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Con Daniel García Pérez-Juana

Coach en salud y especialista en terapia holística defiende la necesidad de tratar al enfermo como un elemento activo –el protagonista- de su propio proceso. Abandonó la atención hospitalaria porque “sentía que llegaba muy tarde al enfermo” para pasar a la atención primaria, como enfermero y fisioterapeuta, y aunarlo con recomendaciones dietéticas, de estilo de vida y tao yin y chi kung. Recibió a El Hedonista en su consulta y luego nos fuimos a tomar un desayuno saludable a Sandwich Mixto, en el Mercado de Antón Martín, Madrid, “con pan de espelta, por favor”.

Fascinado por el enfoque oriental de la salud, ha viajado al Tibet, China, Tailandia… observando y estudiando con auténticos maestros. De ellos ha aprendido que el mejor médico es el que consigue que sus pacientes no enfermen. En España también ha entrado en contacto con médicos y kinesólogos y ha creado la Asociación Española de Tao Yin, junto a otros profesionales.

¿Qué significa ponerse enfermo?
La enfermedad es una voz en alto, una llamada de atención porque no hemos escuchado los susurros anteriores que ha emitido nuestro cuerpo o nuestra alma. Pero llegados a este punto, lo importante no es acallar los síntomas de la enfermedad sino mirar con profundidad y ver qué está pasando en nuestra vida.

 ¿Qué te diría un especialista médico si te oyera?
Diría que no tiene nada que ver y que soy un curandero, pero estudiando casos yo veo que hay que implicar el lado humano de la persona en la salud y en la enfermedad.

¡Uf! Veo al médico poniéndose rojo…
Pues seguiría diciéndole que el paciente en consulta demanda más empatía por parte del sanitario y menos recetas. Necesita que el profesional de la salud se ponga a su lado y no que le mire desde el otro lado de la mesa, encorbatado, en la distancia…

No sé si habláis el mismo idioma…
Pero, fíjate, al mismo tiempo le diría que también es necesario que ayude al enfermo a que tome la responsabilidad de su proceso. Yo, como profesional de la salud le ayudo a ganar capacidades y le doy herramientas pero es él, el afectado, el que tiene que estar dispuesto a actuar. Iremos despacio, por etapas. Yo intentaré motivarle, “cortejarle” para que le apetezca hacer el proceso de parar, mirar y proponerse cambios, pero el protagonista es el paciente. Y esto es difícil con gente desmotivada, cambiar el discurso del “vengo a que me cures” a “dime qué podemos hacer para que esté mejor” es muy difícil, lo sé, pero es el camino.

 ¿Lo ves así en tu consulta?
Sí, sin duda. Podríamos hablar de dos tipos de enfermos, dos tipos de “españas” e incluso dos tipos de mundos. Uno es el de los proactivos que quieren mejorar, hacer cada día un poco mejor las cosas y conseguir que su entorno también mejore. El otro es el de los que viven haciendo lo justo para ir tirando. El caso es que hay que ser compasivos con los segundos y saber que aquí y ahora no pueden más por algún motivo. Pero se les puede empujar a que abran los ojos… La persona que vive más en activo –en psicología se llama tener un locus de control interno- no reacciona ante la vida sino que elige, y elige porque está serena.

Pero a veces hay enfermedades muy importantes…
Porque uno ha estado intentado evitar el aprendizaje desde la conciencia y la vida ha mandado una primera señal previa, una segunda, una tercera… y cuando no tomas medidas ahí es cuando va a más. Siempre cuando uno enferma tiene que parar y mirar qué está pasando, sintiendo mucho el cuerpo, no sólo desde la cabeza.

Es una concepción muy diferente de la enfermedad esa de la que hablas…
Es que es importante mirar la sombra, la angustia y la tensión que cada ser humano llevamos dentro de nosotros, respirarla y darle salida tanto en el cuerpo como en la mente. Y a partir de ahí uno gana serenidad. Y cuando uno gana serenidad se da cuenta de otras cosas y puede elegir. Si uno está en la inercia y reaccionando vive en el purgatorio.

¿Por qué mi médico de cabecera nunca me ha hablado así?
Porque tal y como está planteado el sistema sanitario lo que intenta es curar enfermedades y eso es llegar muy tarde, porque lo ideal es prevenirlas. Ahora todo el capital se dirige hacia la cura no hacia la promoción de la salud. A las personas hay que cuidarlas como se hace con las plantas. Hay que regarlas, aportarle nutrientes y ofrecerles la luz que necesitan sin esperar a que se pongan marrones o amarillas.

