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2.0 Bóxer 200 CVProbamos el Toyota GT86: pura diversión

En plena era digital, Toyota nos propone un producto como los de ‘antaño’. El GT86 tiene todo lo que se demanda en un deportivo: diseño, sencillez y un conjunto motor-chasis que consigue una cosa: que nos divirtamos al volante… Y todo ello por un precio de derribo. Nosotros lo hemos probado y nos ha dado mucha pena tener que devolverlo.

Telefonía, relojería, informática, juguetería o automovilismo. Independientemente del sector en el que uno se encuentre, el siglo XXI está ligado inexorablemente a la digitalización. Mires donde mires, todo se maneja a través de una pantalla. Incluso los gestos han dejado de tener ese componente físico para estar rodeados de sensores que eviten que toquemos el monitor, mientras que el reconocimiento de voz nos ha permitido manejar casi cualquier ‘aparato’ con el sonido de nuestras cuerdas vocales.

Pero lejos de parecer tremendista, este comienzo no viene a ser una crítica a los tiempos modernos, sino una añoranza a la era analógica con la que un servidor creció y se crio. Por eso, cuando tengo la oportunidad de subirme a un modelo puramente analógico, mi cabeza se llena de recuerdos. Ya le dimos las gracias hace tiempo a Mazda por mantener el MX-5 con la esencia del primer Miata, agradecimiento que ahora se extiende a Toyota por haber creado el protagonista de estas líneas: el GT86.

Entra por los ojos

Un modelo que apareció en 2012 con una idea clara: recuperar la diversión al volante. Hecho que parece sencillo de realizar, pues otras marcas tienen en su haber modelos muy ‘entretenidos’, pero que Toyota supo democratizar con un vehículo que apenas superaba los 30.000 euros. Un precio de derribo por un deportivo puro, con una estética atrevida, un motor atmosférico al que le encanta subir de vueltas, un chasis estupendo y con propulsión trasera, aquella que diferencia a los coches de los deportivos. Un cóctel explosivo que ahora, cinco años después, se ha renovado ligeramente para seguir divirtiendo a sus pilotos y, de paso, ganar adeptos a la causa.

Los cambios, a simple vista, son muy leves y se ciñen delante, al retoque de los parachoques y la parrilla, a la inclusión de la tecnología Bi-LED en los faros delanteros. Detrás, los grupos ópticos también montan dicha tecnología, el difusor se ha modificado para mejorar el efecto suelo y el alerón cobra un mayor protagonismo al aumentar ligeramente su tamaño, cambiando además el material de su fabricación (ahora es de aluminio). El conjunto se redondea con unas llantas de aleación de nueva factura, de 17 pulgadas de diámetro y un diseño de 10 radios. En definitiva, una estética que derrocha deportividad por los cuatro costados, invitándonos a pasar inmediatamente a su habitáculo.

Botones, ¡qué gusto!

En él, se respira ese aire retro, espartano y sencillo. Adjetivos que no están escogidos con un significado peyorativo, todo lo contrario. El puesto de conducción es como ha de ser el de un deportivo, sin complicaciones. El salpicadero se divide en dos partes bien diferenciadas: la central, con la pantalla táctil de 6,1 pulgadas de nueva factura (por 600 euros puedes integrar el navegador y el Bluetooth avanzado) y los comandos, analógicos para la climatización; y la del conductor, con un cuadro de instrumentos que recuerda a la pegatina que llevaban los coches de juguete de mi infancia, donde todo se veía de forma clara y rápida.

Ahora bien, aunque el GT86 sea un coche meramente analógico, no significa que no pueda contar con algún que otro detalle digital. En este sentido, la pauta la marca la nueva pantalla TFT de 4,2 pulgadas situada a la derecha del velocímetro, que hace las veces de ordenador de a bordo y que ahora muestra una mayor cantidad de información, siempre enfocada a la deportividad, claro está. Prueba de ello son el gráfico con las curvas de potencia y de par, el diagrama con las fuerzas G, la información relativa a la temperatura del aceite o un cronómetro con tiempos de vuelta.

