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“ Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué.”. Jean Cocteau

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Autodiálogos

De estómagos felices

Desde París, nuevos restaurantes con sabores tailandeses y de jamón, de buen jamón español.

Y de Balm, un nuevo restaurante parisino con toque tailandés, o de cómo Cinco Jotas abre espacio en Galeries Lafayette.

YO MISMO: Cada vez que alguien me cuenta lo mal que come, siento una sensación rara en mi estómago.
MI OTRO YO: Eso es porque nos solemos ver reflejados en el otro…
YM: Así lo creo yo también. Suele ser cuando escuchamos atentos, con los cinco sentidos bien despiertos, lo que nos cuenta quien tenemos enfrente.
OY: El otro día te ocurrió algo de eso.
YM: Me ocurre más de una vez. Sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente muchas veces ni se para para comer.
OY: Hasta los perros acostumbran a pararse para comer.
YM: Eso nos decía aquel fotógrafo argentino que, con su chica alemana, se volvió a su Buenos Aires natal. Razón no le faltaba.
OY: Un famoso médico asiático repetía que “somos lo que comemos”.
YM: Otro día que andas de lo más citero, querido Otro Yo.
OY: Bueno, según cómo me dé…
YM: Hablemos de Balm, un nuevo restaurante con toque tailandés; guiño al origen de la mujer de Pierrick Mathon, su propietario.
OY: ¡Me cautivaron sus raviolis de foie-gras!
YM: Es un placer descubrir nuevos lugares. Además de la fusión de propuestas en la carta, la decoración y el lugar en el que está ubicado, a pocos metros del museo del Louvre, hacen del Balm un restaurante de lo más apetecible.
OY: Ese día no solo almorzamos fuera de casa.
YM: Es cierto. Luego fuimos a las oficinas de Pain, Vin & Company, un gabinete que se ocupa de comunicar sobre firmas del mundo de los vinos y la alimentación: los tés de Kusmi Tea, las infusiones de Lov Organic, el pan de especies de Marlette
OY: A mí me encantó la degustación de vinos que organizaron…
YM: Lógicamente no pudimos probar todos, por una cuestión de salud y porque llegábamos del opíparo almuerzo del Balm. Me quedaría con los champanes de pequeños productores y con el vino de Château Minuty.
OY: ¡Qué rico es ese rosado!
YM: Para colmo, ese día, nos esperaba otra cita alimentaria.
OY: ¿La de Galeries Lafayette?
YM: ¡Esa misma!
OY: Tatiana se quedó eclipsada con el jamón de Cinco Jotas.
YM: No es para menos…
OY: Tu amiga rusa ama el jamón. Encima, el que probó era de lo mejorcito…
YM: Me alegra que tengan a partir de ahora un stand-bar en Lafayette Gourmet.
OY: María Castro hablaba con pasión de sus jamones.
YM: Es la relaciones públicas que, por cierto, no solo estaba enamorada de sus productos, sino que se le abrió el cielo cuando nos vio.
OY: No exageres tampoco. ¿Lo dices porque todo el día se había pasado hablando en inglés?
YM: Hablar de jamones en inglés es como beber champán millésimé en un vaso de plástico.
OY: Nunca se me hubiera ocurrido ese paralelismo…

YM: En la presentación lafayettera también descubrimos un delicioso aceite.
OY: ¿El de los griegos?
YM: Ése, de nombre Poqa, producido de manera mecánica pero teniendo como base una oliva de la máxima calidad.
OY: Me pareció curioso que griegos y españoles estuvieran juntos.
YM: Son dos pueblos del sur, con buenos productos, de lo más exportables…
OY: Yo lo primero que pensé fue en el tema económico…
YM: Parte del problema actual puede que se deba a que unos y otros no supieron vender al mundo sus maravillas. Vamos, que hicieron todo menos tomar buen ejemplo de italianos y franceses.
OY: ¿Te refieres a un cierto complejo de inferioridad frente a otros países?
YM: Sí, unido a un carácter generoso; aunque ahora, por suerte, la cosa cambió y se ven cada vez más productos made in Spain fuera de España.
OY: Antes comentabas que no te gusta la gente que come mal.
YM: No dije eso. Dije que me pone mal cuerpo.
OY: ¿Porque te has visto reflejado?
YM: Puede que sea eso. Todos sabemos que si uno come poco o mal, el cuerpo pasa factura.
OY: ¿Hablas de gorduras?
YM: No estaba pensando en ese tema, sino en que uno, comiendo por ejemplo poco, está más expuesto a depresiones, bajadas de tensión…
OY: Una vez oí la frase de “estómagos agradecidos”.
YM: Sí. Se refería a los políticos.
OY: Bueno, entonces mejor no entramos en ese tema, que ya sé que no te va nada…
YM: La pasada semana estuve con alguien que ese día solo había ingerido una sopa de zanahoria.
OY: ¿Un pobre?
YM: No, una historiadora a la que le tientan más los libros que las cacerolas…
OY: ¿Y era mayor?
YM: Veintisiete primaveras y una sonrisa que no sé si a ella la alimentaba, pero desde luego que, a mí, sí que me alimentó.
OY: El espíritu, supongo.
YM: Un día me encantaría llevarla donde el bueno de Jean Díaz.
OY: Seguro que le gusta la cocina francesa del gallego.
YM: ¿Sabes que hablando de tanta comida me está entrando un apetito feroz?
OY: Pues, hala, a la cucina!
YM: ¿Te propongo un plan?
OY: Tú dirás.
YM: Yo cocino a condición de que tú laves los platos.
OY: ¡Trato hecho!

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