacerlo… Ahora las cosas han cambiado.

Pero sí es cierto que durante un tiempo América Latina era un continente vivo en lo que respecta al debate político, cultural, social… La asimetría que padecía una sociedad tan desigual obligaba a ello. Y hacia allí mirábamos buscando referentes morales sintiéndonos huérfanos en ese sentido a este lado del océano.

“Pequeña criatura, la esencia más pura va en frasco pequeño”. ¿Necesitas cantarle al amor ante la tristeza que provoca denunciar sabiendo que posiblemente nada cambie?
Cantamos al desamor para encontrar una cierta belleza entre el escombro, para sabernos capaces de crear algo bello desde la derrota, para sentirnos menos solos. Sabernos acompañados en la adversidad nos hace entender que podemos cambiar las cosas, que contamos con la complicidad de otros para ello. Y esto vale también para el amor.

“Somos el rumor en el silencio”. ¿Llegará el día de la ira, ya llegó, la gente está harta?
Creo que sí. Harta pero también esperanzada. Sobre todo la gente más joven. Un sentimiento de oportunidad está en el ánimo de las generaciones emergentes que asumen un protagonismo político inédito en mucho tiempo.

La gente está harta de sentirse desamparada, harta de una élite política que ha olvidado su vocación de servicio público para ponerse al servicio de intereses corporativos que nada tienen que ver con el bienestar de la ciudadanía.

Y ahora, ¿por qué un libro?
¿Y por qué no?

¿Será parecido, diferente, qué nos cuenta?
Supongo que parecido. Gran parte de mis canciones nacen de algunos de estos poemas. Quizá resulte algo más hermético que una canción, tan sujeta a la rima y que tiene elementos melódicos y armónicos con los que defenderse. Pero el espíritu es el mismo.

¿Nos habla de amor o de guerra?
De las guerras que solo tienen sentido cuando el amor es la empresa (Miguel Hernández dixit)

¿Cómo ves la poesía hoy en España y en el mundo?
Las nuevas redes sociales han abierto la posibilidad de que nuevas generaciones se acerquen al lenguaje poético y lean y escriban versos. Y eso es genial porque de repente el “oficialismo literario”, el establishment de los premios literarios y las editoriales tradicionales ven rota su hegemonía y resulta divertido verles fruncir el entrecejo mientras se preguntan quiénes son esos intrusos recién llegados y se les llena la boca de exabruptos solemnes y lecciones de poesía nunca pedidas.
Pero a veces me da la sensación de que sobran poetas y falta poesía. La poesía ha de tener la ambición de trascender, trascender al poeta, al propio poema, al propio mensaje inmediato. Se abandona esa ambición y a veces se queda en un efectismo válido para el grafitti pero lejos de la hondura que requiere un poema.
Las redes sociales nos obligan a encapsular el mensaje (140 caracteres) y de manera inconsciente encapsulamos también lo que sentimos. Se pierde complejidad, matiz. La interpretación se vuelve lineal, de un solo camino y la poesía se llena de artificios que pretenden ser efectistas y se quedan en poco. Queremos parir aforismos porque nuestro déficit de atención continua no nos permite la calma y el tiempo que exige un poema que necesita de otro tipo de mirada. Soñamos con muchachas que escriban nuestros versos en sus carpetas, pero no estaría de más tener en cuenta que la poesía nace de un diálogo íntimo con uno mismo y del empeño de encontrar en lo cotidiano ese misterio de lo desconocido que no somos capaces de ver de forma inmediata.

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