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“ Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué.”. Jean Cocteau

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Cherchez la femme

… con unas copas de champán

“Cada vez que se abre una botella de champán, hay una mujer que sonríe”. Sobre frases, burbujas y mujeres.

Una vez oí una frase entre simpática y ridícula. Me la dijo R.B., fotógrafo argentino. “Cada vez que se abre una botella de champán, hay una mujer que sonríe”. Me he acordado de ella hace un rato, en el Champs-Elysées Plaza. Por fortuna, no es el único momento en el que una mujer sonríe. G.G. me ha invitado a la inauguración de un nuevo concepto de degustación champanera. Habla español, con acento argentino. No, no tiene nada que ver con R.B. Tuvo un amor hace años de la Pampa. Así es como se aprenden bien los idiomas. Amando y siendo amado. Saludo al director general del hotel, con quien comparto la curiosidad de que Berri, el nombre de la calle, se traduciría como Nuevo en euskera.

Hay dos camareras que atienden este pequeño restaurante, de no más de veinticinco cubiertos. Las veo algo despistadas. Hoy es Henriot –más de doscientos años de historia– la marca invitada y tienen la intención de que cada primer jueves de mes haya una diferente. Eso sí, todas de gran calidad y renombre. Estoy en una mesa de cinco en la que soy el único varón. Ya dije que estar entre dos mujeres me gusta, aunque más de dos… La de mi izquierda, F.H., gran especialista en todo tipo de caldos, me cuenta que en Épernay, en el centro especializado en la materia, hay una vitrina “de los horrores”, en la que figuran productos a los que se les ha dado el nombre de champán. “Se asombraría, porque se pueden ver hasta calzoncillos o calcetines con el nombre de este espumoso vino”, comenta. Recordamos el polémico perfume Champagne de Yves Saint Laurent y su eslogan: “Pour les femmes qui pétillent” (“para las mujeres que burbujean”). A caballo entre lo poético, ridículo y simpático, como la frase del fotógrafo argentino.

He invitado a B. a acompañarme a la degustación. Podía venir acompañado y no lo dudé ni un momento. Llega casi una hora más tarde. Por suerte no teníamos que tomar un tren. Viene relinda, que también diría un argentino. Una falda rosa palo y un top fino negro. De gran calidad, junto a un Chanel, también negro, matelassé. No deja de mirar el móvil, de responder mails, sms. Está estudiando Marketing, Derecho y Business en inglés, en La Défense. Forma parte de la jeunesse dorée. Se adentra en la degustación rosé, brut y Enchanteleurs 1998. Me invita a que compartamos la última. Frente a nosotros está R., que no para de tomar notas de lo que le va contando Nadège Fourcade, directora regional de Henriot. En una de éstas, pongo el oído y me entero que cada año trabajan la friolera de ciento veinte mil personas en la vendimia champanera!

Fuera, en la calle, el cielo se muestra despejado, tras la tormenta del mediodía. Sí, está claro de que tras cualquier tormenta tarde o temprano siempre retorna la calma. Dentro, en el restaurante, la temperatura subió, por culpa de las burbujas de estos exquisitos caldos. ¿Con cuál de los tres te quedas?, me pregunta una vocecita de mujer, entre cándida y curiosa. Con la cuvée des Enchanteleurs 1998. Y, como comodín, con el rosé, respondo sin dudarlo. ¿Y el brut? No, por aquello de que no estaba a la temperatura adecuada y los dos anteriores me resultan superiores. Agradable tarde de jueves, en agradable compañía. Al final, nos quedamos B. y yo solos en la mesa. No es muy tarde, pero es momento de marcharnos. Está tan bonita y nos reímos tanto que le invito a que subamos los Campos Elíseos de la mano…

Una respuesta a … con unas copas de champán

  1. Lola Gavarrón dijo:

    El champagne es el vino que mejor le va a las mujeres in my opinion

    Y has oído eso de que a partir d ela quinta copa una mujer se vuelve imprevisible…?

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