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2.0 TDCI 180 CV Powershift 4x4Probamos el Ford Kuga Vignale: Al campo, con gusto

Ford quiere que las escapadas al campo no pierdan ese toque de glamour. Así es como nació el Kuga Vignale que nosotros hemos probado en profundidad. Pasa y ponte cómodo.

Cuando en lugar de presentar tu actualización en un salón del automóvil, lo hacen en uno dedicado a la tecnología, no solo significa que el sector de la automoción está cambiando, sino que denota claramente cuáles son las intenciones que la marca tiene puestas en ti. Eso es, precisamente, lo que le sucedió al protagonista de nuestra prueba: el Ford Kuga. Tras cuatro años en el mercado, ya iba siendo hora de que el todocamino medio americano se renovara, más aún cuando el panorama SUV está últimamente tan cargado de novedades.

Sin embargo, la firma del óvalo sorprendió a todo el mundo anunciado que presentaría su renovación en el Mobile World Congress de Barcelona, concretamente en su edición de 2016. El por qué se justificaba por el importantísimo salto cualitativo que dio a nivel tecnológico –y que te contaremos más adelante-. Pero no contentos con ello, los desarrolladores de Ford decidieron que además de trasladar al conductor a una nueva era digital, también era posible hacerlo a través del lujo y el oropel. Así es como el Kuga se apuntó al club de los Vignale, o lo que es lo mismo, el de aquellos modelos de Ford con tintes algo más Premium. Así con todo, si metemos todos estos ingredientes en una coctelera, sacamos un ‘mejunje’ tan apetecible como llamativo: el Ford Kuga Vignale.

Mantiene la esencia

A grandes rasgos, los diseñadores de Ford no han querido arriesgar demasiado para así no comprometer la esencia del modelo. Más allá de los cambios efectuados en la actualización, y que afectan al frontal y a la zaga, en el caso concreto del Vignale, incorpora elementos específicos que lo diferenciarán del resto de la gama. En este sentido, vemos una parrilla hexagonal en negro mate, un mayor número de superficies cromadas o unas llantas de aleación de 18 pulgadas montadas sobre unos neumáticos en medida 235/50 R18 que poco o nada tienen de off road.

En la parte trasera el único elemento ‘distinto’ es el parachoques trasero, ya que las ópticas, más pequeñas y con una terminación ahumada, son comunes al resto de la gama. Todo ello envuelto en un ‘frasco’ que mantiene invariables sus cotas externas por lo que el Kuga se posiciona justo en el núcleo del segmento C-SUV al presentar unas dimensiones de 4,54 metros de largo, 1,85 de ancho y 1,69 de alto. Eso sí, resulta curioso que en un conjunto tan bien acabado, sobresalga una solución que, a nuestro juicio, parece realizada a última hora. Nos referimos al porta matrículas delantero, el cual, no solo está inclinado, sino que parece estar sujeto mediante dos remaches malamente puestos.

Alta costura

Más allá de ese detalle, donde realmente se nota el salto cualitativo de esta variante es en el habitáculo. Desde el primer vistazo, a través de la ventanilla resalta el tapizado de los asientos en cuero Vignale de color Blanco Cashmere que le confieren un aura realmente especial. Tanto que nos da incluso vergüenza sentarnos en ellos para no mancharlos. Las butacas son anchas aunque nos han parecido demasiado duras –también es que la unidad era relativamente nueva-, mientras que el espacio para los ocupantes traseros es más que de sobra.

Algo similar ocurre en la zona trasera, donde tres ocupantes podrán acomodarse sin demasiados problemas. Para un adulto de 1,80 metros, habrá espacio más que de sobra tanto para las piernas como para la cabeza. No en vano, según nuestras mediciones, el hueco resultante podría asentar a una persona de hasta 1,90 metros. El maletero, por su parte, quizá sea uno de los puntos flacos del modelo. Si bien se accede a través de un portón de generosas dimensiones –con una boca de carga de 110 centímetros y situada a 65 del suelo-, con accionamiento eléctrico y función manos libres –fue el primero en incorporarlo-, los 456 litros que cubica son inferiores a los de sus rivales más directos.

Volviendo al puesto de conducción, comprobaremos que el cambio más importante de este nuevo Kuga lo protagoniza la pantalla central, Ahora crece hasta las 8 pulgadas, cuando antes la más grande era de 5, y en ella se integra el sistema multimedia SYNC3, siendo el ‘culpable’ de ese cambio de salones antes comentado. Desde él, se pueden manejar casi todas las funciones del vehículo, así como sincronizar cualquier smartphone del mercado gracias al montaje tanto de Apple CarPlay como de Android Auto. El manejo es intuitivo y su funcionamiento, rápido. Si bien, el brillo de la pantalla podría ser mejor porque se nos ha antojado algo oscuro incluso en el nivel más alto; y la colocación está algo a desmano del conductor, sobre todo para acceder a los menús situados a la derecha.

