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Salvatore Ferragamo, zapatero de las estrellas

La casa italiana viste desde hace años los pies más famosos del mundo, desde Ava Gardner o Marilyn Monroe y Angelina Jolie.

La casa italiana Ferragamo viste los pies más famosos del mundo desde los años veinte. Desde Ava Gardner o Marilyn Monroe a Angelina Jolie; desde Judy Garland o Eva Perón a Carla Bruni.

Hay escenas que están instaladas en el imaginario popular de una manera imperecedera. Una de esas corresponde a la famosísima secuencia de la película “La tentación vive arriba” de Billy Wilder (The Seven Year Itch, 1955) en la que Tom Ewell contempla admirado a Marilyn Monroe intentando controlar la falda blanca de tablas sobre las rejillas del metro de Nueva York. Ese vestido, quizás, sea de los más famosos de la historia del cine, ¿pero alguien se ha fijado en las sandalias blancas que llevaba la actriz? pues eran de Salvatore Ferragamo. En aquel momento, el zapatero italiano, al que sólo le quedaban cinco años para morir, fue el encargado de vestir los pies más célebres de Hollywood.

Pero su historia comenzó mucho antes, en 1898. Ferragamo nació en un pequeño pueblo napolitano: Bonito. Según cuentan, fue un niño prodigo, el undécimo de catorce hermanos. Sus primeros zapatos los confeccionó a los nueve años, para la Confirmación de dos de sus hermanas. A los catorce años, cuando la familia emigró a Boston, el joven Salvatore no dudó en trabajar junto a uno de sus hermanos en una fábrica de botas para vaqueros. Allí terminó de aprender el oficio, pero su espíritu creador buscó pronto una salida y sobre todo un objetivo. Impresionado por los brillos de la meca del cine, convenció a su familia para mudarse a California. Tras inaugurar un pequeño taller en Santa Mónica, dio por fin el salto a Hollywood, donde pronto comenzó a gozar de gran popularidad al crear zapatos para la industria cinematográfica y, cómo no, para sus estrellas.

Pese a la solvencia de sus creaciones, el resultado no era el deseado por el maestro. Aunque el diseño era impecable, la horma no era cómoda y dañaba los pies de sus clientes. Ese motivo lanzó a Ferragamo a matricularse en la Universidad del Sur de California para estudiar anatomía y así crear una horma cómoda para el uso. Tras triunfar en Estados Unidos, y con un nombre ya consolidado, el zapatero decidió volver a Italia en 1927. Florencia fue el lugar escogido para fundar su manufactura, pero sólo dos años después, con el Crack del 29, los clientes americanos dejaron de llamar y la firma quebró. Hasta que en 1936 comenzó, gracias al tesón de su fundador, a florecer de nuevo de una forma imparable hasta lo que es hoy.

A finales de los años treinta, principios de los cuarenta del pasado siglo, la complicada situación de Europa por la II Guerra Mundial (1939-1945) trajo consigo una escasez de materias primas, que obligó al zapatero italiano a echarle imaginación, convirtiendo la falta de recursos en una explosión creativa y experimental. A él le debemos los tacones y cuñas de corcho, material mucho más barato que la madera o la piel; los zapatos con trenzado de rafia para el verano, las resinas transparentes o acristaladas y la utilización del nailon o las cuñas. Sus clientes también fueron para él una fuente inagotable de inspiración.

Para Audrey Hepburn y su inolvidable papel de Holly Golightly en “Desayuno con diamantes” (Breakfast at Tiffany’s,1961) creó las delicadas bailarinas de gamuza negra que hoy son casi tan famosas como la novela de Truman Capote. O los tacones de aguja de acero que le encargó Marilyn para resultar más aun más sexy de lo que era. La más famosa de las rubias también fue la más fiel de sus clientas, que no dudó en calzar ‘ferragamos’ en momentos que, como ella, pasaron a la historia, cuando visitó a las tropas en Vietnam con sandalias doradas o para contonearse en “Con faldas y a lo loco” ( Some like it hoy, 1959). También de la fantasía de “El Mago de Oz” (Wizard of Oz, 1939) se contagió el creador que realizó para Judy Garland (Dorothy) los zapatos rojos de purpurina brillante que la conducirían a casa. Pero la lista de fans es interminable: Greta Garbo, Silvana Mangano, Ira Von Fustenberg, Ava Gardner, Sophia Loren, Lauren Bacall, Ana Magnani, Eva Perón, Lady Di… y hasta hoy, como Angelina Jolie que no ha dudado en vestir las creaciones históricas de Ferragamo en The Tourist (2010), Sarah Jessica Parker o Carla Bruni. Una popularidad digna del legado del primer “Zapatero prodigioso”.

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