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El hedonista elige

La cita coincide con la Semana del DiseñoCAFe Festival, un pretexto más para ir a Budapest

Música, teatro, danza, circo... Artistas de todo el mundo convierten la capital húngara en el núcleo de la innovación y la vanguardia

A Budapest le ocurre lo mismo que a las supermodelos: su belleza es indiscutible. Por eso cualquier excusa vale para visitar esta ciudad; y una perfecta es el CAFe Budapest Festival.

Esta fiesta del otoño no tiene tanta fama como el Festival de Primavera, pero destaca entre las muchas celebraciones culturales que se regala la capital de Hungría. Durante más de dos semanas, artistas de todo el mundo demuestran que las posibilidades de innovar no se han acabado.

Cada año acuden músicos de todas partes, Italia, Corea, Bélgica, China, Suiza, Alemania, Holanda, Eslovaquia, Japón, Polonia, Francia, Estados Unidos, Israel… con nuevas propuestas. Esta vez, ha sido bajo el espíritu de Béla Bartók, el gran renovador de la música clásica que elevó el folclore húngaro a la categoría que merece. Se cumplen 135 años de su nacimiento.

En el CAFe Budapest Festival todas las fusiones son posibles: conciertos de jazz mezclados con música electrónica, clásica, pop y folk; violinistas tocando hip-hop; dúos de acordeón y chelo; pianistas que aúnan la clásica con el rock progresivo; músicos que fabrican sus propios instrumentos… Hay un impresionante cartel de artistas, unos jóvenes y otros abuelos, con tanta formación convencional como vocación experimental. Durante dos semanas de octubre han cautivado al público con momentos mágicos, emocionantes, grotescos, poéticos, geniales, siempre únicos, llevando a la audiencia de la tensión al divertimento, de la sorpresa a la admiración.

Allí estaba Yann Tiersen, el brillante compositor y multiinstrumentista que se ha hecho famoso solo después de crear la música de la película Amélie, los Yellowjackets, con su jazz fusión, o los Four Bones Quartet, con cuatro prodigiosos trombones.

Y también actuó Hiromi, una japonesa que no solo toca el piano sino que además lo baila (a menudo sobre un pie) y hasta le mete mano en el corazón para tocar sus cuerdas. Es imposible no caer rendido ante su simpatía y encanto, el público la adora desde el primer minuto, y fluctúa del aplauso rabioso a la risa, por su virtuosismo como pianista y por su seductor lenguaje corporal. A la altura musical están el batería y el bajo que la acompañan.

El húngaro es uno de los idiomas más difíciles del mundo. Parece que comparte origen con el finlandés. Dicen que un húngaro borracho podría entenderse con un finlandés, y viceversa, pero nunca se ha dado el caso de que ninguno de los dos haya llegado a beber lo suficiente. Sin embargo, Hiromi soltó unas cuantas frases en húngaro y si el público ya estaba entregado, acabó locamente enamorado.

Más razones para ir

Junto a la música vanguardista, la programación del CAFe va más allá, con esculturas al aire libre, obras de teatro alternativas, danza moderna, exposiciones de pintura y fotografía, un mercado de arte con 500 artistas y galerías de 25 países, fotografía, moda, diseño textil…

Budapest se llena de artistas empeñados en demostrar que se puede ser diferente, y con gente de todas las edades sobre el escenario y también frente a él. La maravilla tiene lugar en diferentes sedes, que incluyen su perfecto palacio de las artes, el Müpa, un edificio con múltiples salas en las que se ve y se oye. Increíble.

La gente de Budapest tiene fama de encontrar el lado amargo en un dulce. Se dice que son pesimistas por naturaleza. Cuesta creerlo, a juzgar por la cantidad de celebraciones que se regalan a lo largo del año. Parte de la culpa de su pesimismo puede atribuirse a Ferenc Erkel y Ferenc Kölcsey compositores de su himno nacional. Los húngaros acostumbran a despedir la Nochevieja cantando una letra que les recuerda lo malo que es el enemigo y lo dura que es la existencia. Así, mientras otros en esa noche soplan matasuegras, es habitual que ellos lloren a lágrima viva. Pero la fama de negativos no se ve por ninguna parte. O si está, quizá sea porque cuando se profundiza en la cultura no se encuentran demasiadas razones para el optimismo. Los húngaros participan activamente de sus festivales, a los que casi siempre acuden en tranvía, metro o autobús. Durante el CAFe Budapest se ven muchas zapatillas de deporte fuera del escenario y también dentro de él. Las entradas van desde nada a una media de 6 €. Aplauden, lo pasan bien, se ríen y piden bises como nadie.

Con festival o sin él

Que haya citas culturales es fabuloso; pero si no las hay, también lo es. Budapest es una de las esquinas del tópico triángulo de oro, junto con Praga y Viena, y su monumental arquitectura no deja de fascinar ni de día ni de noche.

La mayoría de los edificios suntuosos son de 1896, año en que se celebró el milenio de la conquista del territorio y la fundación de su estado. Que Budapest imite a Viena o Viena a París da igual, como escribía Claudio Magris en su hermoso viaje literario El Danubio. Su belleza es abrumadora, y siempre con el río presente que la parte en dos.

Esta ciudad está llena de lugares de los que cuesta separarse, aunque nadie recuerde muy bien si están en Buda o en Pest. Hay que recorrerla, imposible hacerlo a pie, y mejor en autobús y tranvía, para no dejar de mirarla. Imprescindible pararse en sus puentes y hacer una pausa larga cada vez que se cruzan, entrar en los elegantes cafés y tomar un baño relajado en sus legendarios balnearios, como el Gellért o el Rudas. Conviene caminar mirando siempre hacia arriba (cuidado con los bordillos) para disfrutar de las sorpresas de sus edificios de estilo art nouveau, que aquí llamaron szecesszió.

Y cada vez que uno visite Budapest no debería dejar de entrar en la Galería Nacional, concretamente, en la sala de las piezas maestras, con obras de El Greco, Rafael, Tiziano, Giotto, Canaletto, Velázquez, entre otros.

Este CAFe Budapest Festival 2016 acaba de terminar. Ahora toca preparar la maleta para el Festival de Primavera. Nosotros ya estamos reservando.

Algunas direcciones
En las calles de Budapest se oye mucho español, gracias a los vuelos low cost de Ryanair y Wizzair. Es fácil ir.
Pest-Buda, bistró en la zona del castillo, agradable y cálido. También tienen hotel.
Menza, un sitio muy popular en plena zona comercial de Budapest. Se come bien.
Liberté, café y restaurante, a menudo ofrece música clásica en directo. Un sitio bonito, con una carta estupenda y magnífica atención.
Librería y cafetería Alexandra, una joya con historia del art nouveau húngaro, para disfrutar de un buen café.

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La representación de la mujer y el ideal de belleza clásico como hilo conductor de esta exquisita colección de arte. Hasta el 23 de octubre en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. leer

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