Todo ello se maneja a través de un nuevo volante, multifunción, más grueso y vistoso que el anterior, el cual, además, es el más pequeño de la historia de Toyota (tiene un diámetro de 32,6 centímetros). Podríamos entrar a valorar el ajuste de algunos materiales o la abundancia de plásticos duros, pero por mucho que lo intentáramos, no borraríamos la sonrisa de nuestra cara.

La posición de conducción es excepcional, puramente deportiva. Vamos colocados muy abajo, por el retrovisor solo vemos alerón y los asientos de corte deportivo, con tapicería mixta en tela y Alcantara y con calefacción integrada (una opción que cuesta 1.500 €), ofrecen una sujeción lateral excepcional, evitando que nos movamos cuando estamos en plena curva. Detrás, se mantienen los dos pequeños asientos (el GT86 es un cupé 2+2), sin reposacabezas, que en teoría deberían ir enfocados para niños, pero que en la práctica pueden dar cabida a adultos de hasta 1,60 metros… siempre y cuando el trayecto no vaya a ser demasiado largo. Algo parecido ocurre con el maletero, el cual se presenta con una boca estrecha e irregular, pero que ofrece un volumen de 243 litros, ideal para el transporte de dos maletas de mano y de algún que otro bulto compacto (mochila, bolso…).

Como los de antes

Pero llegamos a la parte más importante: su conducción. Con ella, el sentimiento analógico al que hacíamos referencia se enfatiza todavía más. Como hemos mencionado, estamos ante un deportivo de los de verdad con motor delantero longitudinal y propulsión posterior. La mecánica se mantiene intacta, por lo que bajo el alargado capó se encuentra el motor 2.0 de cuatro cilindros opuestos (disposición bóxer) de aspiración que genera nada menos que 200 CV. Una potencia que, como se observa en el diagrama de curvas, se entrega a nada 7.000 vueltas. Muchos pueden encontrar este detalle como incómodo, porque para que rinda, hay que llevar el motor muy alto de vueltas. Sin embargo, para quienes queremos un deportivo de pura cepa, ver subir la aguja con esa alegría es toda una delicia.

Igualmente, los 205 Nm de par máximo los entrega entre las 6.400 y las 6.600 revoluciones, aunque si te mueves en el rango de las 2.800-3.000 rpm notarás cómo el empuje es casi igual de contundente, pues tenemos a nuestra disposición casi el 95% del mismo. Ahora bien, o esperes un derroche prestacional porque el GT86 no destaca por ofrecer unas prestaciones exuberantes, porque sus 7,6 segundos para alcanzar los 0 a 100 km/h o los 226 km/h de punta, pueden dejar frío a más de uno. Sin embargo, a medida que vamos cogiendo velocidad, la mueca de nuestro rostro va cambiando, y eso que el sonido podría incluso embriagarnos más… aunque aun así nos logra cautivar (no como algunos coches turbo).

Porque el cupé japonés mitiga dichas carencias con su chasis. Los ingenieros de Toyota han revisado ciertos aspectos del mismo (con puntos adicionales de soldadura en los pasos de rueda traseros, paneles posteriores más gruesos y nuevos muelles en la suspensión) para conseguir un compromiso perfecto entre confort y radicalidad.

Que vienen curvas

Con todo, lo que demanda el GT86 es meternos de lleno en un puerto de montaña, donde las curvas adquieran todo el protagonismo. Al afrontar los primeros giros, uno se percata que no es un coche como otro cualquiera. Acostumbrados a las múltiples ayudas electrónicas que inundan los vehículos actuales, este Toyota exige a su conductor la máxima concentración. Aquí, las manos cuentan más que los pies. El GT86 empuja desde atrás y para saber ‘leerlo’ hay que estar preparado. Un simple toque de gas a destiempo y la zaga se descolocará, pero si dosificamos el acelerador, mantenemos la aguja cerca de las 7.000 vueltas y la acompañamos de un giro de volante adecuado, notaremos cómo los 4,24 metros de carrocería mantienen la trazada con una facilidad pasmosa.

