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“Si te encuentras solo cuando estas solo, estas en mala compañía.”. Jean Paul Sartre

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Cherchez la femme

… en mi terraza preferida

En un hotel con las mejores vistas de París y sobre mujeres que, por pudor o discreción, se citan con iniciales.

He quedado con A. y D. para tomar una copa en uno de mis lugares favoritos. Hoy hace sol, aunque unas cuantas incómodas nubes parece que quieren aguar la tarde al personal. Ayer contacté al atento Norbert Henrot para que me reservara mesa. Es de esos directores de la vieja escuela. La que era buena, atenta, que no dejaba pasar detalle alguno. Vamos, todo lo contrario al trato común en la hostelería de hoy. La primera vez que descubrí la terraza del Raphaël, fue hace seis años, en el transcurso de un almuerzo un soleado día de junio, con mis compañeras y compañeros de los Villégiature. Aquel día caí prendido. Luego, traje a S., y más tarde a N. –por separado, se entiende– , y tanto la una como la otra quedaron también enamoradas con las vistas, la cantidad de plantas que la decoran –más de cien, si mal no recuerdo– y la atención del personal.

Viniendo hacia al Raphaël, a la altura de la parada de metro Argentine, he despedido a B. Pasamos la noche juntos. Podía haber venido conmigo, a mi terraza favorita, a disfrutar de las vistas y de la compañía de A. y D. No me provocaba mucho la idea, con lo que he preferido despedirme antes de ella. Iba linda y sencilla, como a mí me gustan las mujeres. Sin apenas maquillaje y con la sonrisa y hasta el descaro de la juventud. B. no es de esas que coquetean con mil al mismo tiempo; de esas a las que agradan les halaguen aunque nunca se decidan por ninguno. Ella, B., va al grano, desinhibida en cualquier terreno, como el sexual –¡cuánto me gustan las desinhibidas en ese campo!– Tampoco se parece a L., brasileira que se marchara de París, como dirían en España, a la francesa: sin despedirse.

Antes de llegar a la plaza del Arco del Triunfo, a Étoile, ya he borrado en la agenda virtual de mi mente a un buen número de féminas con las que perdí energías, tiempos y dineros. Y todo por una mujer, y digo mujer y no niña (no me refiero a la interior, que esa es divina), que está viva, que está viviendo y que se asume como mujer. B., a quien no conozco solo de la pasada noche, es una bocanada de aire fresco, de sensualidad hecha carne y feminidad con toque masculino, es decir, esa que nada tiene que ver con el no me mires que me rompo. No es la primera de este tipo con la que me cruzo, aunque siempre le invade a uno esa maravillosa sensación de primera vez. ¿Te vuelvo a ver después?, me ha preguntado mientras bajaba las escaleras de la estación de metro Argentine, con su sonrisa y tras el jugoso beso.

No les he dicho a A. y D. nada de B. Al llegar a la última planta del Raphaël, a su divina terraza, era como si me encontrara en otro universo. Será porque una de las cualidades, precisamente de este lugar, es evadirte de tu realidad –buena o mala–, para acariciar el bienestar de otra dimensión. No se apuren, que sigue siendo una dimensión terrenal! Brindamos entre mojito, cóctel Raphaël y copa de champán con hielo, la del Ice Moët. Trío feliz divisando la torre Eiffel con un ojo y ahuyentando el nubarrón que desearía aguar el momento, con el otro. Lástima que el invierno nos prive de esta maravilla y de las otras maravillas que desde aquí apreciamos. Ya va siendo hora de que descubras, querida B., y antes de que finalice el verano, mi terraza favorita…

2 respuestas a … en mi terraza preferida

  1. jmtame dijo:

    Me gusta la terraza y lo que cuentas!

  2. Tania dijo:

    Tienes toda la razón Abraham, aunque sea hacer publicidad, es un sitio fantástico para pasar las tardes del verano parisino.

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