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Audi Q2 1.4 TFSI 150 CV CoD S tronic Design vs MINI Countryman Cooper SD ALL4Comparamos el Audi Q2 y el MINI Countryman: Influencers

Enfrentamos a los dos únicos integrantes del segmento de los SUV urbanos Premium. Dos vehículos que llaman la atención no solo por su diseño, sino por los múltiples secretos que esconden en sus amplísimas listas de equipamiento. Audi y MINI apuestan por el estilo con sus Q2 y Countryman, respectivamente, pero, ¿cuál es el auténtico rey de la distinción?

Que los tiempos cambian, es seguro. Pero si aún te queda alguna duda, solo tienes que echar un vistazo a los dos modelos que protagonizan estas líneas para comprobar cómo el sector del automóvil, en general, y determinados fabricantes, en particular, han experimentado una significativa evolución. Hace 50 años, los MINI que rodaban por las calles excedían por poco los 3 metros de largo –el primero midió concretamente 3,06-. Ahora, dentro del catálogo de la marca inglesa existe uno que llega hasta los 4,30 metros.

Del mismo modo, cuando Audi presentó su primer Q7 en el 2006, pocos podían pensar que la firma de los cuatro aros fuera a expandirse como lo ha hecho dentro del segmento de los SUV. Más aún si tenemos en cuenta que, hace poco más de 20 años, hablar de Audi era hacerlo de una marca dedicada en exclusiva a vehículos de corte señorial y con formas de sedán. En la actualidad, la alemana cuenta en su haber con cuatro modelos ‘Q’, a la espera de que a corto plazo aparezcan otros dos más.

El punto en común, nosotros, quienes hemos decidido enfrentar al menos MINI de todos… por tamaño, el Countryman, con el Q más minúsculo de Audi, el Q2. Quizá muchos piensen que, por tamaño ambos podrían estar catalogados en segmentos distintos, sin embargo, si uno mira la lista de todocaminos urbanos Premium, verá que estos dos son los únicos integrantes que existen. Una condición que aprovechan como un macho en celo, es decir, ofreciendo una apariencia llamativa y diferenciada.

Entran por los ojos

En este sentido, el inglés supone un perfeccionamiento de lo visto en su primera generación -que apareció en 2010 y fue actualizada en 2014-. Circunstancia que, quizá, le dé algo de ventaja frente al recién llegado Q2, sobre todo porque la inglesa asegura haber entablado conversaciones con los clientes del primer Countryman para que les expusieran sus puntos débiles. El diseño no fue uno de ellos, pues como se comprueba en nuestro protagonista mantienen la esencia del primero aunque, obviamente, mejorada.

Por fuera se respira ese ambiente robusto, con unas formas voluminosas, unos parachoques prominentes y unos pasos de rueda ensanchados. Todos los grupos ópticos han cambiado su forma y los delanteros están en consonancia con el resto de modelos de la firma, mientras que el lateral mantiene sus tres secciones acristaladas y su techo, plano, la con posibilidad de ‘colorearlo’ en negro como ocurría en nuestra unidad.

Todo ello ‘envuelto, en  una carrocería de 4,30 metros de largo que, como decíamos, le convierte en el MINI más grande de la historia, pues el anterior Countruyman se quedaba en los 4,10 metros. Esta ganancia se debe por el uso de la misma plataforma que da vida tanto al BMW Serie 2 Active Tourer como al X1. Y ya que hablamos de plataformas, decir que su rival emplea la afamada MQB del Grupo Volkswagen, la misma que sostiene al A3, al Golf, al Ateca… pero convenientemente encogida para situarse como el ‘Q’ más pequeño de todos. Así lo atestigua una longitud de 4,19 metros, 10 menos que un Q3, que, como veremos más adelante, no le impide gozar de un habitáculo incluso superior al de su hermano mayor.

Pero como sucede con el Countryman, el modelo alemán tiene en el diseño una de sus grandes bazas. Si bien ofrece un frontal poco arriesgado, con la típica parrilla Singleframe de la marca, esta es algo distinta a la que ofrecen el resto de hermanos ya que no se ‘conecta’ con los faros a través de un marco cromado. Los parachoques son igualmente voluminosos, pero menos que los de su rival, mientras que los pasos de rueda también ofrecen una protección en plástico, aunque menos gruesa que la del inglés.