Así puedes tirarte horas y horas. Frenando (el equipo de frenos es muy eficaz), reduciendo o subiendo de marcha (con una palanca tosca, dura y con recorridos cortos, exquisita vaya) y colocando el coche donde queremos gracias a la excelente dirección (con 2,4 vueltas entre topes).

Más allá del límite

Por si eso no fuera suficiente, el control de estabilidad VSC ha sido revisado por los ingenieros nipones y ahora añade una nueva función que permitirá a los conductores aumentar la permisividad del eje trasero incrementando ligeramente el sobreviraje (que se vaya de atrás). Bajo el nombre de Track, para activarlo solo tendrás que pulsar el comando situado a la derecha de la palanca de cambios el cual se encuentra serigrafiado con una bandera. Con él las ayudas están activadas, pero solo entrarán en funcionamiento cuando ‘entiendan’ que se nos ha ido de las manos. Hay que decir que es más apto para rodar por circuito o, en su defecto, por una carretea abandonada o con nula afluencia de tráfico… porque las cruzadas (controladas) se convertirán en el pan nuestro del día.

Para los pilotos más confiados, el GT86 también ofrece la posibilidad de desconectar por completo (el comando está situado a la izquierda) tanto el control de estabilidad como el de tracción. Aquí la pericia al volante será deberá aumentar varios grados ya que solo os encontraréis el coche y tú.

Uso diario

Por último, cabe mencionar que el renovado cupé de Toyota también puede servirnos para afrontar una conducción diaria. Sí, puede que su suspensión sea algo dura pero no resulta excesivamente incómoda si el trayecto lo realizamos íntegramente por autopista o autovía, todo lo contrario que por la típica circulación urbana, plagada de badenes y resaltes. En este sentido, también hay que destacar el excelente dato de consumo registrado. Si bien, con el modo sport activado en nuestro cerebro, el gasto se puede disparar hasta más allá de los 11 l/100 km (pero merece la pena), en una conducción cotidiana, no pasaremos de los 8,6 litros, un dato muy a tener en cuenta dado que la media que homologa se sitúa en 7,8 l/100 km.

‘Mi primer deportivo’

Bondades a las que, una vez más, hay que sumar el precio. Disponible únicamente bajo el acabado Sport, si echamos un vistazo a la ficha técnica veremos que el precio de partida está marcado en unos más que asequibles 32.990 euros. ¿Asequibles?, pensarán algunos. Sí, teniendo en cuenta que hay otros modelos menos potentes, menos deportivos y, sobre todo, menos divertidos, que cuestan mucho más, su precio nos permite pensar que el GT86 puede convertirse en el primer deportivo de muchos conductores jóvenes… y no tan jóvenes.

Además, Toyota ha decidido equiparlo hasta los dientes, incluyendo elementos como el control de presión de las ruedas, el climatizador automático bizona, el control de velocidad de crucero, el acceso y arranque sin llave, los faros delanteros bi-LED con lavafaros, las llantas de aleación de 17 pulgadas, sensores de lluvia y luces, sistema de sonido con seis altavoces, la pantalla táctil de 6,1 pulgadas, Bluetooth y toma USB compatible con iPod… De hecho, el listado de opciones se ciñe exclusivamente a tres elementos, la pintura metalizada (525 euros) y los elementos ya comentados: tapicería mixta y sistema multimedia Toyota Touch&Go 2 con navegador, Bluetooth avanzado y acceso a Appls. En definitiva, un productazo que parece venido de otra época pero que siempre consigue dejarte con una sonrisa en la cara.

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