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“Para ser realmente grande, hay que estar con la gente, no por encima de ella.”. Montesquieu

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L de Libros

Mamá, ¿qué lees?

Un libro absolutamente recomendable que habla de la pasión por la lectura y de cómo ésta crea lazos que van más allá de la vida.

Me parece que una de las preguntas más despreocupadas y maravillosas que dos personas pueden hacerse es: “¿Qué estás leyendo?”, si se hace, claro, sin la sobreactuada carga repipi que por tontuna medioambiental va incluida en las situaciones en que dicha cuestión suele realizarse.

Conviene puntualizar el contexto porque este es un libro para leer desde la inocencia, sin ambiciones de listas literarias ni exigencias de estilo.

El autor, Will Schwalbe, se ha dedicado toda su vida a leer, bien como periodista bien como editor. Su madre, tremenda lectora también compartió con él libros y conversaciones sobre lecturas. “No leíamos únicamente grandes libros”, explica Schwalbe, “leíamos al azar, con promiscuidad y por capricho (…). Y hablábamos de libros con la misma frecuencia que de cualquier otra cosa”.

La pasión por la lectura de madre e hijo expresa toda su intensidad cuando a ella le descubren un cáncer de páncreas, y él es el encargado de acompañarla en el interminable proceso de consultas y quimioterapia. Este libro es una deliciosa crónica-homenaje, en la que el amor por la literatura ilumina la grisura de las salas de espera mientras un abanico de recuerdos se despliega en forma de títulos: En lugar seguro, de Wallace Stegner; Los detectives salvajes, de Bolaño; Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini; La elegancia del erizo, de Muriel Barbery… Casi todos libros contemporáneos que Schwalbe nos invita a conocer a partir de un sencillo inicio de conversación tal que “¿sabes que me está encantando…? (póngase aquí el título del libro)”.

Porque: “Todos tenemos mucho más que leer de lo que podemos leer y mucho más por hacer de lo que podemos hacer. Aun así, una de las cosas que aprendí de mi madre es la siguiente: leer no es lo contrario de hacer; es lo contrario de morir. Nunca podré leer los libros preferidos de mi madre sin pensar en ella, y cuando los preste y los recomiende, sabré que con ellos va parte de lo que la constituyó; que una parte de mi madre seguirá viva en esos lectores, lectores que tal vez se sientan inspirados a amar tal como ella amó y a abordar su propia versión de lo que ella hizo en el mundo”, escribe Schwalbe.

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