Una línea de cintura que se va elevando, unido a una caída del techo más pronunciada en la parte trasera, provocan que la superficie acristalada sea menor que la del MINI, incidiendo negativamente en su visibilidad trasera pero enfatizando el carácter deportivo. Por su parte, la zaga tiene ese punto diferenciador al resto de ‘Q’ de la marca ya que no solo el pilar C ofrece una sección de color personalizable –nuestra unidad llevaba uno gris-, sino que tanto el parachoques como el portón cuentan con unas formas más abruptas que las del resto de hermanos.

Minimalismo vs diseño

De puertas para adentro, las diferencias son incluso más evidentes. Ambos presentan un salpicadero vistoso y bien cuidado, con materiales de alta calidad y ajustes precisos. No obstante, la sensación visual es que la consola central del MINI es algo más caótica. Si bien nos encanta el detalle de mantener las esferas circulares del cuadro de relojes y de la pantalla central, en modernidad el Q2 se lleva la palma, más aún si se decide equipar el cuadro de instrumentos digital Audi virtual cockpit -565 €-. Además, la consola central del alemán no solo ofrece un diseño más limpio y minimalista, sino que también está más orientado hacia el conductor. La guinda al pastel la hubiera puesto una pantalla central que pudiera manejarse tanto con el mando central como de forma táctil, como la del Countryman –con un funcionamiento espectacularmente rápido por cierto-.

En el apartado tecnológico, los dos ofrecen, en opción, múltiples elementos como la total sincronización móvil, la carga inductiva para teléfonos móviles, eñ sistema de navegación, mandos circulares con superficie táctil o un Head-up Display cuya proyección de datos se visualiza en una lámina de plástico –el Countryman lo montaba, el Audi, no-. Ahora bien, si hay algo que sabe hacer MINI es sacar una sonrisa a sus conductores. Nuestro protagonista cuenta el MINI Country Timer que, además de registrar nuestro tipo de conducción, nos informa mediante unas llamativas ilustraciones durante cuánto tiempo hemos usado la tracción 4×4 catalogándonos hasta con siete motes: Street Cruiser, Bump Roller, Slope Master, Hill Surfer, Boulder Climber, Rock Rocker y Cliff Champ.

Diferencias de espacio

Sin salir del habitáculo, toca el turno para hablar de la habitabilidad. El Q2 propone una postura de conducción más baja y deportiva con una butaca cómoda y menos dura que la del Countryman. Sin embargo, por sujeción, las butacas del Countryman abrazan mejor nuestro cuerpo. Gracias al acristalamiento del pilar C, el modelo inglés ofrece una mayor visibilidad trasera, hecho al que se suma una luneta posterior más grande y cuadrada que la del alemán.

Dando el salto a la zona trasera, los 7 centímetros adicionales de batalla que posee el Countryman y los 5 de altura general, le proporcionan una segunda fila más amplia y cómoda que la del Q2. Sin embargo, pese a sus dimensiones contenidas, el Audi sorprende por ofrecer un espacio más que de sobra para que se acomoden dos adultos de hasta 1,85 metros. Un servidor, con mis 1,79 metros de estatura iba colocado de forma confortable en cualquiera de los dos, aunque en el caso de haber ido con compañía, la balanza se hubiera decantado por el modelo inglés. Un poco más atrás, en el maletero, de nuevo el mayor tamaño del MINI le hace ganador de este duelo, pero no por mucho, ya que los 450 litros que ofrece solo suponen 45 más que los del alemán.

Los dos poseen un doble fondo que, en ambos casos está destinado al montaje de una rueda de emergencia. Sin embargo, esta desaparece en el Q2 si le equipamos con el equipo de sonido Bang&Olufsen ya que en su lugar coloca el subwoofer, mientras que en el Countryman se elimina si añadimos el denominado Picnic Bench. Se trata de un accesorio, de nuevo de esos que sacan una sonrisa, que convierte el borde de carga en un asiento mullido para que nos sentemos en él cuando estemos, por ejemplo, comiendo por el campo. Es una idea original y no demasiado cara -cuesta 150 €- pero nos hubiera gustado más que el mullido del propio asiento fuera más grueso.

De la ciudad al campo

Aunque tanto el Countryman y el Q2 son catalogados como todocaminos, lo cierto es que ambos prefieren el asfalto a los caminos de tierra. En este sentido, el británico posee unas capacidades off road ligeramente superiores, determinadas en primer lugar por una altura libre al suelo ligeramente mayor -16,5 frente a 14,7 centímetros- y porque nuestra unidad montaba la siempre efectiva tracción total ALL4. Un sistema que puede equiparse con cualquiera de las motorizaciones disponibles independientemente de si se asocian a la caja de cambios manual o automática; todo lo contrario que en el Q2, que únicamente puede añadir la tracción quattro en los dos motores diésel más potentes, el 2.0 TDI de 150 y 190 CV y siempre asociada a la transmisión automática S tronic de siete relaciones.

