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Cherchez la femme

… en la exposición de Balenciaga

"Los mejores lugares para encontrar mujeres solas, aparte de los templos de oración, que no frecuento, son los museos", dice el autor.

A ti maestro sabes que te admiro. Antes de entrar en esta muestra que dedican a tu faceta de recopilador de maravillas vestimentarias, observo a una mujer. Española. Lo sé porque se le acaba de caer su carnet de identidad. Una compatriota que te visita. Bueno, dos, contando conmigo; aunque ella no lo sepa. A lo largo del recorrido, mis ojos se posarán en tu obra… y en la joven, que bordea los 30. Tiene semblante serio. Demasiado serio. Va muy bien con la primera serie de las propuestas de tus archivos que se exponen, en riguroso negro. No hay espacio para el desenfreno. Tú te criaste en aquella España de mantilla, misas y curas, en aquella que conocería la miseria, aunque tú no la sufrieras.

¿Cómo se llamará esta joven? Yo le acabo de poner un nombre, D. De desconocida. Es curioso eso de observar a alguien, de seguirlo. D. va con otras tres jóvenes, en comandita. Todas extranjeras. Tienen pinta de formar parte de algún Máster internacional. El recorrido de tus propuestas, querido Maestro, hace que vayamos en una especie de fila india, por aquello de que se exponen como salidas de grandes armarios y cajones, en una sala rectangular. D. sigue seria. Intercambia palabras en inglés –por cierto, con un impecable acento gringo– con otra de las chicas. La del bolso Michael Kors azul. De espaldas, ésta y por su melena azabache me recuerda a L.

Una vez leí que los mejores lugares para encontrar mujeres solas, aparte de los templos de oración, que no frecuento, eran los museos. Con el tiempo, o fijándome, me he percatado de que es cierto. A ti, amigo Cristóbal, te venían a tu casa, a que las vistieras; te rendían pleitesía y dejaban acariciar sus cuerpos por las creaciones que tú imaginabas para ellas. Y siguen viniendo, cuarenta años después de tu adiós, a venerar tu trabajo.

La segunda parte de esta exposición es el paso al color; cosa que se agradece. Es como si del invierno pasáramos en el acto y de lleno al verano. D. sigue seria. Observando. ¿Le digo algo en francés?, ¿o mejor en español? Demasiado seria y concentrada. Y demasiado acompañada. Además, puestos a elegir, me quedo con lo que de tu colección personal aquí se muestra, obra tuya y de otros, pero que es exponente sin duda de lo bien hecho, de la calidad manual, de la paciencia, de la maestría. ¡Cobarde!, exclamará alguien. No, no se trata el mío de un acto de cobardía. Se trata del hecho de ser oportuno o no. Admirado Cristóbal, tú que también amaste a las mujeres –aunque en el terreno profesional–, sabes bien de retiradas. La tuya, en 1968, fue de lo más acertada.

3 respuestas a … en la exposición de Balenciaga

  1. Lola G. dijo:

    La mejor retirada de la historia, como bien sabemos querido Abraham: ya que le reprochaban no captar el espíritu del prêt-á-porter dejó las mejores minifaldas de la historia de la moda en gasa y con el vuelo necesario para que las mujeres se pudieran sentar sin inquietarse

    Grand merci par ce joli post

  2. Lady pecas dijo:

    He visto la exposición. Se queda corta con el largo talento de ese Balenciaga vasco y univeral. Cre que hay que ir a Guetaria, a su gran patria chica, a ver en directo ese ratón, que la preside, y que sin duda marco su genialidad….uno de los grandes….y eso que no llevaba mariquitas colgadas como tu D, simplemente era un genio, por si mismo.

  3. Marianne dijo:

    J’adore Balenciaga et je t’adore à toi Abraham !!!

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