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El hedonista elige

Sol Alonso estuvo hace unos meses de voluntaria en MozambiqueVivir con menos es vivir más y mejor

La periodista Sol Alonso vivió 90 días como voluntaria en Mozambique. Nos lo cuenta.

“Acordarse es el verbo portugués que expresa la acción de despertar cada mañana. Es curioso que la lengua de nuestros adorables vecinos peninsulares se trence con la nuestra duplicando el sentido de las palabras. Desde que regresé a España, cuando mis ojos se abren sincronizados con el sonido de una alarma que llamo Sueño cumplido, lo primero que me viene a la cabeza es un recuerdo de mis 90 días viviendo en Mozambique. Los traje en la maleta, en la retina, en la memoria, y en el cajón de los afectos perpetuos.

Aprender portugués con el método de la cotidianeidad es como un juego. Cualquier lugar donde la charla surge, se improvisa una lección. Mis maestros, pacientes porque mi don de lenguas es casi inexistente, han sido muchos mozambiqueños, algún portugués, una brasileña, y varios españoles.

Un apunte: lo que Mozambique aporta a la lusofonía, sin duda es la sonrisa. Palabras encadenadas, palabras reídas.

-Entonces, si brincar, quiere decir jugar, ¿Cómo decís brincar?

Saltar, me explican…

-¡Claro! Brincar es divertido, es como un juego. Saltar también, y en castellano son sinónimos.

El 29 de abril de 2016 parto hacia la ciudad de Maputo en autocar,  acompañada por dos amigos voluntarios españoles y una veintena de gaiatos adolescentes que esa mañana participan en un Certamen de Danzas Africanas en la Facultad de Educación Física. Su actuación coincide con la hora de mi vuelo, Maputo- Addis Abeba- Madrid, el trayecto que liquida los tres meses más felices de mi vida. Un voluntariado en ese país esbelto, que se perfila como un árbol en la cartografía africana. Rentabilizamos el trayecto, y mis penas se disuelven un poco entre un ambiente de excitante ilusión.

Durante 90 días he sido Tía Sol para los 150 muchachos que viven en Casa do Gaiato, un orfanato que lleva un cuarto de siglo funcionando  como la más estructurada de las familias, a pesar de que sus miembros cargan con la mochila cruel de una infancia que amalgama estados de abandono, soledad, orfandad, miseria, violencia, enfermedad, muerte… Gaiato significa, niño de la calle.

Mi trabajo ha consistido en difundir el suyo. Ver, oír, charlar, escribir, conocer las vidas de personas que todo lo agradecen compartiendo hasta lo que no tienen. Mi trabajo ha consistido en visibilizar la magnífica tarea de quienes llevan Casa do Gaiato, y conocer otras vidas, mucho más severas. Las de los habitantes de cinco aldeas cercanas. Lugares donde interviene Fundação Encontro, con un preciso e imprescindible programa de trabajo comunitario basado en la educación para la salud, y la erradicación de la pobreza. Las mujeres y los niños, primero.

Gracias a la generosidad de quienes me han regalado tantos hallazgos, he visto a grandes personas aprender para enseñar, he recibido los besos más amables en calidad y cantidad, he fingido que bailaba Marrabenta, he vestido capulanas, y comido la deliciosa zima. Siendo como soy, poco o nada creyente, me ha aliviado saber que por allí merodea un dios, aconsejando hacer antes el bien que el apostolado. He meditado en sus misas, y ayudado a dormir a los pequeños, coreando con su dulcísimo acento de meninos: ”estaba el Señor Don Gato…!

He visto dos cobras, una viva y otra muerta. He aprendido que allí la luna no miente. Si se encorva para dibujarse en C, es porque está creciendo.

Vuelvo al último día. En el bus, sentada en primera fila entre el conductor y el dulce Agostinho, intento ¿disfrutar? del poco tiempo que me queda en Mozambique. Agostinho es un gaiato ya independizado, que puede permitirse el lujo de devorar todo lo que cocina con esmero, porque por algo es monitor de gimnasia. Sí, también es guapo.

-Agostinho, ¿cómo es posible que aquí se sonría tanto?

-En Moçambique, Tía Sol, quien no sonríe, no sobrevive.

Confieso que escribo cuando Madrid ya contamina mi entusiasmo con los venenos de este lado del planeta. Que noto como escasea en mi sentir el gozo casi cándido que allí teñía de emoción todas mis jornadas. Qué me cuesta calcar a la mujer que disfrutaba allí, viviendo en este lado del mundo.  Qué me vuelve a desbordar lo más superfluo, y cuando comparo los problemas, me consta que aquí parece que solo sobreviven los gruñones.

Entonces, si acordarse significa, despertar. ¿Cómo decís, “me acuerdo” en portugués?

-“Me lembro”. Y en changana, la lengua local del sur de Mozambique, cuando oigas decir, Khumbuka, tradúcelo por, ¡Acuérdate!

No es que añore todo aquello, que también. Es que me echo de menos a mí misma en el sitio donde he sido otra, y muy feliz. ¡Obrigada! ¡Khanimambo! ¡Gracias!

(*) La periodista Sol Alonso aprovechó un parón en su vida laboral para hacer realidad una idea que le rondaba por la cabeza. La  diferencia entre ella y la del resto de las personas a las que ‘una cosa así les ronda por la cabeza’ es la valentía de haberse liado la manta a la cabeza y, a partir de ahí, vivir más consciente y más feliz.  Ahora es voluntaria en Comunicación de Casa do Gaiato y Fundação Encontro. Dos proyectos apoyados desde España por Fundación Mozambique Sur.

Para saber más:
https://fundacionmozambiquesur.org/

https://www.facebook.com/fundacion.mozambique.sur/?fref=ts

https://casadogaiato.wordpress.com/

https://www.facebook.com/casadogaiatomaputo/?fref=ts

https://fundacaoencontro.org/

https://www.facebook.com/fundacaoencontro/?fref=ts

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