No es que el Countryman sea un derroche de virtudes fuera del asfalto, ya que al igual que el Q2 no ofrece un control de descenso de pendientes ni monta ruedas destinadas al uso fuera pista, pero si el terreno es propicio y no entraña demasiada dificultad, sí servirá para realizar alguna que otra escapada al monte. El sistema de tracción ALL4 reparte automáticamente la fuerza entre ambos ejes de forma eficaz, pero tras lo comprobado en la prueba, es más interesante si circulamos por carreteras de poca adherencia que por terrenos no asfaltados. Además, el escaso recorrido de su suspensión provoca que la carrocería rebote demasiado al encontrar un tramo algo más roto.

De vuelta a ‘lo negro’, ambos ofrecen un comportamiento excepcional, aunque con algunas diferencias. El MINI es un coche más duro y reactivo, como suele ser habitual en los vehículos ingleses. La suspensión es firme y la dirección responde con rapidez a las órdenes del conductor. Por su parte, el Q2 ofrece una conducción algo más suave. No por ello es menos aburrida, pero está destinada hacia un mayor confort de marcha que en su rival. Además, el aislamiento acústico es superior, circunstancia que se agradecerá a la hora de realizar un viaje largo por carretera.

Los dos cuentan con un selector de modos que varía la respuesta tanto del motor, como del acelerador y el cambio en función del programa escogido. En el Countryman hay tres, Green, Normal y Sport, que se selecciona a través de una palanca situada en la circunferencia inferior de la palanca de cambios. Por su parte, el Q2 amplía el número a cinco opciones: Efficiency, Comfort, Auto, Dynamic e Individual. Opcionalmente, ambos pueden añadir una suspensión adaptativa con diferentes niveles de dureza pero ninguno de nuestros dos protagonistas los equipaba.

Como es obvio, para encontrar las máximas sensaciones tendremos que elegir los modos Sport y Dynamic, respectivamente. Todos los parámetros se modifican para ofrecer una respuesta más inmediata y un tacto de conducción más nervioso. En este sentido, como decíamos, el comportamiento del Countryman sobresale ligeramente al de su rival alemán. Una circunstancia en la que también tiene mucho que decir el motor.

Sí, porque el inglés iba asociado al bloque diésel más potente de la gama, el 2.0 TwinPower Turbo que genera 190 CV. En cambio, el Q2 de la prueba combinaba el propulsor de gasolina 1.4 TFSI de 150 CV con sistema de desconexión de cilindros. Los dos ofrecen un empuje excepcional desde un régimen cercano a las 1.500 vueltas, aunque el mayor par del Countryman 400 Nm nos impulsará de forma más bruta hacia delante.

Eso sí, pese a tener 40 CV 150 Nm de menos, el Q2 no se achanta en absoluto ofreciendo unas prestaciones muy a la par que las de su rival, con una aceleración de 0 a 100 km/h de 8,5 segundos, 1,1 segundos más, y una punta de 212 km/h, 6 km/h menos. Además, el consumo logrado por el alemán fue ligeramente inferior, logrando una media de 6,8 l/100 km, es decir, 0,4 litros menos que en su contrincante. La causa, el exceso de peso que ha de arrastrar el Countryman, el cual declara frente a la báscula nada menos que 1.610 kilos, que vienen a ser 255 kilos más que el estilizado Q2. En lo que a confort de marcha se refiere, de nuevo el Audi despunta ligeramente ya que el bloque diésel del MINI se deja notar en exceso, sobre todo en frío y al ralentí.

En definitiva

Con todo, la elección no resulta fácil y simplemente los pequeños detalles, que son muchos, nos harán decantarnos por uno y otro. Si buscamos habitabilidad y comportamiento deportivo, las miras han de ir claramente hacia el Countryman, aunque si lo que queremos es algo de distinción y un confort de rodadura elevado, el Q2 es la opción más recomendable.

En cuanto al presupuesto, más allá de las diferencias existentes tanto en diseño, habitabilidad o comportamiento, tanto el Countryman como el Q2 sí tienen algo en común: el alto grado de personalización y de equipamiento opcional con el que cuentan. No en vano, las unidades de esta prueba incluían un equipamiento opcional cercano a los 15.000 €. Un valor quizá demasiado alto pero que tiene su razón de ser en que ambos modelos llevan adherido el término Premium a su nombre.

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