Además del SYNC3, el Kuga incorpora otros elementos novedosos, como la evolución de la tecnología MyKey mediante la cual los usuarios pueden controlar el uso que los conductores más jóvenes hacen del coche limitando la velocidad, evitando que desactiven los sistemas de seguridad.

Máximo rendimiento

Si hay algo que caracteriza casi a cualquier modelo de Ford, es la dinámica de conducción. No importa si es un Fiesta, un Focus o un S-Max, que si lleva el óvalo azul en el morro, las sensaciones dinámicas serán superiores a las de la media. En el caso de nuestro protagonista, no iba a ser menos. El principal punto a favor del Kuga es que resulta un coche extremadamente confortable. Más allá de que estemos subidos a la versión más lujosa y cara, lo cierto es que la calidad de rodadura es excelente. En marcha a velocidad de crucero no se filtra casi ningún ruido externo, circunstancia que aumenta considerablemente el confort de los ocupantes.

Pero además, la exquisita puesta a punto de los ingenieros nos brinda un vehículo con una suspensión perfectamente ajustada que además de filtrar las irregularidades del terreno, evita que la carrocería esté bamboleándose al circular por zonas reviradas. Sí, porque pese a su condición de todocamino, con un centro de gravedad alto, lo cierto es que el Kuga se muestra como un coche muy capaz de realizar una conducción dinámica cuando afrontamos una carretera de montaña. No llega al nivel de un Focus o un Fiesta, pero sí es uno de los SUV que mejor comportamiento ofrecen en el paso por curva, gracias al excelente aplomo que demuestra y a una dirección que traslada con pasmosa facilidad nuestras órdenes.

Eso sí, no esperes que toda esa eficacia se traslade a terrenos no asfaltados. En este sentido, el Kuga sí echa mano de su condición de todocamino. Pese a contar con una altura libre al suelo de 197 milímetros y con unos ángulos de entrada, salida y ventral de 21, 28 y 19 grados, respectivamente, no es uno de los modelos más indicados para la conducción off road. Todo lo que se aleje del típico camino de tierra… le vendrá grande. Sin embargo, si este no es muy complicado, puede incluso hacernos sacar una sonrisa gracias al ya comentado excelente comportamiento. Además, el tener a nuestra disposición el sistema de tracción integral siempre es un plus, tanto de seguridad como de confianza.

Sobrado

Un sistema que viene asociado obligatoriamente al motor de nuestra unidad. De las cuatro opciones disponibles, dos diésel y dos de gasolina, nosotros escogimos la más potente de la primera dupla, es decir, el 2.0 TDCi de 180 CV. Un motor contundente que comienza a brillar desde un régimen medio de vueltas. No en vano, toda la potencia la entrega a 3.500 rpm, mientras que los 400 Nm de par, una cifra muy elevada, están disponibles desde las 2.000. Cifras más que suficientes para mover con soltura los 1.716 kilos que presenta frente a la báscula y que le convierten en uno de los más pesados de su categoría. Esto repercute en el consumo, el cual se quedó estancado en los 7,8 l/100 km. No es un dato demasiado malo pero, como siempre, se aleja y mucho de los 5,2 litros homologados.

En este sentido, cabe mencionar que nuestra unidad, además, estaba asociada a la transmisión automática Powershift de seis velocidades. Es un extra que cuesta 1.750 € pero merece la pena adquirirlo ya que se postula como la guinda perfecta a la combinación motor-acabado. La transición entre marchas es rápida e imperceptible y, en el caso de que queramos tomar nosotros el mando, siempre podremos hacerlo a través de las levas situadas tras el volante.

¿Echas algo en falta?

El término Vignale debería implicar que el Kuga no necesitara completarse con ningún extra opcional, más que nada porque, sin descuentos, el todocamino americano asociado a este motor y a la caja de cambios Powershift, cuesta 41.100 €. Si bien en dicho precio se incluyen innumerables elementos, como las llantas de aleación de 18 pulgadas, los faros bixenón con luz de conducción diurna LED, la tapicería de cuero, el sistema multimedia SYNC3, el portón trasero eléctrico con función manos libres, los asientos delanteros calefactables, el asistente de aparcamiento automático…; lo cierto es que todavía se puede pasar por caja para tener, al menos, la unidad que nosotros hemos probado.

Un vehículo que aumenta la factura en 4.160 €, como consecuencia de incluir la pintura blanco platino (850 €), el sistema de sonido Premium SONY con 10 altavoces, navegador y cámara trasera (350 €), el techo panorámico eléctrico (1.000 €), la alarma perimétrica y volumétrica (300 €) o el control de crucero adaptativo (750 €). Sin olvidar algunos de los paquetes disponibles, como el Estilo (250 €), con las barras de techo cromadas y los cristales traseros tintados, el Winter (450 €), compuesto por los asientos delanteros y el volante calefactados, el parabrisas térmico  y los lavafaros, o el Tech (940 €), en el que se incluye toda la dotación de seguridad del vehículo, formada por el detector de ángulo muertos, la frenada de emergencia en ciudad, la alerta activa de cambio involuntario de carril, el lector de señales de tráfico o el control automático de luces de carretera.

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