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“Si te encuentras solo cuando estas solo, estas en mala compañía.”. Jean Paul Sartre

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principios que prometen (I)

Hojear libros al frescor de una buena librería es un placer cercano que tiene su punto clandestino. Seleccionamos algunos de los mejores comienzos de recientes novedades.

Explica José María Iribarren en El porqué de los dichos (Ariel) que la expresión “Al buen tuntún” equivale a las de “a la buena de Dios”, “a cierra ojos”, “a bulto”, “sin examinar las cosas”, “sin razón cierta de lo que se hace”. En 1833 (Primera Guerra Carlista) cantaba así la plebe:

Al tun-tum, al tun-tum, paliza, paliza.

Al tun-tum, al tun-tum, sablazo, sablazo.

Al tun-tum, al tun-tum, mueran curas y frailes.

Al tun-tum, al tun-tum, que defiendan a Carlos.

O sea, que al buen tuntún y su antecesor ad vultum tuum son dos variantes de la expresión adverbial “a bulto”, que significa “sin distinguir, sin premeditar, sin examinar bien las cosas”.

Pues bien, para que no te pase a ti que elijas qué leer al buen tuntún elige uno de éstos que siguen. Por sus principios les conocerás:

“La marca Heinz comercializa unas quince salsas de tomate distintas. El supermercado de Irkutsk las tiene todas y no sé cuál elegir. Ya llené seis carritos con pasta y tabasco. Me espera el camión azul. Micha, el chofer, no ha apagado el motor, y afuera hace treinta y dos grados bajo cero. Mañana nos vamos a Irkustsk. En tres días llegaremos a la cabaña, en la costa oeste del lago. Debo terminar las compras de hoy. Elijo las Tapas Super Hot de la línea Heinz. Me llevo dieciocho frascos. Tres por mes.

Quince clases de ketchup. Es por cosas así que tengo ganas de apartarme de este mundo”. La vida simple, de Sylvain Tesson. Alfaguara.

“Ésta es la historia de un hombre que participó en una competencia de baile”. Una historia sencilla, de Leila Guerriero. Anagrama.

“En el viejo Nueva York de 1850 despuntaban unas cuantas familias cuyas vidas transcurrían en plácida opulencia. Los Ralston eran una de ellas”. La solterona, de Edith Wharton. Impedimenta.

“El padre de mi madre era médico rural. Antes de la aparición de los automóviles, recorría su territorio en una calesa tirada por caballos, y antes de la aparición de las quitanieves, iba en una trineo tirado por caballos, entre ventiscas y tormentas y en mitad de la noche, para llegar a casas iluminadas con lámparas de aceite, donde el agua hervía en la cocina de leña y había sábanas de franela calentándose en el escurreplatos, para ayudar a traer al mundo a niños que luego recibirían su nombre”. Un día es un día, de Margaret Atwood. Lumen

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