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Con Juan Manuel Martín del Campo

Nació en México pero su interés por las organizaciones sociales y políticas no conoce fronteras.

Tras conseguir la mejor formación en Economía y Comunicación Política en las universidades de San Luis Potosí, Washington, Navarra y Madrid, Juan Manuel Martín del Campo vuelve a su país, México, para participar activamente en política e incentivar la participación. “Pero cuidado –avisa- no hay que ser político para participar en política. Sólo tienes que ser un ciudadano con interés por lo que pasa a tu alrededor ya que las cosas se pueden cambiar desde dentro o desde fuera. No hay que olvidar que la democracia no se consolida hasta que el pueblo no participa activamente”. A sus 36 años se para de interrogarse, con arrojo y mirada crítica, sobre las fórmulas políticas empleadas por las generaciones presentes y pasadas y sobre las novedades que trae el futuro.

Cuenta que aprendió mucho trabajando en una de las empresas del que ha sido el hombre más rico del mundo –un empresario mexicano cuyo patrimonio se cifra en casi 70.000.000.000 $, sí, sí setenta mil millones de dólares-. Esa experiencia le “redireccionó” en su carrera… y, en cierto modo, le cambió “de bando”.

¿Qué pasó?
Empecé a poner en duda algunos principios de este modelo originado tras la Gran Depresión de 1933 en el que aún vivimos. Me dí cuenta de que aunque sobre el papel parece obvio que los mercados van a buscar el equilibrio, esto no se contrasta nunca con la realidad. El sistema capitalista, en su origen, esta planteado para que alguien apueste su dinero y su tiempo en un medio de producción y dé empleo a otros, es decir, para que haya unos que tengan más dinero que otros, y que los segundos “sirvan” a los primeros. Y empecé a investigar sobre aquello que no me contaban en las universidades.

Por ejemplo…
Yo creo en el mercado, pero no en uno que dicta a los seres humanos su historia y su futuro. El dinero no siente, ni piensa, por lo que la economía hay que analizarla desde el humanismo. Porque la tercera vía pasa por el humanismo. Tenemos que estudiar a fondo lo que ha pasado en Islandia, por ejemplo. Los medios de comunicación descubrieron que se había rescatado a un banco en su país y la gente sale a las calles ¡algo completamente atípico allí! De un modo intuitivo lo que los islandeses hicieron fue informarse, crearse una opinión y luego se organizarse.

En ese orden, claro
Claro. Sin embargo, en general, hoy tenemos acceso a mucha información pero no tenemos una opinión formada sobre ella.

Y la información sin opinión…
De nada sirve, como tampoco es válido el proceso inverso, una opinión poco informada. Y también es estéril lo primero y lo segundo sin organización. Lo que pasa es que cuando hay un paro altísimo y la gente está preocupada por si va a comer, ni se plantea opinar ni actuar y debería ser al contrario.

¿Tú qué ves cuando lees el periódico o navegas por internet?
Que todo está cambiando a velocidad de vértigo. Que hoy los gobiernos y los grandes medios de comunicación tienen más posibilidades de controlar el acceso a la información que antes de internet. Pero al mismo tiempo veo que los ciudadanos estamos más empoderados que en el pasado.

Pues tendremos que aprovecharlo…
Podemos, pero debemos estar despiertos porque, por ejemplo, hemos cargado el concepto “éxito”o “bienestar” con connotaciones vanas y superfluas. Ha llegado un momento en el que únicamente estamos interesados en que “yo tenga trabajo”, “yo tenga casa”, “yo tenga colegios de calidad”… y hemos dejado de interesarnos por los derechos colectivos. Tenemos derechos adquiridos pero se nos han olvidado y no los defendemos. Tenemos buenas herramientas de información pero miramos las noticias como si todo fuera anecdótico. Y no es así. Hay que empezar  por recuperar una conciencia social…

¿Teníamos una conciencia social, que buscaba el bien común, y la hemos hipotecado por las “comodidades” individuales?
Sí es que hemos “maldefinido” la palabra éxito. Nos han vendido que el éxito es acumular, nos lo hemos creído y le hemos puesto precio. Y ello ha derivado en que hemos perdido los valores que antes teníamos.

¿Cómo se cambia eso?
Hablando. Es importante que los ciudadanos hablemos, nos reunamos, nos organicemos… y seamos propositivos para llevar el mensaje a los políticos de que no nos representan y que deben devolver el poder al pueblo. Los políticos deben rendir cuentas y, al mismo tiempo, hay que conseguir que se acote el espacio de actuación de esos personajes que en aras de acumular más, siguen moviendo los hilos sin pensar en el bien común.

Tú, que te has pasado los últimos dos años analizando e investigando nuestro perfil sociopolítico, imagina que tienes delante a los 46 millones de españoles o a los 500 europeos. ¿Qué tres o cuatro propuestas te gustaría hacerles llegar?
Veamos. Dejad de pensar sólo en vosotros mismos ¡porque os conviene hacerlo! Exigid a las autoridades, pero yendo más allá de lo anecdótico. Contrastad la información que os llega y no aceptéis sin filtrar lo que os dicen dos o tres grandes grupos editorales. Y la cuarta recomendación, importantísima, sería: empezad a hacer tertulias en casa y preguntad a vuestros hijos ¿y tú que opinas?

Describes una manera de hacer política hogareña y humana que, la verdad, cuesta ponerse en situación.
Es que es a lo hay que tender. Aunque aún no existe ningún país en el que nos podamos mirar a este nivel, empieza a haber expresiones políticas distintas. Yo hablo mucho de Brasil, por ejemplo, donde se vió claro que la democracia participativa se inicia cuando la sociedad empieza a presionar.

Cuéntame qué pasó.
De nada servía tener indicadores macroeconomicos boyantes y presumir de ser la mayor potencia de América Latina cuando se tenían millones de pobres en las calles. La gente protestó, exigió y presionó. Y como es un país con riqueza -con un líder muy particular, en aquellos momentos, es cierto- la hicieron llegar hasta las personas mediante transferencias directas. Crearon “la bolsa de familia” y sacaron a 25 millones de personas de la pobreza y los introdujeron a la clase media.

¿En el mundo hay riqueza para que todos seamos clase media?
Sí, la hay, que nadie nos convenza de lo contrario. Mira hay que buscar esa tercera vía… porque aún no la hemos encontrado pero existe. No sabemos lo que es, pero sí lo que no es este capitalismo feroz. Los que tienen el capital y el poder no quieren que el modelo cambie ni que tengamos una información real, ni que tengamos opinión, ni que nos organicemos… pero podemos hacerlo. Tenemos que volver a conocer al vecino, dedicar tiempo a reflexionar,  salir a la calle…

Así que hay luz al final de túnel…
La hay.  Pero depende de nosotros impulsar el cambio que nos beneficie a todos. Sé que algunos me podrán tachar de idealista pero quiero serlo. Yo creo que las personas que nos rodean, desde el barrendero al cirujano, quieren un mundo mejor. ¡Pues empecemos a construirlo!

2 respuestas a Con Juan Manuel Martín del Campo

  1. ivonne dijo:

    excelente entrevista!!!!!!!!!!!!!

  2. Baruc Montaño dijo:

    Encuentro a Juan Manuel muy maduro y con una visión muy interesante de lo que es la política y sus actores. Muy buena participación y motivación a todos los ciudadanos para movernos y generar todo aquello que hemos anhelado. Felicitaciones!

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