Todo eso suena muy oriental
Es que desde la Edad Media sabemos que en Oriente las personas enferman menos y mueren de viejos. Aquí entonces la longevidad era muy baja, de 40-50 años… Pero un médico chino hacía –y hace- un trabajo muy diferente. Toma los pulsos, observa la lengua, pregunta sobre la evacuación y las reglas si se es mujer. Quiere saber si se tiene vitalidad por las mañanas y deseo sexual… Con eso elabora una panorámica y desde ahí evalúa posibles síndromes o lo que podría ser una tendencia hacia ciertas patologías, sin que todavía se observen signos evidentes de enfermedad. Pero ya tiene mucha información que le permite predecir que una persona tiene tendencia hacia una u otra enfermedad si sigue así.

¿Cuál es la patología más frecuente en tu consulta para un perfil de señor o señora de 40 años y que vive en la ciudad?
El estrés (guarda silencio). ¿Formas de vivir el estrés por el que esa persona llega a mis manos? Dolor cervical o de otra zona de la espalda, estreñimiento –más habitual en mujeres-, insomnio, cansancio, apatía, problemas de peso…

Y tú ¿qué intentas hacer con ella?
Lo importante es bajar el ruido, quitar esa sintomatología que aparece cuando una persona tiene estrés físico, psíquico o emocional. El problema es que mucha de la sintomatología que se trata desde la medicina convencional es sólo ruido, síntomas accesorios y no las causas. Yo a esa persona le recomendaría regular su dieta a las necesidades actuales y le equilibraría con acupuntura y biorresonancia. Al quitar tensión en el cuerpo -fascias, articulaciones y columna vertebral- y disminuir su estrés mental y emocional, el paciente nota alivio y a partir de ahí puede empezar a tomar las riendas de su vida. Y después vendría la segunda etapa…

¿Recuerdas algún consejos que te haya dicho uno de los maestros que has tenido?
Más que un consejo es una idea. “La verdadera enfermedad es lo que la persona no sabe de sí misma”. Viene de la sombra, de la ignorancia, del no saber y del sentir “yo soy así y esto no lo voy a cambiar”.

¿Eso lo has aprendido en la formación con el Dr. Carvajal?
Eso y mucho más se aprende en su enfoque: la sintergética. Ver como él y su equipo trabajan es muy interesante. Ellos ven al paciente desde un enfoque holístico que hoy se ha perdido en medicina. Los especialistas saben de su campo pero tenemos que recurrir al internista o al médico de cabecera para tener un enfoque más global. Del enfermo toman una información amplísima que puede ir desde cómo fue su parto a si están contentos con su actual situación laboral. Y a partir de ahí elaboran el plan terapéutico.

¿Hablamos de tratamientos personalizados?
Claro. Por ejemplo según ellos para un enfermo de oncología el tratamiento es como un traje a medida, específico para ese individuo concreto,  algo que no es tan habitual en la medicina alopática, donde te pueden ofrecer “ropa” buena y cara pero no a medida.

La verdad es que entramos en un terreno complicado…
Sí pero hay que saber que están cambiando las cosas.  Ya hay oncólogos que están yendo en esta línea, como el Dr. Alberto Martí Bosch –una de sus últimas conferencias tiene casi un millon de visitas en youtube- o el Dr. Santiago Vilar, un oncólogo radioterapeuta que está abierto a otros enfoques más globales. También está el Dr. Tinao, un internista que ya está llevando todo esto a la práctica con un enfoque médico moderno, la medicina integrativa. El Dr. Tinao ha conseguido, por ejemplo, resolver un caso de una tiroiditis de Hashimoto en el que no había ningún caso publicado con unos resultados tan buenos. Y él con micronutrientes, dieta, biorresonancia y con un enfoque más global lo la hecho.  Los cambios en la medicina van despacio pero están llegando, con la resistencia de un sistema arcaico pero está sucediendo…

– Por curiosidad, ¿cuándo ha sido la última vez que te has puesto enfermo?
La semana pasada (se ríe). Cogí frío y como estoy en un momento de mucha actividad y no presté atención a las señales previas pues… Muy humano.

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