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‘Los ángeles feroces’ es la última novela de José OvejeroJosé Ovejero y el futuro imperfecto

El autor regresa con ‘Los ángeles feroces’, novela entre distópica y social, que publica Galaxia Gutenberg.

Desde que José Ovejero (Madrid, 1958) diera su primer libro a imprenta (China para hipocondríacos, 1998), un libro de viajes que se alzó con el premio Grandes viajeros, ha navegado con soltura por distintos géneros. Ensayo, poesía, relato, teatro y, sobre todo, novela, han hecho del polifacético autor de ‘La invención del amor’ un nombre reconocido.

Ahora, el premio Anagrama de Ensayo 2012 y Alfaguara de Novela 2013, regresa a la ficción con ‘Los ángeles feroces’ (Galaxia Gutenberg), una novela distópica donde el futuro y el presente convergen y muestran una sociedad fracturada, con ciudadanos marginados pero controlados por un Big Brother tecnológico y sin escrúpulos.

– Casualidad o producto de la globalización, Alegría, esa joven protagonista desvalida y fuerte, con una sangre especial que todos buscan, tiene un aire Murakami.
No soy un gran lector de Murakami, he leído algunos libros suyos, como ‘Sputnik, mi amor’, pero no me interesó lo suficiente.

– Se lee en una de las primeras páginas: ‘No hay nada peor que quien todavía cree’. ¿Podría decirse lo contrario?
No siempre lo que piensa el escritor es lo que piensan los personajes. Aunque no esté totalmente de acuerdo, puede interesarme la idea. Ahora hay una ausencia de ideología y solo reaccionamos a lo puntual: a los refugiados, a la corrupción… A menudo las ideologías se han utilizado como coartada, ni siquiera quienes las han utilizado han creído en ellas. Más que creer en ideologías hay que luchar por cosas concretas.

– Algo tiene ‘Los ángeles feroces’ de novela social.
Una novela social ya no puede escribirse como hace cuarenta años, no puedes centrarte en la explotación de un determinado grupo o país; todo pasa en todas partes, por eso la novela que quiera hoy ser social tiene que estar en todas partes.

– Escribe sobre un futuro que no lo es.
Sí, parece el futuro pero no lo es. En el libro se dice que el tiempo es un invento de los poderosos, es de lo que habla la novela; todo ocurre ahora, el futuro es el presente.

– Dice en la novela que no es libro apocalíptico pero hay un camino a eso…
Antes de escribir tenía en mente una novela de ciencia ficción pero, al comenzar, me di cuenta de que no me interesaba ese camino y, al final, de lo distópico me he quedado con la sombra. Todo lo que ocurre en la novela ya ha ocurrido.

– Tal vez no haya, todavía, tantos marginados. ¿Vamos a una sociedad de excluidos?
Si no le ponemos remedio… Cada vez se libera más mano de obra; nos dicen que no hay dinero, se va recortando en lo que necesita la gente a la que vamos excluyendo, tenemos más ricos y más pobres… ese es el camino por el que vamos.

– ¿Un mundo dirigido por manipuladores de adn y rastreadores de datos?
El control es ahora mayor y se persigue más a quien se descontrola… ya se persigue lo que se pone en Facebook. Pero lo interesante es que a toda acción sigue una reacción, así que veremos si somos capaces de conseguir esa reacción y cómo.

Dice un personaje, AM: “Mi forma de rebelarme es ser feliz”. Pero en un momento se plantea cortarse las venas.
Me interesa la felicidad si no la entendemos como anestesia, como esa cosa tontorrona, como aceptación de la competencia feroz que quieren imponerte, sino como forma de buscar un sitio en el que estás bien: esa es la felicidad que me interesa. Antes, ser feliz se asemejaba a conformarse; ahora, es una forma de rebelión.

– Tus últimas novelas se han ido enriqueciendo con el uso del diálogo.
Sí, son algo fundamental. Desde ’Las vidas ajenas’ han ido ganando importancia como instrumento narrativo.

– Empezaste con la literatura de viajes y te has lanzado a todos los registros. ¿Es experimentación, cansancio de los géneros?
Cada cosa tiene su momento, no es que me sienta mejor con uno u otro, van surgiendo ideas y proyectos y cada uno tiene su forma, como (el poemario) ‘Nueva guía del Museo del Prado’.

– A todos los registros y todos con éxito: media docena de premios.
Si me mido con quien era hace veinte años, estoy satisfecho de haber conseguido un cierto interés de los lectores…

– ¿Lo sabes por ellos?
Los lectores son un grupo confuso y, aunque no tengo mucha relación con ellos, recibo algo por Facebook. He descubierto que tengo lectores más jóvenes de lo que pensaba, como comprobé con ‘La invención del amor’.

– Se dice mucho que los jóvenes no se preocupan por saber pero en tu libro se muestra que la ignorancia no tiene edad.
Vivimos en ese mundo global en el que parece que lo sabemos todo pero, en realidad, todos sabemos solo unas poquitas cosas.

– Te has hecho, además de autor, actor de tu propia obra, ¿o no es esa la mejor definición de tu nuevo proyecto?
‘Qué raros son los hombres’ no es declamación, no es lectura, es una interpretación sobre cuentos míos: yo soy un personaje. Es una experiencia muy interesante, y no solo en el momento en que lo haces, donde el público reacciona y bebes de su reacción. La interpretación me lleva a pensar sobre el lenguaje, qué frases adapto, cuáles cambio…

– ¿Podemos verte en España?
Ahora me voy a Puerto Rico y a Pensilvania a representarlo, en España aún no lo he hecho.

– ¿Qué autores disfrutas más?
Soy omnívoro, no tengo una generación, un género o un espacio concretos pero tengo autores admirados como Don DeLillo, Primo Levi o Alice Munro.

– ¿Qué libro recomiendas a los lectores?
Uno reciente de Fernanda Melchor, ‘Falsa liebre’.

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