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Cherchez la femme

… en una pasarela de moda infantil

En la 75 edición de la Feria Internacional de Moda Infantil (FIMI), de Valencia y del reencontrarme con amigos, con colegas…

Hoy viajamos fuera de París. En realidad, yo ya hice ese viaje hace casi un mes, aunque repito la escapada conforme voy pasando a ordenador las notas que tomé entonces. Está bien alejarse de cuando en cuando de la señorita/señorona/señora París, para que surja nuevamente la sorpresa en el reencuentro. En otro lado dejé escrito aquello de que, más que vivir en ella, había que tenerla de amante. Me invitan a la 75 edición de la Feria Internacional de Moda Infantil (FIMI), de Valencia. Voy a reencontrarme con amigos, con colegas… y a dar ese abrazo que no di en París a la buena de Agatha, madrina de la edición, con su colorido cartel.

No es la primera vez que, además de fijarme en las propuestas que desfilan, lo hago en las mujeres que las observan en las primeras filas. Pocas jóvenes. Una pena. Antes de comentar el pase, mi querida L., me presenta a P. Calculo que unos 23. Morena. Pelín rellenita. Luego, al terminar, desaparece. Me hubiera gustado conocerla más. Charlo con R., a mi izquierda. Dinámica. Comienza a trabajar para una revista italiana. Me alegro por ella. Me apena un tanto la edición. Pasarela en la que todo parece valer. Hay calidad, aunque no en todo. Hay coherencia. Y no la hay. Contradicción. Se echan de menos los tiempos de Pepa Ortiz, la madraza de FIMI.

París-Valencia, nombre de una conocida librería de la capital del Turia, así como mi trayecto de ida. Miro atrás: en los últimos diez años hice varias docenas de París-Valencia y Valencia-París. Fue una década el tiempo que participé en el comité de moda de la cita infantil. El único hombre entre cuatro mujeres primero, y cinco después. Conocí buenas épocas, las de una ciudad que no paraba de inaugurar maravillas arquitectónicas. Luego, nos enteraríamos de que muchos de esos inservibles mastodontes los arrastrarían a una colosal deuda. Valencia no es la misma de mi última visita: hace año y medio. Las valencianas tampoco. Las jóvenes son menos jóvenes y las viejas, más viejas.

Me cito con una joven menos joven. Paseo con ella. Tomamos algo. Calor de espanto. Siempre sentí un especial cariño por ella. El cariño ahí está, pero nada más. En el pasado, idealicé en la distancia, me vi viajando con ella, amándola en la intimidad, caminando de la mano… Sí, en la distancia larga, porque en la corta… Nos atraen las ciudades por las gentes especiales que en ellas dejamos, por las experiencias buenas que en ellas experimentamos. Y a veces, podemos sentir lo contrario: la segunda vez que puse los pies en Roma, me invadió el vacío, la desolación: allí residía alguien con quien sí había viajado, a la que sí había amado en la intimidad, con la que sí había caminado de la mano… La dulzura de un pasado que entonces, en aquella visita, se tornaba en amargura: la de un hombre que recordaba con nostalgia los bellos pasajes compartidos, mientras arrastraba el vacío de su soledad.

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